En una multitudinaria Misa en
su segundo y último día de visita a Egipto, el Papa Francisco invitó a los
fieles romper la dureza de corazón y no tener miedo a amar al otro, aunque sea
enemigo
El
Papa pidió a todos los fieles regresar con alegría a su vida cotidiana,
junto a sus seres queridos y no tener miedo “a abrir vuestro corazón a la luz
del Resucitado” para que Él “transforme vuestras incertidumbres en fuerza
positiva para vosotros y para los demás”. “No tengáis miedo a amar a todos,
amigos y enemigos, porque el amor es la fuerza y el tesoro del creyente”.
“El
único extremismo que se permite a los creyentes es el de la caridad. Cualquier
otro extremismo no viene de Dios y no le agrada”, dijo también.
Durante
la homilía, el Pontífice señaló que el Evangelio en el que se narra la
aparición de Jesús a los discípulos de Emaús –proclamado en la celebración– se
puede resumir en 3 palabras: muerte, resurrección y vida.
Vida
Francisco
explicó que “el encuentro con Jesús resucitado ha transformado la vida de los
dos discípulos, porque el encuentro con el Resucitado transforma la vida entera
y hace fecunda cualquier esterilidad”.
“En
efecto, la Resurrección no es una fe que nace de la Iglesia,
sino que es la Iglesia la que nace de la fe en la Resurrección”.
Sobre
la misión de la Iglesia, el Pontífice apuntó a que ella misma “debe saber y
creer que él está vivo en ella y que la vivifica con la Eucaristía, con la
Escritura y con los Sacramentos”.
“La
experiencia de los discípulos de Emaús nos enseña que de nada sirve llenar de
gente los lugares de culto si nuestros corazones están vacíos del temor de Dios
y de su presencia; de nada sirve rezar si nuestra oración que se dirige a Dios
no se transforma en amor hacia el hermano; de nada sirve tanta religiosidad si
no está animada al menos por igual fe y caridad; de nada sirve cuidar las
apariencias, porque Dios mira el alma y el corazón y detesta la hipocresía”. En
definitiva, “para Dios, es mejor no creer que ser un falso creyente, un
hipócrita”.
“La
verdadera fe es la que nos hace más caritativos, más misericordiosos, más
honestos y más humanos; es la que anima los corazones para llevarlos a amar a
todos gratuitamente, sin distinción y sin preferencias, es la que nos hace ver
al otro no como a un enemigo para derrotar, sino como a un hermano para amar,
servir y ayudar; es la que nos lleva a difundir, a defender y a vivir la
cultura del encuentro, del diálogo, del respeto y de la fraternidad; nos da la
valentía de perdonar a quien nos ha ofendido, de ayudar a quien ha caído; a
vestir al desnudo; a dar de comer al que tiene hambre, a visitar al
encarcelado; a ayudar a los huérfanos; a dar de beber al sediento; a socorrer a
los ancianos y a los necesitados”.
“La
verdadera fe es la que nos lleva a proteger los derechos de los demás, con la
misma fuerza y con el mismo entusiasmo con el que defendemos los nuestros. En
realidad, cuanto más se crece en la fe y más se conoce, más se crece en la
humildad y en la conciencia de ser pequeño”.
Muerte
Francisco
manifestó que los discípulos estaban desorientados tras la muerte de Jesús y
“su camino es un volver atrás; es alejarse de la dolorosa experiencia del
Crucificado”. “La crisis de la Cruz,
más bien el ‘escándalo’ y la ‘necedad’ de la Cruz ha terminado por sepultar
toda esperanza. Aquél sobre el que habían construido su existencia ha muerto y,
derrotado, se ha llevado consigo a la tumba todas sus aspiraciones. No podían
creer que el Maestro y el Salvador que había resucitado a los muertos y curado
a los enfermos pudiera terminar clavado en la cruz de la vergüenza”.
“No
podían comprender por qué Dios Omnipotente no lo salvó de una muerte tan
infame. La cruz de Cristo era la cruz de sus ideas sobre Dios; la muerte de
Cristo era la muerte de todo lo que ellos pensaban que era Dios. De hecho, los
muertos en el sepulcro de la estrechez de su entendimiento”.
Francisco
advirtió de que muchas veces el hombre “se auto paraliza, negándose a superar
su idea de Dios, de un dios creado a imagen y semejanza del hombre”.
“Cuantas
veces se desespera, negándose a creer que la omnipotencia de Dios no es la
omnipotencia de la fuerza o de la autoridad, sino solamente la omnipotencia del
amor, del perdón y de la vida”.
“Si
nosotros no quitamos el velo que oscurece nuestros ojos, si no rompemos la
dureza de nuestro corazón y de nuestros prejuicios nunca podremos reconocer el
rostro de Dios, advirtió”.
Resurrección
El
Papa aseguró que Jesús transforma “la desesperación en vida” porque “cuando se
desvanece la esperanza humana comienza a brillar la divina”.
“Cuando
el hombre toca fondo en su experiencia de fracaso y de incapacidad, cuando se
despoja de la ilusión de ser el mejor, de ser autosuficiente, de ser el centro
del mundo, Dios le tiende la mano para transformar su noche en amanecer, su
aflicción en alegría, su muerte en resurrección, su camino de regreso en
retorno a Jerusalén, es decir en retorno a la vida y a la victoria de la Cruz”.
De
esta manera, los discípulos de Emaús “han encontrado el sentido de la aparente
derrota de la Cruz”.
“Quien
no pasa a través de la experiencia de la cruz, hasta llegar a la Verdad de la
resurrección, se condena a sí mismo a la desesperación. De hecho, no podemos
encontrar a Dios sin crucificar primero nuestra pobre concepción de un dios que
sólo refleja nuestro modo de comprender la omnipotencia y el poder”.
Por Álvaro de Juana
Fuente:
ACI
