Fuego de Dios
Hola, buenos días, hoy Israel nos lleva
al Señor. Que pases un feliz día.
El miércoles nos tocó día de cocina. Al
tener que preparar leche y café en grandes cantidades, lo que hacemos es
calentarlos en una cazuela cada uno. Así, nada más terminar la Eucaristía y de
rezar Tercia, salimos corriendo a encender los fuegos (porque nuestra cocina es
de gas) para que en 15 minutos esté todo caliente.
Ese día me tocaba a mí encender los
fuegos. Así que fui a ello y, como tenía que esperar a que se fuera calentando
todo, preparé una cafetera más, la puse sobre otro fuego y lo encendí.
Al instante me di cuenta de que aquella
cocina es como el Amor del Señor. Que encender un fuego más no menoscaba ni
quita calor a otro, sino que cada uno tiene su medida y su calor respectivo. Su
Amor no se reparte, sino que es único y total para todo el que se deja amar por
Él. Y, ¡qué pasada!, pues así es el Amor cuando amamos desde Él.
Tú y yo somos transmisores del calor que
da el Amor del Señor, pero, para ello, primero tiene que recorrer todos los
rincones de tu vida, tiene que atravesar tus tuberías de lado a lado para que
pueda salir hacia los demás.
Muchas veces uno piensa que es más
importante lo que haga por los demás, lo que consiga entregarse... pero para el
Señor lo realmente importante eres tú, es tu corazón, porque su deseo es
llenarte a ti primero, pues, si no, todo tu esfuerzo te serviría de muy poco, y
acabarías por rendirte. Si tu interés es dejarte llenar por Él, no te preocupes,
que ya Él se encargará de ponerte personas a quien amar, obras a las que
entregarte y circunstancias en las que confiar.
Hoy el reto del Amor es presentarle al
Señor aquella situación que te hace sentir pobre o indefenso, pues ésa es la
puerta por donde entra el "Gas" de tu cocina, para que puedas ser
fuego de Dios.
VIVE DE CRISTO
Fuente: Dominicas de Lerma
