Renuevo a la comunidad
internacional un apremiante llamamiento a comprometer todo esfuerzo posible
para favorecer la paz, en particular en Oriente Medio
Al
final del rezo del Ángelus el Papa Francisco volvió a referirse a la Jornada
Mundial de los Pobres y a sus múltiples iniciativas en Roma y en las diócesis
de todo el mundo. “Que los pobres estén en el centro de nuestras comunidades no
solo en momentos como este, sino siempre; porque ellos están en el corazón del
Evangelio, en ellos encontramos a Jesús que nos habla y nos interpela a través
de sus sufrimientos y sus necesidades”, auguró, recordando especialmente a las
poblaciones que viven una dolorosa pobreza a causa de la guerra y de los
conflictos.
Con
este motivo el Papa renovó a la comunidad internacional un apremiante
llamamiento “a comprometer todo esfuerzo posible” para favorecer la paz, en
particular en Oriente Medio. Francisco dirigió un pensamiento especial al
“querido pueblo libanés” y sus oraciones por la estabilidad de ese País, “para
que -aseguró- pueda continuar siendo un ‘mensaje’ de respeto y
convivencia para toda la Región y para el mundo entero”.
En
sus palabras el Papa recordó también la reciente beatificación en Detroit del
capuchino Francisco Solano, a la tripulación del submarino militar argentino,
por la cual elevó sus oraciones, y la Jornada del recuerdo por las víctimas de
accidentes de tráfico. El Obispo de Roma alentó “a la prudencia y al respeto de
las reglas”.
Finalmente
Francisco saludó a los numerosos fieles y peregrinos de Italia y de todo el
mundo, especialmente a los de la República Dominicana, y a la comunidad
ecuatoriana residente en Roma, que está festejando a la Virgen de El Quinche.
Palabras del Papa después
del Ángelus
Queridos
hermanos y hermanas,
ayer,
en Detroit, Estados Unidos de América, ha sido proclamado Beato Francisco
Solano, sacerdote de los Frailes Menores Capuchinos. Humilde y fiel discípulo
de Cristo, se distinguió por un incansable servicio a los pobres. Su testimonio
ayude a sacerdotes, religiosos y laicos a vivir con alegría el lazo entre
anuncio del Evangelio y amor a los pobres.
Es
lo que hemos querido recordar con la Jornada Mundial de los Pobres de hoy, que
en Roma y en las diócesis del mundo se expresa en muchas iniciativas de oración
y de compartir. Auspicio que los pobres estén en el centro de nuestras
comunidades no solo en momentos como este, sino siempre; porque ellos están en
el corazón del Evangelio, en ellos encontramos a Jesús que nos habla nos
interpela a través de sus sufrimientos y sus necesidades.
Quiero
hoy recordar de manera particular a las poblaciones que viven una dolorosa
pobreza a causa de la guerra y de los conflictos. Por eso renuevo a la
comunidad internacional un apremiante llamamiento a comprometer todo esfuerzo
posible para favorecer la paz, en particular en Oriente Medio. Dirijo un
pensamiento especial al querido pueblo libanés y rezo por la estabilidad del
País, para que pueda continuar siendo un “mensaje” de respeto y convivencia
para toda la Región y para el mundo entero.
Rezo
también por la tripulación del submarino militar argentino con el que se ha
perdido contacto.
Hoy
recurre también el Día mundial en recuerdo de las víctimas de accidentes de
tráfico, instituida por la ONU. Aliento a las instituciones públicas en el
compromiso de la prevención, y exhorto a los automovilistas a la prudencia y al
respeto de las reglas, como primera forma de tutela de sí mismos y de los
demás.
Saludo
a todos ustedes, familias, parroquias, asociaciones y fieles individuales, que
han venido de Italia y de tantas partes del mundo. En particular, saludo a los
peregrinos de la República Dominicana; a los participantes en la carrera de
solidaridad de Košice (Eslovaquia) en Roma; y a la comunidad ecuatoriana
residente en Roma, que festeja a la Virgen de El Quinche. Saludo a las
fraternidades de la Orden seglar Trinitaria Italiana, a los fieles de
Civitanova Marche, Sanzeno, Termoli, Capua y Nola, y a los jóvenes confirmandos
de Mestrino (Padua).
Deseo
a todos un buen domingo. Y por favor, no se olviden de rezar por mí. Buen
almuerzo y ¡hasta la vista!
Raúl
Cabrera - SPC
Radio
Vaticano
