El misterio del mar
Hola,
buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
¡Hoy
es el día de la Santísima Trinidad! Y me gustaría compartir contigo una
anécdota que le sucedió a nuestro Padre san Agustín.
Cuenta
la tradición que san Agustín estaba un día paseando por la orilla del mar,
tratando de entender el misterio de la Trinidad. Llevaba ya semanas en ello, y
cada vez se hacía más jaleo el pobre hombre.
Caminando
y caminando, a lo lejos observó que había un niño. El muchacho había hecho un
agujero en la arena y, con una concha, iba al mar, cogía agua, la derramaba en
el hoyo y, a toda prisa, repetía la operación.
El
santo estuvo observando las veloces carreras del chiquillo hasta que llegó a su
lado. Entonces no pudo resistir la curiosidad.
-¿Qué
estás haciendo? -le preguntó.
-Quiero
meter el mar en este agujero -respondió, muy seguro, el pequeño.
-¿Pero
no te das cuenta de que eso es imposible? -sonrió san Agustín.
Entonces
el niño respondió suavemente:
-Es
lo mismo que estás intentando hacer tú.
Abrumado
por la misteriosa respuesta, Agustín continuó su camino un par de pasos, pero,
inmediatamente se volvió. La enorme playa estaba desierta, sin ninguna
huella... Tan solo quedaba un agujero y una concha, testigos de aquel “juego”
que quiso compartir con él el Niño Jesús.
Nuestro
Dios es un Dios bueno y humilde, que se hace pequeño para llegar hasta
nosotros, pero... ¡no deja de ser Dios, misterio infinito! No nos pide que le
entendamos siempre (¡es imposible meterle en nuestra cabeza!); nos pide que
confiemos siempre, ¡que nos lancemos a entrar cada vez más adentro de este Mar!
Y,
en el día del Gran Misterio, la Iglesia quiere celebrar otro misterio: hoy es
el día de la Vida Contemplativa, el día de los monjes y monjas, de aquellos que
han sido llamados para alejarse de esta orilla, para sumergirse en el Mar. No
hacemos “nada”, ninguna actividad justifica nuestra vida: no tenemos colegios,
ni hospitales... solo tenemos la labor más poderosa y también misteriosa: la
oración.
Queremos
proclamar con nuestra pequeña existencia que el Amor de Jesucristo llena toda
una vida, que Él es el dueño de la Historia y de cada historia.
Hoy
queremos pedirte, como reto del amor, que hagas una oración especial por
nosotras y por todos los monjes y monjas. Ora por nosotros, para que siempre
vivamos buscando el rostro de Dios y seamos el corazón orante, palpitante y
enamorado que necesita y sueña la Iglesia. ¡¡Gracias, querido retero!! ¡Feliz
día!
VIVE
DE CRISTO
Pd:
Aquí te compartimos la oración que ha propuesto la Conferencia Episcopal
Española para rezar hoy por la Vida Contemplativa.
Oh,
Dios, Padre nuestro del cielo,
que has puesto en nuestro corazón el deseo de buscarte,
no escondas tu rostro
a quienes manifestaste tu gloria
en el rostro de Cristo;
y haz que quienes has llamado al claustro
para buscar a tu Hijo en su propio corazón
y descubrirse ellos mismos en el corazón de Cristo,
le miren siempre y solo a Él.
Concédeles el Espíritu de la santificación,
para que, limpios de corazón y ardientes en caridad,
puedan contemplarte un día cara a cara
cuando tú sacies el deseo de sus corazones.
que has puesto en nuestro corazón el deseo de buscarte,
no escondas tu rostro
a quienes manifestaste tu gloria
en el rostro de Cristo;
y haz que quienes has llamado al claustro
para buscar a tu Hijo en su propio corazón
y descubrirse ellos mismos en el corazón de Cristo,
le miren siempre y solo a Él.
Concédeles el Espíritu de la santificación,
para que, limpios de corazón y ardientes en caridad,
puedan contemplarte un día cara a cara
cuando tú sacies el deseo de sus corazones.
Amén.
Fuente:
Dominicas de Lerma
