El amor siempre se repite
y siempre es nuevo
Hola,
buenos días, hoy Matilde nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Estamos
en la primera semana de la Pascua de Resurrección y desde el sábado por la
noche, en la Vigilia Pascual, estamos oyendo de continuo en la Liturgia:
“¡Aleluya, aleluya!”.
Es
un grito festivo y de enorme alegría. Suponemos que muchos de vosotros sabéis
que significa ‘¡Alabad al Señor!’.
Pues
este grito cada vez lo cantamos y entonamos con acentos nuevos, que nos
encienden el corazón en amar más a Jesús y en estarle infinitamente
agradecidas.
¡No
es para menos, porque Jesús, Nuestro Señor, ha vencido a la muerte con su
Resurrección y en ella hemos sido devueltos a la vida de Dios!
Todos
los años lo celebramos, pero siempre nos parece nuevo, y es que el que ama, se
repite siempre ante la persona amada en palabras y expresiones, pero no en los
sentimientos del corazón. Porque cada año Jesús nos permite y nos regala amarle
más y sentir que su amor nos renueva el amor. Y parece como que su gracia nos
fuera abriendo cada vez más el entendimiento para comprender algo de su
Misterio Pascual… ¡Así es!
Y
todo esto se da porque, como María Magdalena, “buscamos al Señor para saber
dónde lo han puesto”. ¡Y nos llama por nuestro nombre a cada uno!
Durante
esta primera semana, en la Liturgia, por la mañana y por la tarde, en las
Laudes y las Vísperas, cantamos los mismos salmos y antífonas… ¡y cada día nos
parecen nuevos, con un nuevo peso de amor y gratitud a Jesús Resucitado!
Muchas
veces he pensado en la oración que, si Jesús no se cansa de darnos su amor, no
digo cada día, sino cada instante, tampoco se cansa de oírnos decir que le
amamos y que le agradecemos todo lo que nos quiere y ha hecho por nosotros.
Somos nosotros los que más frecuentemente nos cansamos de decírselo y de
confesarle nuestro amor…
Hoy
el reto del amor es que te acerques a Jesús Resucitado y le des gracias, le
alabes y le bendigas porque ha muerto y sufrido por amor a ti y te ha entregado
todo su amor efectivo en la Resurrección. Porque su triunfo sobre el pecado y
la muerte es nuestro mismo triunfo y gloria. ¡Agradezcamos y velemos en el amor
y en el Aleluya de la Pascua!
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
