Los niños
nacidos tras una fecundación in vitro y una gestación
subrogada tienen el triple de probabilidades de ser prematuros y tener bajo
peso
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| Foto: REUTERS/Jorge Silva |
El
riesgo de diabetes gestacional y placenta previa se multiplica incluso más, en
comparación con los embarazos naturales de las mismas mujeres.
No es lo mismo gestar a tu
propio hijo, concebido de forma natural, que a un bebé concebido de forma
artificial y que será entregado a otras personas después de nacer. Esta
afirmación, que parece obvia, ahora cuenta con respaldo científico.
Los niños nacidos tras una
fecundación in vitro y una gestación subrogada tienen el
triple de probabilidades de ser prematuros y tener bajo peso. El riesgo de
diabetes gestacional y placenta previa se multiplica incluso más, en
comparación con los embarazos naturales de las mismas mujeres. Así lo afirma un
artículo publicado en diciembre en Fertility and Sterility, una de
las revistas científicas con más impacto –sexta en un ranking internacional de
50– en el ámbito de la ginecología y la obstetricia.
Los autores, encabezados
por Irene Woo, trabajan en California, uno de los paraísos de la gestación
subrogada. El estudio se ha realizado con 124 mujeres que fueron gestantes
subrogadas entre 1995 y 2010 para dos grandes agencias de este estado, y
también en el centro de fertilidad de la Universidad del Sur de California.
Todas estas mujeres se sometieron a una fecundación in vitro para
luego gestar el embrión y entregarlo.
El equipo de investigadores
ha comparado estos embarazos con todos los embarazos previos de las mujeres en
los que el fecundación se produjo de forma natural. Estas gestaciones previas
funcionaron como grupo de control. En total, se analizaron 494 embarazados, 312
naturales y 182 subrogados.
Un tercio de embarazos
gemelares
La primera diferencia entre
unos y otros es que, probablemente debido a la práctica de introducir en la
mujer más de un embrión, un tercio (32 %) de los embarazos por subrogación
fueron gemelares. Esto está asociado a complicaciones como una mayor
prematuridad y un menor peso de los bebés al nacer.
Estos datos se excluyeron
en el resto del estudio, que se centró en los 352 partos únicos de los cuales
estaba disponible toda la información. Aun así, la gestación subrogada sale
perdiendo en la comparación.
Las gestaciones subrogadas
tuvieron como resultado el triple de complicaciones como parto prematuro (un
10,7 % frente al 3,1 % de los embarazos naturales) o bajo peso al nacer (7,8 %
frente al 2,4 %). Los niños fruto de la combinación de FIV y subrogación
nacieron como media en la semana 38,8 con 3,436 kilos, frente a los bebés
concebidos de forma normal, que nacieron de media en la semana 39,7 con 3,541
kilos.
La prematuridad y el bajo
peso al nacer no fueron las únicas complicaciones que se dieron con más
frecuencia en los casos de subrogación. Llama la atención, por ejemplo, la
prevalencia de diabetes gestacional (6,8 % frente al 1,2 %, más de cinco veces
más) y de placenta previa (4,9 % frente al 1,2 %, cuatro veces más). En menor
proporción, en las gestaciones subrogadas también se multiplicaron los casos de
hipertensión (6,8 % frente al 2,81 %).
Más cesáreas y antibióticos
Por último, el tipo de
concepción y de embarazo también influyó en el momento del parto. Las gestantes
por subrogación sufrieron más del doble de cesáreas, un 19 % frente al 8,7 % de
las demás. Activistas contrarios a la gestación subrogada han denunciado que en
muchos casos la cesáreas son la opción preferida para el parto –ignorando las
recomendaciones de la OMS– para intentar impedir la formación del vínculo entre
la gestante y el bebé.
También fueron más los
casos en los que se necesitó aplicar antibióticos durante el parto (6,2 %
frente al 0,5 %) o una cesárea de emergencia (3,5 % frente al 2,8 %).
La clave, la epigenética
Los autores del estudio
atribuyen estos resultados sobre todo a «la teoría de que los procesos
implicados en las técnicas de reproducción asistida podrían tener efectos
adversos en el desarrollo del feto. La preocupación sobre este potencial
impacto no es nueva», reconocen.
Es más, «las pruebas
también sugieren que las técnicas de reproducción asistida tienen un efecto en
la epigenética y la expresión de los genes». Aunque la información contenida en
los genes no cambia, se ha demostrado que algunos pueden activarse o desactivarse por
influencia del entorno. La epigenética es la especialidad que estudia estos
mecanismos.
Miriam Al Adib, experta en
epigenética del embarazo, ha explicado recientemente en una entrevista a Stop
Vientres de Alquiler que al bebé no le afectan solo las condiciones en las que
se produce su concepción. Por ejemplo, si una madre no recibe los suficientes
nutrientes durante el embarazo, su bebe se adapta con un metabolismo ahorrador
que puede hacerlo propenso más adelante a la obesidad.
El estrés programa al
bebé
Otro factor que puede
influir en el futuro bienestar del bebé es el estrés materno durante el
embarazo. Es posible que, por ello, su bebé quede programado para
manejar peor estas situaciones, y también tenga otras complicaciones
inmunológicas, cardiovasculares o metabólicas.
«Simplemente el hecho de
nacer por cesárea –explica Al Adib–, que implica no haber pasado todo el
proceso neuroendocrino que conlleva el parto, modifica epigenéticamente más de
350 regiones del ADN [del bebé], incluidos genes relacionados con la respuesta
inmunológica y el metabolismo. Esto explicaría por qué hay mayor incidencia de
enfermedades como asma, celiaquía, obesidad, diabetes… en las personas nacidas
por cesárea». Un daño colateral –añade– que hay veces que hay que asumir para
proteger al bebé o la madre de algo peor, que no se debería infligir
gratuitamente.
María Martínez López
Fuente: Alfa y Omega
