La visita de Francisco comenzará en las “Casas
Blancas” de la calle Salomone: « a medida que vamos saliendo del centro vamos
descubriendo más cosas». La raíz evangélica de una decisión
«La
realidad se ve mejor desde la periferia que desde el centro», dijo Francisco en
una entrevista que concedió a un periódico parroquial de
Villa la Cárcova,en la periferia de Buenos Aires: «Normalmente
nosotros nos movemos en espacios que de alguna manera controlamos. Ése es el
centro. Pero a medida que vamos saliendo del centro vamos descubriendo más
cosas».
Que muchas decisiones del Papa estén motivadas por esta conciencia se
puede apreciar al ver las metas que ha elegido para sus viajes y en los
programas de los mismos. Incluidos los viajes italianos, que comenzaron sorpresivamente
en julio de 2013 con el viaje relámpago a Lampedusa.
Hay
que ver con esta clave la decisión del Pontífice de entrar a Milán atravesando
el umbral de tres viviendas populares en un barrio periférico con problemas
sociales. Entrará a las casas de tres familias que viven el problema de la
enfermedad o de la falta de trabajo. Una manera para manifestar su concreta
cercanía para los que son descartados y que a menudo quedan fuera de la
atención de las instituciones. La decisión de Francisco de incluir siempre en
sus viajes encuentros con detenidos y visitas a los barrios más pobres no nace,
pues, de estrategias de mercadeo, sino de la urgencia evangélica de «tocar la
carne de Cristo» en la humanidad herida.
Las
periferias tienen un significado decisivo en la Biblia. La misma tierra de
Israel es una gran periferia en esa zona geográfica, casi siempre dominada por
otros. Los hebreos están en la periferia de los grandes sistemas políticos, un
pueblo alejado del centro del poder de entonces, el de la Roma imperial. La
misma Galilea era, a su vez, una periferia de Israel en la época de Jesús,
además de una encrucijada de diferentes etnias.
Es esa la periferia que en los
Evangelios se convierte en un centro para la predicación del Nazareno: es allí
que se abre su vida pública. Jesús la recorre como un profeta itinerante sin un
hogar fijo, acercándose a las personas que viven allí, cuyas fragilidades
conoce y frente a las cuales se conmueve, considerándolas «ovejas sin pastor».
Y fue allí, después de la resurrección, donde Jesús precedió a los suyos. El
Evangelio parte, pues, de la periferia para abrazar a Israel y al mundo
entero.
En
realidad, Jesús mismo se identifica con los «periféricos», como recordó Andrea
Riccardi en su último libro “Periferias. Crisis y novedad para la Iglesia”
(Jaka Books). «Tenía hambre y me dieron de comer...». «Les aseguro que lo que
hayan hecho a uno solo de éstos, mis hermanos menores, me lo hicieron a mí».
Los pobres son los periféricos de la vida y Jesús se identifica con ellos, como
nunca en ningún otro hombre o mujer. «Es un hecho extraordinario en los
Evangelios –observó Riccardi–, que funda el vínculo permanente entre los
cristianos y los periféricos».
En
la homilía de la misa de la Epifanía del 6 de enero de 2017, Francisco recordó,
hablando sobre los Reyes Magos, que llegaron al palacio de Herodes buscando al
nuevo rey que debía ser adorado. «Fue precisamente ahí –dijo Bergoglio– donde
comenzó el camino más largo que tuvieron que andar esos hombres venidos de
lejos. Ahí comenzó la osadía más difícil y complicada. Descubrir que lo que
ellos buscaban no estaba en el palacio sino que se encontraba en otro lugar, no
sólo geográfico sino existencial». Descubrieron que Dios «ha querido nacer allí
donde no lo esperamos, donde quizá no lo queremos. O donde tantas veces lo
negamos. Descubrir que en la mirada de Dios hay espacio para los heridos, los
cansados, los maltratados, abandonados: que su fuerza y su poder se llama
misericordia».
Francisco
añadió en esa ocasión: «el creyente “nostalgioso” busca a Dios, empujado por su
fe, en los lugares más recónditos de la historia, porque sabe en su corazón que
allí lo espera el Señor. Va a la periferia, a la frontera, a los sitios no
evangelizados para poder encontrarse con su Señor; y lejos de hacerlo con una
postura de superioridad lo hace como un mendicante que no puede ignorar los
ojos de aquel para el cual la Buena Nueva es todavía un terreno a
explorar».
San
Juan Crisóstomo, Padre de la Iglesia, comentó de esta manera el pasaje
evangélico de los Reyes Magos: «Si ellos hicieron un viaje tan grande para ver
al Niño, ¿qué justificación tendrías tú que no vas ni siquiera a un callejón
para visitarlo, cuando está enfermo y encarcelado?».
Entonces,
explicó Papa Francisco, se va hacia los pobres, se va hacia las periferias, no
tanto para llevar algo, sino para buscar y descubrir el rostro de Dios, tocando
su carne. Se sale y se va a las periferias para encontrar a Jesús, descubrirlo
e el rostro de los necesitados. Papa Bergoglio, con su testimonio personal
indica a los cristianos la exigencia de salir hacia las periferias geográficas
y existenciales (ya sean la República Centroafricana olvidada o el vecino solo
y en dificultades) para encontrar allí el rostro de Cristo y tocar su carne. Es
decir para dejarse evangelizar y para dejarse “herir” por la realidad, viéndola
desde una perspectiva diferente. Para llorar con quien llora y alegrarse con
quien se alegra, como se lee en la constitución conciliar “Gaudium et spes”,
mostrando el rostro misericordioso de Dios y su ternura.
ANDREA
TORNIELLI
CIUDAD
DEL VATICANO
Fuente:
vatican Insider
