En
principio no tiene que intervenir, a menos que sea necesario para la separación
de bienes
Un
matrimonio legítimamente realizado es válido, y el vínculo matrimonial que
surge de tal compromiso es indisoluble por su propia naturaleza. Cuando al
menos uno de los dos contrayentes es católico y no ha apostatado exteriormente
de su fe sólo es válido el matrimonio realizado según las leyes de la Iglesia.
Hay
varios modos de intervenir sobre un matrimonio verdadero o aparente:
1º La declaración de
nulidad
Es
la sentencia por la cual se confirma que -por determinados impedimentos
existentes en el momento de realizar el matrimonio- nunca hubo matrimonio.
Evidentemente, no se trata de ningún modo de disolución. De todos modos, sólo
la Iglesia tiene poder para hacer -luego del estudio correspondiente- tal
declaración.
2º La disolución del
vínculo propiamente dicho
Hemos
dicho que el vínculo matrimonial válido es indisoluble intrínsecamente, es
decir, no puede disolverse por voluntad de los propios cónyuges sino sólo por
la muerte; esta afirmación se entiende de modo absoluto del matrimonio “rato y
consumado”[1]. En algunos casos ya tipificados por el derecho puede disolverse
extrínsecamente, es decir, por una autoridad superior a los mismos cónyuges que
es la autoridad del Romano Pontífice como Vicario de Jesucristo. Estos casos se
restringen sólo a los matrimonios ratos y no consumados y a algunos matrimonios
válidos y consumados pero no sacramentales[2]. Es evidente que la disolución
del vínculo propiamente dicha no cae bajo competencia de ningún poder humano
fuera de la Iglesia y nadie puede pretender dictaminarla sin pecado grave.
3º La separación de lecho
y techo
Es
la separación de la cohabitación, por parte de un matrimonio válido e
indisoluble, pero permaneciendo el vínculo; está contemplado por el mismo
derecho de la Iglesia [3].
En
principio un abogado o un juez no tiene que intervenir, a menos que sea
necesario para la separación de bienes.
Puede
ocurrir que una de las partes quiera o exija una declaración de divorcio civil
(ya sea porque quiere buscar una nueva unión marital, o porque es el único
medio para defender su patrimonio propio o de sus hijos). En estos casos
dolorosos, se plantea lo siguiente:
a)
Cuando lo demanda la parte culpable contra la inocente (el otro le pide el
divorcio como condición para pasarle la legítima manutención o concederle el
derecho a educar los hijos). Dice el Catecismo de la Iglesia Católica (nº
2383): “Si el divorcio civil representa la única manera posible de asegurar
ciertos derechos legítimos, el cuidado de los hijos o la defensa del
patrimonio, puede ser tolerado sin constituir una falta moral”.
b)
Cuando lo demanda la parte inocente no en orden a contraer nuevo matrimonio
sino como único medio para mantener el cuidado de los hijos o para defender su
legítimo patrimonio, pienso que vale lo mismo. En este caso se aplicaría el
principio de doble efecto: quiere el cuidado de los hijos o la defensa del
patrimonio y tolera la declaración civil a la que no concede ningún valor real
(porque sabe que su vínculo permanece).
Respecto del abogado y del
juez actuantes en estos casos ¿qué hay que decir?
-El
juez que declara que el vínculo matrimonial (de un matrimonio canónico o de un
matrimonio natural entre dos no bautizados) es disoluble y que es lícito un
segundo matrimonio, presta cooperación formal al acto malo de los divorcista o
de la parte culpable.
-En
algunas circunstancias puede ser lícito para el juez declarar que, conforme a
las leyes, se disuelve la sociedad matrimonial en cuanto atañe a los efectos
civiles del matrimonio (comunidad de bienes, etc.), aun cuando se prevea que
esta declaración impulsará a no pocos para llevar una vida seudomatrimonial,
evidentemente ilícita. Habría que evitar en las fórmulas empleadas el hacer
cualquier alusión al vínculo.
-El
abogado no puede patrocinar ningún proceso de divorcio entendido como
disolución del vínculo sacramental o natural. Puede, en cambio, defender a la
parte inocente a quien demanda divorcio la otra parte, en cuanto a los efectos
civiles. Puede también patrocinar la petición de divorcio para la parte
inocente, es decir solicitar que éste caso sea encuadrado en tal o cual ley que
prevé tales efectos que su cliente puede pedir lícitamente y que no puede
obtener por otros medios (la obligación de mantener a la esposa y los hijos, de
respetar sus bienes, etc.); en este caso la solicitación del divorcio y la
defensa del mismo no deben referirse a la disolución del vínculo con derecho a
contraer nuevo matrimonio, sino a la sola separación corporal y demás efectos
que la separación llevara consigo.
-Cuando
al abogado le tocase por oficio (por ejemplo, si trabaja en un estudio que
atiende distintas causas y está de turno cuando se solicita ésta), debería
intentar sustraerse de esta obligación. Si no puede hacerlo, debe limitarse a
exponer ante el tribunal los motivos legales en los que se apoya la petición de
divorcio, procurando hacer constar que se opone ella a los principios católicos
si es entendida como divorcio vincular.
4º La separación de un
matrimonio sólo civil inválido
He
dicho que cuando al menos uno de los cónyuges es católico está obligado a
celebrar su matrimonio según la forma canónica ordinaria o extraordinaria o
pedir dispensa. Si esto no ha sido realizado de este modo, su matrimonio fue
inválido y el matrimonio es inexistente.
Lo
que corresponde a los esposos es regularizar su situación si esto es posible,
especialmente si hay hijos de por medio, promesas de matrimonio canónico,
obligaciones económicas hacia el otro cónyuge, etc. Cuando regularizar la
situación es imposible o inconveniente, correspondería la separación. En este
último caso el divorcio civil es un trámite donde se desvinculan ante la ley
civil de un contrato civil que no les era lícito realizar. No sólo pueden
hacerlo sino que en muchos lugares es un requisito para poder contraer luego un
matrimonio canónico (es decir, casarse por la Iglesia con otra persona). Si es
lícito para los esposos sólo civilmente casados el divorciarse civilmente,
también será lícito para el juez dictaminar el divorcio y para el abogado el promocionarlo.
En todo caso, para evitar confusiones o falsos escándalos, habrá que ver la
manera de hacer notar que no se rompe ningún vínculo sino que éste nunca
existió.
Por:
P. Miguel Ángel Fuentes, V.E.
Fuente:
El Teólogo Responde
