Discurso del Papa a los
niños acogidos en el Hogar
“Los
necesitamos auténticos, jóvenes orgullosos de pertenecer a los pueblos
amazónicos y que aportan a la humanidad una alternativa de vida verdadera”, así
se dirigió el Papa Francisco a los niños del Hogar de acogida ‘El Principito’,
en Puerto Maldonado, a quienes llamó “estrellitas que iluminan en la noche”.
“El
mundo los necesita a ustedes, jóvenes de los pueblos originarios, y los
necesita tal y como son”, les alentó el Papa. “¡No se conformen con ser el
vagón de cola de la sociedad, enganchados y dejándose llevar! Los necesitamos
como motor, empujando”.
Asimismo,
Francisco animó a los niños amazónicos: “Escuchen a sus abuelos, valoren sus
tradiciones, no frenen su curiosidad. Busquen sus raíces y, a la vez, abran los
ojos a lo novedoso, sí… y hagan su propia síntesis. Devuélvannos al mundo lo
que aprenden porque el mundo los necesita originales, como realmente son, no
como imitaciones”.
Esta
mañana, 19 de enero de 2018, a las 12:15 horas (18:15 h. en Roma), daban la
bienvenida al Papa Francisco unos cientos de personas entre los niños
invitados, jóvenes y operadores de la asociación que gestiona la instalación de
recepción.
El
Hogar ‘El Principito’ acoge a niños y adolescentes abandonados. La Fundación
‘APRONIA’, que dirige el Hogar, es un conjunto de servicios dedicados a la
infancia y a la adolescencia con una acogida las 24 horas, todos los días del
año. El hogar ofrece alrededor de 30 puestos para niños y jóvenes, desde los 4
años de edad Los jóvenes se quedan hasta que pueden empezar una vida independiente.
Después
de que los niños interpretaran unas canciones al Santo Padre, el Director del
Hogar ‘El Principito’ saludó al Papa y a continuación, un grupo de chicos
bailaron una coreografía realizada, y la joven Dirsey, criada en este Hogar
ofreció su testimonio, y el Papa les ofreció unas palabras.
“¡Qué
testimonio tan bueno el de ustedes jóvenes que han transitado por este camino,
que ayer se llenaron de amor en esta casa y hoy han podido formar su propio
futuro!”, expresó el Pontífice. “Quiero darles las gracias por su testimonio.
Gracias por ser luz de esperanza para todos nosotros”.
El
Papa se mostró alegre por ver que estos niños y niñas tienen un hogar donde son
acogidos, donde con cariño y amistad los ayudan a descubrir que Dios les tiende
las manos y les pone sueños en el corazón.
Sigue el discurso del Papa
Francisco en el Hogar ‘El Principito’, en Puerto Maldonado.
Discurso del Papa
Francisco
Queridos
hermanos y hermanas, queridos niños y niñas:
Muchas
gracias por este bonito recibimiento y por las palabras de bienvenida. Verlos
bailar me llena de alegría.
No
podía marcharme de Puerto Maldonado sin venir a visitarlos. Han querido
reunirse de diferentes albergues en este lindo Hogar El Principito. Gracias por
los esfuerzos que han realizado para poder estar hoy aquí.
Acabamos
de celebrar la Navidad. Se nos enterneció el corazón con la imagen
del Niño Jesús. Él es nuestro tesoro, y ustedes niños son su reflejo, y
también son nuestro tesoro, el de todos nosotros, el tesoro más preciado que
tenemos que cuidar. Perdonen las veces que los mayores no lo hacemos o que no
les damos la importancia que se merecen. Sus miradas, sus vidas siempre exigen
un mayor compromiso y trabajo para no volvernos ciegos o indiferentes ante
tantos otros niños que sufren y pasan necesidad. Ustedes, sin lugar a dudas,
son el tesoro más preciado que debemos cuidar.
Queridos
niños del Hogar ‘El Principito’ y jóvenes de los otros hogares de acogida. Sé
que algunos de ustedes a veces están tristes por la noche. Sé que echan de menos
al papá o la mamá que no está, y sé también que hay heridas que duelen mucho.
