A la hija de la periodista católica francesa
Anne-Dauphine Julliand le diagnosticaron una enfermedad incurable justo el día
de su segundo cumpleaños
Poco
tiempo después, murió. La misma enfermedad también se ha llevado recientemente
la vida de su hija Azylis, de 11 años. «Nunca hubiera podido decir que iba a
ser feliz, pero hoy soy feliz de verdad», aseguró este martes en una entrevista
en TVE. Su secreto: «el amor», que «siempre gana al dolor».
Thaïs
tenía poco más de un año de vida cuando empezó a tener síntomas de una
enfermedad degenerativa. La pequeña comenzó a caerse con más frecuencia de lo
habitual hasta que un día dejó de poder andar. Tras la movilidad, también
perdió la vista, el oído, la vista, e incluso el olfato.
Justo el día de su
segundo cumpleaños le diagnosticaron leucodistrofia metacromática y le dieron
una corta esperanza de vida. «Se suponía que tenía que ser un día feliz y fue
totalmente horrible. Llorábamos sin parar, estábamos muy perdidos», confesó su
madre, Anne-Dauphine Julliand, en una entrevista este martes en La 1 de
Televisión Española.
«Ese
mismo día le dijimos a nuestro hijo mayor, que Thaïs estaba muy enferma. Se
puso a llorar. Estaba muy triste, pero de pronto secó sus lágrimas y nos dijo:
“Vamos a festejar el cumpleaños de Thaïs”. Nosotros le dijimos que no, que a
partir de ahora nos iba a ser muy difícil dejar de estar tristes. Él insistió,
nos dijo que su hermana estaba viva, que estaba ahí y que era su cumpleaños».
Para el matrimonio esta frase fue vital en sus vidas. «Fue como una invitación
que nos ha cambiado la vida. “Hace 10 minutos estábamos tristes pero ahora
podemos ser felices. La vida se vive un momento después del otro”». Ese día
decidieron que ante la enfermedad incurable de su hija no se iban a centrar en
llorar sino en amar.
Thaïs
terminó muriendo con tres años y, tras su pérdida, Anne-Dauphine Julliand
escribió el libro Llenaré tus días de vida en el que cuenta la «batalla diaria
por llenar de vida los días cuando ya no se pueden añadir más días a la vida».
Tras
este primer mazazo, llegó un segundo. Su hija Azylis también perdió
recientemente la vida, con 11 años, por culpa de la misma enfermedad. Sin
embargo, esta periodista parisina católica ha decidido sobreponerse al dolor
por la muerte de sus dos hijas y vivir feliz. Lo hace para honrar la memoria de
Thaïs y Azylis y por sus otros dos hijos que todavía siguen con vida. «Nunca
hubiera podido decir que iba a ser feliz, pero soy feliz de verdad», aseguró en
el programa Hora Punta.
La
receta de Julliand es el amor, que «siempre gana al dolor. He tomado la
decisión de sonreír», de ser feliz. Y esto es posible incluso en medio del
sufrimiento. A ello le ha ayudado también su fe católica, aunque ella misma ha
explicado en diversas ocasiones que creer en Dios no le evita el sufrimiento
pero sí ilumina su camino.
Antes
de concluir la entrevista, la periodista explicó lo que ha aprendido de aquel
duro trance: «Me ha enseñado el sufrimiento. Antes nunca había sufrido, yo
tenía una vida muy privilegiada. He sufrido y voy a sufrir toda la vida. Pero
ahora ya sé que se puede sufrir y ser feliz a la vez. Parece increíble pero es
posible porque la felicidad no solo depende de las circunstancias de la vida,
la felicidad no es una emoción, es algo que hay dentro de nosotros. Ya sé que
mis hijas murieron pequeñas, pero fueron felices y por eso estoy feliz. Ya he
hecho lo que tenía que hacer como madre [que es procurar la felicidad de mis
hijos]».
Ganar
al viento
Además
de para contar su historia, la periodista acudió al programa de Javier Cárdenas
para presentar su documental Ganar al viento. La cinta está protagonizada
por cinco niños –Imad, Amber, Charles, Camille y Tugdual–, todos ellos
diagnosticados con enfermedades graves, y profundiza en la capacidad de
superación y de felicidad.
No
es la primera visita de Anne-Dauphine a España. Hasta en tres ocasiones ha
estado en nuestro país para participar en el congreso Lo que de verdad
importa, que trata de promover el desarrollo y la difusión de los valores
humanos, éticos y morales universales al público en general. «Un día el médico
me dijo que como Thaïs iba a perder todas sus facultades, al final de su vida
mi hija solo tendrá un corazón latiendo. Sí, el médico tenía razón. Al final de
su vida, Thaïs solo era un corazón latiendo, y un corazón latiendo no es nada
más que amor. Al final de su vida mi hija estaba ciega, muda, sorda, paralítica
y solo era amor», explicó en el congreso de 2012.
José Calderero de Aldecoa
Fuente: Alfa y Omega
