El congreso sobre la «nueva esclavitud» del comercio de órganos: entre
los huéspedes está el cirujano y ex viceministro chino encargado de erradicar
abusos y prácticas ilegales relacionados con la política nacional sobre
donaciones y trasplantes
La Santa Sede enciende
los reflectores sobre la plaga del comercio de órganos humanos utilizados para
trasplantes. Lo hace con el congreso internacional que comienza hoy, 7 de
febrero, en la Casita Pío IV, en el Vaticano, dedicado al tráfico de órganos y
al “turismo de los trasplantes”.
Y en este marco, la
República Popular China también ofrece una oportunidad preciosa para disipar,
ante un público internacional y calificado, las sospechas y las sombras
sobre los procedimientos utilizados en China en el ámbito de las donaciones y
los trasplantes de órganos.
La cumbre, convocada y
alojada por la Academia Pontificia de las Ciencias (órgano vaticano
patrocinador, guiado por su Canciller, el obispo argentino Marcelo Sánchez
Sorondo) pretende analizar un fenómeno incluido completamente entre las “nuevas
esclavitudes” que también ha denunciado en su magisterio el papa
Francisco.
El encuentro se propone
describir la naturaleza y las dimensiones del fenómeno mediante datos y
análisis que ofrecerán especialistas de más de 20 países.
Los participantes
también suscribirán y difundirán una declaración común, además de crear un
equipo se sujetos competentes (funcionarios gubernamentales, abogados,
investigadores y periodistas) para llevar a cabo, junto con los profesionistas
de las instituciones sanitarias locales e internacionales, una ofensiva a largo
plazo en contra de esta manifestación moderna de la esclavitud.
“El tráfico de órganos”,
se lee en la presentación del congreso vaticano, “continúa en todo el mundo: en
Asia, México y otros países de América Latina, en Egipto, Paquistán, India, con
destinatarios que provienen de Canadá y Estados Unidos, de países de la Europa
occidental, de Australia, y de países como Arabia Saudita, Kuwait y los
Emiratos Árabes Unidos. Irán es conocido porque su gobierno ha autorizado la
venta de órganos humanos”.
En la lista de quienes
participarán en la cumbre, figuran los nombres de dos exponentes de la administración
china: Wang Haibo, consejero del Declaration of Istanbul Custodian Group
(órgano encargado de implementar la Declaración de Estambul de 2008, que
contiene las líneas guía a nivel internacional sobre la extirpación y el
trasplante de órganos) y, sobre todo, Huang Jiefu, Presidente del Comité
Nacional Chino sobre la donación y el trasplante de órganos.
Médico cirujano,
académico y ex viceministro de la sanidad china, Huang ha tenido un papel
protagonista en la evolución de la política de Pekín en el terreno
controvertido e insidioso de los trasplantes de órganos.
En
los años 80, para afrontar el aumento dela demanda de trasplantes, la China
Popular legalizó la extirpación de órganos de los prisioneros condenados a
muerte, después de que ellos o sus familiares hubieran consentido la operación.
Tal práctica fue
duramente criticada por las organizaciones de derechos humanos y por los
organismos de coordinación internacional de la comunidad médica y científica.
Mucho antes de la
Declaración de Estambul, comenzó formalmente un cambio gradual en las políticas
chinas sobre los trasplantes, para acercarla más a los estándares éticos
promovidos a nivel internacional.
Justamente Huang Jiefu
fue uno de los principales protagonistas de este proceso. Fue él quien en 2011
reconoció en la revista científica Lancet que el 65%
de los trasplantes en China utilizaba órganos de donadores fallecidos, y que
entre ellos, más del 90% de los órganos trasplantados eran de condenados a
muerte.
En 2010, como
viceministro de sanidad, Huang puso en marcha los primeros programas piloto
para promover en la sociedad civil la donación voluntaria y para
construir a nivel nacional bancos de órganos donados voluntariamente,
involucrando y sensibilizando en esta campaña a los hospitales y a su personal.
Mientras durante esos
años las campañas de prensa de la secta religiosa Falun Gong hablaban de
órganos sustraídos a los propios adeptos condenados en las cárceles chinas,
Huang refirió en sus intervenciones en Lancet que se estaba
llevando a cabo una paulatina erradicación en todo el país (y que
tendía a la prohibición total) de la práctica de utilizar para trasplantes
órganos de los detenidos condenados a muerte.
En diciembre de 2014, ya
acreditado como responsable del sistema de donación y trasplantes de órganos en
China, durante un seminario Huang anunció que a partir del primero de enero de
2015 se habría eliminado completamente la extirpación de
órganos de los prisioneros ajusticiados, y que se habrían utilizado solamente
órganos donados voluntariamente por los ciudadanos, sin ningún tipo de
coerción.
En el congreso que se
llevará a cabo en los próximos días en el Vaticano, la Santa Sede ofrece un
público internacional autorizado para permitir que Huang presente de manera
documentada los pasos que ha dado China en los últimos años a lo largo de la
frontera éticamente sensible de las prácticas relacionadas con el trasplante de
órganos.
En esta delicada fase (y
también muy prometedora) de las negociaciones entre China y el Vaticano, la
participación de los representantes chinos en el congreso de la Casona Pío IV
no solo expresa la intención de aprovechar esta ocasión para avanzar en las
negociaciones.
En esta circunstancia,
se percibe, más bien, el carácter más íntimo del enfoque de papa Francisco y de
la Iglesia católica en el momento que está viviendo actualmente el pueblo
chino: una disponibilidad amistosa para sostenerlo y
acompañarlo sin chantajes y sin reproches por el camino para ver desde dentro
los propios traumas colectivos, para reconciliarse con sí mismo y para alejarse
de las prácticas colectivas y coacciones sociales inhumanas, que extienden las
propias sombras sobre los ritmos febriles y concitados que viven muchas
megalópolis chinas.
Una perspectiva sugerida
por papa Francisco hace un año, en la entrevista de Francesco Sisci para Asia
Times: “Quisiera decirle al pueblo chino: no te amargues, sino quédate
en paz con tu camino, aunque hayas cometido errores”).
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Fuente: Vatican Insider