Dirsey, vos fuiste valiente y nos lo compartiste. Y me decías «que mi mensaje
sea una luz de esperanza». Pero déjame decirte algo: tu vida, tus palabras y la
de ustedes son una luz de esperanza. Quiero darles las gracias por su
testimonio. Gracias por ser luz de esperanza para todos nosotros.
Me
alegra ver que tienen un hogar donde son acogidos, donde con cariño y amistad
los ayudan a descubrir que Dios les tiende las manos y les pone sueños en el
corazón.
¡Qué
testimonio tan bueno el de ustedes jóvenes que han transitado por este camino,
que ayer se llenaron de amor en esta casa y hoy han podido formar su propio
futuro! Ustedes son para todos nosotros la señal de las inmensas potencialidades
que tiene cada persona. Para estos niños y niñas son el mejor ejemplo a seguir,
la esperanza de que ellos también podrán. Todos necesitamos modelos a seguir;
los niños necesitan mirar para adelante y encontrar modelos positivos: «Quiero
ser como él o como ella», sienten y dicen. Todo lo que ustedes jóvenes puedan
hacer, como venir a estar con ellos, a jugar, a pasar el tiempo es importante.
Sean para ellos, como decía el Principito, las estrellitas que iluminan en la
noche [1].
Algunos
de ustedes, jóvenes que nos acompañan, proceden de las comunidades nativas. Con
tristeza ven la destrucción de los bosques. Sus abuelos les enseñaron a
descubrirlos, en ellos encontraban sus alimentos y la medicina que los sanaba.
Hoy son devastados por el vértigo de un progreso mal entendido. Los ríos que
acogieron sus juegos y les regalaron comida hoy están enlodados, contaminados,
muertos. Jóvenes, no se conformen con lo que está pasando. No renuncien al
legado de sus abuelos, no renuncien a su vida ni a sus sueños. Me gustaría
estimularlos a que estudien; prepárense, aprovechen la oportunidad que tienen
para formarse. El mundo los necesita a ustedes, jóvenes de los pueblos
originarios, y los necesita tal y como son. ¡No se conformen con ser el vagón
de cola de la sociedad, enganchados y dejándose llevar! Los necesitamos como
motor, empujando.
Escuchen
a sus abuelos, valoren sus tradiciones, no frenen su curiosidad. Busquen sus
raíces y, a la vez, abran los ojos a lo novedoso, sí… y hagan su propia
síntesis. Devuélvannos al mundo lo que aprenden porque el mundo los necesita
originales, como realmente son, no como imitaciones. Los necesitamos
auténticos, jóvenes orgullosos de pertenecer a los pueblos amazónicos y que
aportan a la humanidad una alternativa de vida verdadera. Amigos, nuestras
sociedades tantas veces, necesitan corregir el rumbo y ustedes, los jóvenes de
los pueblos originarios —estoy seguro—, pueden ayudar muchísimo con este reto,
sobre todo enseñándonos un estilo de vida que se base en el cuidado y no en la
destrucción de todo aquello que se oponga a nuestra avaricia.
Quiero
agradecer al padre Xavier, a los religiosos y religiosas, misioneras laicas que
hacen una labor fabulosa y a todos los benefactores que conforman esta familia.
A los voluntarios que regalan su tiempo gratuito que es como bálsamo
refrescante en las heridas. También agradecer a quienes fortalecen a estos
jóvenes en sus identidades amazónicas y los ayudan a forjar un futuro mejor
para sus comunidades y para todo el planeta.
Niños,
pidamos a Dios que nos dé la bendición.
Que
el Señor tenga piedad y los bendiga, ilumine su rostro sobre ustedes, que el
Señor tenga piedad y misericordia y los colme con toda clase de favores, en el
nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén (cf. Nm 6,24-26; Sal 66;
Bendición del Tiempo Ordinario).
Les
pido un favor, que recen por mí y gracias por ser las estrellitas que
iluminan en la noche.
[1] Cf. Antoine de Saint-Exupéry, XXIV; XXVI.
©
Librería Editorial Vaticano
Fuente:
Zenit
