Reflejos
sobre cristal
Hola,
buenos días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Los
primeros y terceros viernes de mes tenemos Exposición del Santísimo desde la
Eucaristía hasta después del rezo de nona.
Ayer,
como era tercer viernes de mes, tuvimos al Señor expuesto. En el momento de la
acción de gracias, después de la Eucaristía, me senté en mi sitio de la oración
mirándole. Me impactó muchísimo porque, como entraba tanta luz natural por la
ventana (que está justo al lado contrario de donde yo estaba sentada), pues me
daba todo el reflejo, y no conseguía ver más allá del cristal de la custodia.
En él veía perfectamente reflejada la ventana, la luz, el árbol de la calle...
pero no alcanzaba a ver al Señor.
Me
impactó mucho, porque al instante caí en la cuenta de cuántas veces le he
pedido al Señor ser como el cristal de la custodia: transparente, que todos
sabemos que está, pero que nadie se queda en él, sino que miran más allá,
porque están viendo al Señor. Sin embargo, esta vez, el cristal me estaba
impidiendo ver más allá. Es verdad que muchas veces surge cerrarse en uno
mismo, entonces es como un cristal que se cierra, y ¿en qué se convierte? En un
espejo.
Lo
que nos hace felices realmente es amar con el Amor que el Señor pone en nuestro
corazón. Amar tal y como nos hemos sentido amados en nuestra propia pobreza,
dejar que sea Él quien ame, quien mire a través nuestro. Pero, cuando nos
encerramos en nosotros mismos, ya sólo vemos las pobrezas de los demás, convirtiéndonos
en un espejo que desvela todos los defectos.
Hoy
el reto del amor es ser transparente compartiendo con una persona, mediante un
mensaje o una llamada, lo que a ti te hace feliz. Hoy no tengas miedo a caer,
porque sabes Quién te habita, y Quién te levantará. Hoy deja pasar a través de
tu vida, de tus actos... el Amor del Señor. Hoy no seas ese espejo que saca los
defectos de los demás. Hoy puedes amar tu pobreza, y eso será lo que
trasparente la Luz de Cristo que llevas dentro.
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
