Amoldándose a la vida
Hola,
buenos días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
El
otro día nos regalaron unos moldes muy originales para hacer bizcochos. Cada
uno de ellos era un símbolo cristiano: una cruz, un cordero, un nacimiento...
Nos
pareció una idea estupenda porque, si ya sabe bueno un bizcocho casero, seguro
que sorprende más y te lo comes con más gusto si tiene una forma llena de
sentido.
Esto
de los moldes me parece una cosa genial: pensar que tú echas la mezcla del
bizcocho sobre el molde, ella sola se extiende por cada esquina, por cada
rincón, y una vez horneado... ¡todo ha tomado una forma nueva!
Me
daba cuenta de que la masa no se rebela a cada recoveco del molde, sino que se
apega a él, recorre cada entrada y salida: se deja amoldar.
Pero,
¿y nosotros? ¿Nos dejamos amoldar por la vida? Cada día nos suceden circunstancias,
nos encontramos con personas, con acontecimientos... que son como esos
recovecos del molde. Sin embargo, hemos de reconocer que, si podemos,
intentamos escabullirnos, pasar de puntillas sin adentrarnos de lleno en qué
nos quiere decir el Señor con aquello que nos sucede.
Y
es que todo lo que vivimos forma parte de una historia de salvación que va
conduciendo nuestra vida para formarnos, para hacer de nosotros una imagen
hecha con el molde de Cristo.
Él
es nuestro molde, Él es a quien nos tenemos que apegar para vivir cada nuevo
día, para que así el resultado final siempre sea como el bizcocho, que toma una
forma nueva.
Hoy
el reto del amor es dejar al Señor hablarte por medio de las circunstancias.
Descubre que, ante lo que estés viviendo, siempre está su Presencia viva para
sostenerte, para protegerte, para llenarte de paz. No tengas miedo a amoldarte,
y descubre que, con Él, siempre tendrás vida.
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
