Un investigador
estadounidense ha publicado recientemente un artículo impactante sobre los
inauditos riesgos a los que se exponen los indonesios de Banda Aceh que
consideran convertirse al cristianismo
En
la ciudad indonesia de Banda Aceh, algunos estudiantes musulmanes reprochan a
su profesor de inglés estadounidense que escriba letras ‘T’ en la pizarra
porque, en efecto, están convencidos de que esas ‘T’ representan cruces
disimuladamente infiltradas en la pizarra negra con el fin de convertir a los
musulmanes al cristianismo.
Las
teorías conspiranoicas respecto al cristianismo se multiplican en la región de
Aceh. Los fieles del islam radical están del todo convencidos de que existe un
gran proyecto de evangelización en Indonesia y temen que una parte de la
población se convierta al cristianismo.
El umbral de entrada de la
Meca
En
el contexto de sus investigaciones sobre las culturas musulmanas, el profesor e
investigador estadounidense David Pinault se ha desplazado hasta Aceh,
provincia occidental de Indonesia regida por las leyes de la sharía. En la revista Commonweal,
describe el día a día de esta ciudad, conocida como “la puerta de entrada a la
Meca”.
En
este fascinante artículo, David Pinault explica que en la provincia de Aceh,
islamizada desde el siglo XIII, se ha impuesto una práctica muy estricta de la sharía.
Es la región de Indonesia donde la ley islámica se aplica con más severidad. La
flagelación pública se practica todos los viernes, después de la gran oración.
Es un castigo infligido a los “blasfemos”. Los juegos de azar, el alcohol y
todas las relaciones extraconyugales, en especial las homosexuales, están
prohibidas. Las parejas no casadas que se arriesgan a ir de la mano en la calle
pueden ser acusadas de ‘khalwat’, es decir, de “proximidad impropia”, y recibir
severos castigos.
Según
los testimonios de musulmanes reunidos por David Pinault, la flagelación tiene
como objetivo principal humillar públicamente a los culpables. La multitud que
observa la escena lo graba todo en sus móviles. Sea cual sea la cultura, los
castigos públicos siempre encuentran espectadores que asistan a la escena.
En
Aceh, todo está permitido en el nombre de la fe. La policía de la sharía,
encargada de garantizar el respeto a las leyes coránicas, ejerce una gran
presión sobre los habitantes. Esta atmósfera deletérea motiva a algunos a mirar
hacia el cristianismo, incluso a convertirse.
Exiliarse u ocultar su
religión
Pero
eso también tiene un precio, explica el autor del artículo. “La policía de la sharía se
interesa especialmente por los individuos sospechosos de convertirse en ‘murtadd’,
es decir, en apóstatas. Los raros habitantes de Banda Aceh que, a pesar de
todo, se interesan por el cristianismo, solo tienen un conocimiento muy vago.
Únicamente las pocas biblias clandestinas o Internet permiten acceder al
universo cristiano. Y cuídense aquellos que sean descubiertos en flagrante
delito”.
Los
jóvenes musulmanes sospechosos de interesarse por el cristianismo son enviados
a un centro de reeducación para ser purificados. Los que, a pesar de todo,
persisten en este camino se arriesgan a la exclusión social, la flagelación
pública e incluso el peligro de muerte. Las zonas rurales son todavía más duras
en términos de represión. Por tanto, algunos eligen abandonar la provincia de
Aceh y exiliarse en partes del país más tolerantes. Otros escogen esconder su
religión. Lejos de regiones del mundo donde los cristianos sufren en masa —en
Siria, en Irak o en Egipto—, Indonesia sigue siendo una tierra de testimonio
admirable.
David Mills
Fuente:
Aleteia
