“En Jesús no
existe un ‘no’: siempre ‘sí’, para la gloria del Padre"
Ser
luz y sal para los demás, glorificando a Dios con la propia vida. Lo pidió el Santo
Padre en su homilía de la Misa matutina celebrada ayer en
la capilla de la Casa de Santa Marta, en la que participaron los Cardenales
del Consejo de los Nueve. En su reflexión, el Pontífice destacó el
mensaje decisivo y sin matices que propone el Evangelio. Y exhortó a los
cristianos a no buscar “seguridades artificiales”, sino a encomendarse con confianza
al Espíritu Santo.
El
“sí”, la “sal” y la “luz”. Son las tres palabras evangélicas fuertes sobre las
que el Papa Francisco se detuvo, subrayando ante todo que el anuncio
del Evangelio es “decisivo”, puesto que no existen “esos matices” del sí y no
que, a la final – dijo – “te llevan a buscar una seguridad artificial” como
sucede, por ejemplo, con la “casuística”.
El Espíritu Santo nos
lleva al testimonio cristiano
Estas tres
palabras – propuestas por la Segunda Carta de San Palo a los
Corintios – explicó el Papa – “indican la fuerza del Evangelio”
que lleva al “testimonio y también a glorificar a Dios”. En este “sí”, por lo
tanto, encontramos “todas las palabras de Dios en Jesús, todas las promesas
de Dios”. En Jesús – refirmó el Santo Padre– “se cumple todo lo que fue
prometido, razón por la cual Él es la plenitud”:
“En Jesús no
existe un ‘no’: siempre ‘sí’, para la gloria del Padre. Pero también
nosotros participamos en este ‘sí’ de Jesús, porque Él nos ha otorgado la
unción, nos ha impreso el sello, nos ha dado el ‘anticipo’ del Espíritu.
Nosotros participamos porque somos ungidos, sellados y tenemos esa seguridad,
el ‘anticipo’ del Espíritu. El Espíritu que nos llevará al ‘sí’
definitivo, también a nuestra plenitud. Incluso el mismo Espíritu que
nos ayudará a llegar a ser luz y sal, es decir, el Espíritu que nos
lleva al testimonio cristiano”.
“Todo
es positivo”, dijo Francisco. “Y aquel testimonio cristiano” es “sal y
luz”. “Luz – explicó el Papa Bergoglio – para iluminar a quien
esconde la luz, da un contra-testimonio”, refugiándose en ese un poco “sí”
y un poco “no”. Por lo tanto, el que “tiene la luz, pero no la da, no la deja
ver y si no la hace ver no glorifica al Padre que está en los
cielos”. Y advirtió que “tiene la sal, pero la toma para sí mismo y no la da
para que se evite la corrupción”.
Los cristianos están
llamados a ser sal y luz
“Sí,
sí”, “no, no”: palabras decisivas, como nos ha enseñado el Señor, ya que –
recordó Francisco – “lo superfluo proviene del maligno”. Es
precisamente “esta actitud de seguridad y de testimonio – añadió –
lo que el Señor ha encomendado a la Iglesia y a todos nosotros, los
bautizados”:
“Seguridades
en la plenitud de las promesas en Cristo: en Cristo todo
está cumplido. Testimonio hacia los demás; don recibido de Dios en Cristo,
que nos ha dado la unción del Espíritu para el testimonio. Y esto es
ser cristiano: iluminar, ayudar a que el mensaje y las personas no
se corrompan, como hace la sal; pero si se esconde la luz, la sal se vuelve
insípida, sin fuerza, se debilita, y el testimonio será débil. Pero esto sucede
cuando yo no acepto la unción, no acepto el sello, no acepto aquel
‘anticipo’ del Espíritu que está en mí. Y esto se hace cuando no acepto el
‘sí’ en Jesucristo”.
La
propuesta cristiana – dijo Francisco – es tan sencilla, pero “tan
decisiva y tan bella, y nos da tanta esperanza”. Podemos preguntarnos: “¿Yo soy
luz para los demás? Yo – dijo también el Papa – ¿soy sal para los
demás, que da sabor a la vida y la defiende de la corrupción? ¿Yo estoy aferrado
a Jesucristo, que es el ‘sí’? ¿Yo me siento ungido, sellado?’ ¿Yo sé que tengo
esta seguridad que llegará a ser plena en el Cielo, pero que al menos es
su ‘anticipo’, ahora, el Espíritu?”.
El cristiano es “solar”
cuando glorifica a Dios con su vida
Por
último, el Pontífice observó que al hablar cotidianamente “cuando una
persona está llena de luz, decimos: ‘ésta es una persona solar’”, a lo que
agregó:
“Se
tiene la costumbre de decir esto: ‘Es una persona solar’. Lo que puede
ayudarnos a comprender esto. Éste es más que solar, aún. Esto es reflejo del
Padre en Jesús, en el que las promesas están todas cumplidas. Éste es el
reflejo de la unción del Espíritu que todos nosotros tenemos. Y esto,
¿por qué? ¿Por qué hemos recibido esto? Lo dicen las dos Cartas. Pablo dice:
‘Y por esto, a través de Cristo, sube a Dios nuestro ‘amén’ para
su gloria’, para glorificar a Dios. Y Jesús dice a los discípulos: ‘Que
así resplandezca su luz ante los hombres, para que vean sus obras buenas y glorifiquen
al Padre’. Todo esto, para glorificar a Dios. La vida del cristiano es
así”.
Pidamos
la gracia – concluyó diciendo el Papa – “de estar
aferrados, enraizados en la plenitud de las promesas en Cristo Jesús que
es ‘sí’, totalmente ‘sí’, para llevar esta plenitud con la sal y la luz de
nuestro testimonio a los demás para dar gloria al Padre que está en
los cielos”.
María
Fernanda Bernasconi
Radio
Vaticano