Un amor que se puede
abrazar
Hola,
buenos días, hoy Lety nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Ya
están llegando los primeros anuncios de turrones, de cestas de navidad,
comienzan a llegar las felicitaciones...
Mi
celda da a una calle del pueblo, y, a través de la ventana, entra el reflejo de
las luces de la calle, en concreto, de una enorme estrella que cruza de acera a
acera. También de vez en cuando se pueden oír villancicos a tope, en los coches
o en algún puestecillo de la plaza.
Se
nota que todo el mundo va entrando ya en la Navidad. Pero, ¿qué vive cada uno?
¿Cuántos saben realmente qué sucede estos días?
Es
fácil ver cómo se vive este tiempo de Adviento en la calle, pero, seguro que te
estás preguntando cómo se vive en un convento...
A
día de hoy, 11 de diciembre, en el monasterio reina el silencio. Los
villancicos, los belenes, las luces... todo esto permanece todavía en sus
cajas, esperando; al igual que los turrones y demás dulces, que aún no han
aparecido. Los unos y los otros tardarán varios días en hacer acto de
presencia. El clima que hay es de silencio, de espera, de acogida....
El
otro día, en clase, quise tratar con las novicias el significado del Adviento.
El tema se titulaba “La esperanza no defrauda”, y en él se profundiza en la
esperanza tan fuerte que se vive en este tiempo.
Al
empezar la clase, siempre me gusta hacer alguna pregunta, porque... ¿qué
esperan ellas en este tiempo? ¿Esperan algo o a alguien?
Cuando
una persona que te quiere te ha dicho que viene, no te importa esperar, porque
sabes que llegará.
Si
la importancia de esta Navidad la centras en las fiestas, en las comidas
familiares, en los regalos... te aseguro que se te va a quedar muy pobre. Este
misterio es muchísimo más: es todo un Dios que te ama y se hace hombre.
Lo
importante de este tiempo es descubrir que Cristo viene a amarnos. Dicen que el
amor ama a su semejante, “y, si no lo encuentra... se lo hace”. Pues Cristo se
ha hecho semejante a nosotros para amarnos, para que podamos amarLe.
Y
si dicen que sólo se ama lo que se puede abrazar, a Él se le puede abrazar, Él
te puede abrazar. Te ama con corazón humano, con amor humano... y amor divino.
Un amor que no asusta, porque se hace pequeño, y un amor que eleva, porque es
infinitamente grande.
Cristo,
en su encarnación, hace posible el amor, te regala formar parte de su familia,
de su misma carne y sangre.
Hoy
el reto del amor es orar un rato y ver cómo estás viviendo este tiempo, dónde
estás poniendo tu corazón: ¿en el turrón, en las cenas, en la familia... o en
Cristo? Haz un mensaje y mándalo a tres personas; en él, escribe sentido que
tienen estos días para ti.
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
