Mantequilla de Soria
Hola,
buenos días, hoy Lety nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Muchas
veces he usado la expresión “Eres como la mantequilla de Soria.” Con ello
quería decir que esa persona es una blandengue, pero es curioso, porque nunca
había probado la mantequilla de Soria, tan solo me estaba fiando de esa
expresión popular.
Para
mí, la buena mantequilla es un bloque de color amarillo, duro, que cuesta
untarlo un montón. Sin embargo, esta Pascua, una amiga que había estado pasando
la Semana Santa en Soria, nos ha regalado dos paquetes de mantequilla dulce de
Soria. Estos días la han puesto para desayunar y... ¡qué sorpresa!
Es
verdad que es muy blanda, ¡se desmigaja con sólo mirarla!, y hay que tratarla
con un cuidado y una delicadeza para que acabe en el pan... En eso he entendido
mucho mejor el dicho, sí, pero lo que me ha sorprendido es lo dulce y suave que
está, es diferente, se deja saborear.
Cuántas
veces he usado esta expresión de forma negativa, sólo quedándome en lo
blandengue y, por no haberla probarlo nunca, no había descubierto todo lo bueno
que tiene.
En
la oración me daba cuenta de que esto me pasa con las personas: a veces
presentan una cara dura o cortante, y ya no se qué hacer ni por dónde entrar
para llegar a su corazón. Qué fácil es quedarse con la primera impresión, lo
que se ve a simple vista.
Pero
entonces Jesús me mostró cómo Él, al elegir a sus discípulos, los eligió de
todo tipo, desde “hijos del trueno...” hasta alguno que era “mantequilla de
Soria”. Y, cuando vivía con ellos, les sacaba todo lo bueno que tenían. Y a
esto Jesús nos invita en su Evangelio: a mirar más allá de las apariencias o de
lo que escuchamos de oídas.
Hoy
el reto del amor es darte cuenta de alguna expresión que repitas mucho. ¿Sabes
cuál es su origen? Búscalo, y luego busca la parte buena de la persona a quien
aplicas esa expresión. Utiliza hoy una expresión de bendición con los que te
encuentres.
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
