Preocupaciones
Hola,
buenos días, hoy Verónica nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Me
encargaron diseñar una cosa en el ordenador; tenía un día para terminarlo.
Empecé a diseñarlo en un programa normal y, cuando ya lo tenía todo terminado,
no se podía guardar: tenía un tamaño tan grande que el programa no tenía
capacidad. Llegó la hora del Rosario y no paraba de darle vueltas buscando una
solución.
Por
la tarde intenté guardarlo en otros formatos... ¡Nada! Pedí ayuda a Israel y
dijo que había que diseñarlo en un programa especial. Descargamos el programa,
pero justo llegó la hora de Vísperas, así que otra vez al coro.
Por
la noche, antes de irme a dormir, me dejaron un ratito para investigar el nuevo
programa. Al rato ya me moría de sueño y no conseguía atinar con nada, así que
me fui a la cama, pero en mi cabeza no podía parar de intentar buscar una
solución, ¡te puedes imaginar lo que me costó dormirme! Al final decidí que me
ducharía rapidísimo por la mañana para volver a investigar aunque fuesen sólo 5
minutos.
Así
hice, pero... ¡nada! Lo único que conseguí fue no enterarme de nada de la
liturgia de la mañana.
En
la oración ya me puse seria y le dije al Señor que no podía ser, que estaba más
pendiente del programa que de Él. Se lo entregué para que Él buscase una
solución: yo ya no le iba a dar más vueltas. Y justo fue en la Eucaristía
cuando de repente me vino la solución, ¡y funcionó!
Puede
que hoy tú tampoco puedas centrarte en Cristo por un montón de problemas sin
solucionar. Se van acumulando y, como decimos aquí, "sin aumento de
personal". Pierdes la paz, y no es que quieras dejar al Señor de lado, es
que no queda tiempo para Él. Pensamos que, como no se nos va a aparecer a
solucionar el problema, es una pérdida de tiempo.
Pero
lo increíble es que Él es la fuente a la que debemos ir, es al primero al que
debemos acudir, y no dejarle para el "si me sobra tiempo..." ¿Cuándo
cambió la vida de la gente que vivía con Jesús? Cuando se encontraban con Él.
La samaritana, por ejemplo. Ella iba a sacar agua, y un judío la estaba
distrayendo, estaba abocado a una pérdida de tiempo. Pero ese encuentro le
cambió la vida; ella fue a la verdadera fuente. Y pudo encontrar la paz, la
alegría, le cambió totalmente la mirada.
Hoy
el reto es entregar aquellas cosas que te preocupan al Señor, y pedirle
centrarte en Él. Pídele que Él solucione los problemas que se vayan poniendo en
tu camino. Te aseguro que Él te va a decir por dónde caminar. ¡Ve a la
verdadera fuente! Y no te preocupes si tienes la sensación de que estás
perdiendo el tiempo: Cristo ya está moviendo los hilos para ayudarte y darte
vida.
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
