Una parroquia venezolana no se rinde ante la crisis
alimentaria y en 2017 continuará ayudando a los más necesitados como siempre
“Para darle comida a mis hijos me veo muy
apretada. Hay ocasiones en las que no podemos desayunar o nos acostamos sin
comer, pero con la fe en el Señor, siempre salimos adelante en este momento de
necesidad que estamos atravesando”.
El testimonio corresponde a
Jacqueline de Escalona, una madre venezolana de doce hijos -4 varones y 8
hembras- que comentó para Aleteia su situación mientras esperaba el
turno para comer en una de las “Ollas Solidarias”, que el pasado fin de año
organizó el padre Miguel Marín, en la parroquia “Jesús Obrero” de Guarenas, en
el estado Miranda (Venezuela).
Jaqueline es vecina de esta
parroquia y desde hace seis meses asiste a estos almuerzos solidarios
acompañada de sus diez hijos menores: Yissel, Gilbert, Samil, Antonieta,
Yoenmy, Nohemí, Isabel, Alejandra, Elena y Alejandro de dos años.
“Yermain es el mayor de mis
hijos. Tiene 21 años y no siguió estudiando para ayudar en la casa con su
trabajo de moto taxista. Igual ocurre con Yenmi que tiene 17 años, trabaja en
un mercado y en ocasiones
lleva verduras para completar la comida”, dice la mujer.
Jaqueline quedó viuda hace
poco menos de un año, cuando su marido fue víctima de la violencia ciudadana
que azota a Venezuela. “Acudí a la parroquia por los servicios religiosos para
el funeral de mi esposo, y encontré
no solo el apoyo espiritual sino también la ayuda en lo material como estas
tazas de comida que siempre venimos a recibir”.
Alternativas ante la crisis
Entre los colaboradores de
esta iglesia se encuentra Grisel Mendoza quien trabaja con Miguel desde hace 16
años. Siempre ha estado encargada de preparar la comida. El último menú del año
2016 era sencillo, pero con nutrientes imposibles de encontrar en muchos
hogares: una taza de sopa a base de carne de res, pollo, verduras y un trozo de
pan.
Mendoza explicó que en esta
Iglesia funciona un comedor desde 2002 fundado por Miguel Marín y un grupo de
mujeres entre las que mencionó a Yuli Machado y Marisol Torres, además del “apoyo de personas amigas y algunas
instituciones públicas y privadas”.
La experiencia duró más de
diez años y entregaban más de trescientas comidas diarias a los niños, incluso,
las llevaban a algunos colegios de la zona como el “Laudelino Mejías” que
pertenece al sistema de educación pública del estado Miranda.
“Lamentablemente el comedor dejó de funcionar hace pocos años
cuando se comenzó a sentir la crisis que ahora cubre a toda Venezuela”, sostuvo Mendoza. “Sin embargo, ello
nunca implicó el desánimo entre los colaboradores de la parroquia, sino que se incentivó la búsqueda de
iniciativas para darle respuesta a la necesidades de la gente”.
Comida y juguetes para los niños
Grisel relató que hace un año
decidieron construir un comedor en las afueras del salón parroquial y de esta
manera retomaron la posibilidad de darles de comer, especialmente a los niños,
embarazadas y ancianos que son los más afectados por la crisis.
“Actualmente estamos
preparando las próximas entregas de comida. Queremos recabar los apoyos
necesarios para el año 2017. Nuestra experiencia demuestra que cada día crece
el número de personas necesitadas y queremos ayudarlas”, expuso. Finalmente,
indicó Grisel Mendoza que durante la Navidad pasada “los niños tuvieron la
posibilidad de recibir un juguete producto de la donación de varias personas
encabezadas por Lisabeth De Sosa”.
El ejemplo esperanzador de
esta parroquia no es el único que se da en medio de la situación que se vive en
Venezuela. Luego relataremos otras experiencias.
Fuente: Aleteia
