¿Te atreves a hacerlos?
Cuando llega el mes de diciembre,
muchos nos preguntamos qué podemos dar a nuestros seres queridos. Son muchos los detalles de amor y de
conversión los que podemos entregar, estos valen mucho más que un regalo
costoso.
«La Navidad es un acontecimiento que
se renueva en cada familia, en cada parroquia, en cada comunidad que acoge el
amor de Dios encarnado en Jesucristo. Como María, la Iglesia muestra a todos la
«señal» de Dios: el niño que ella ha llevado en su seno y ha dado a luz, pero
que es el Hijo del Altísimo, porque «proviene del Espíritu Santo» (Mt 1,20).
Aquí les dejamos una pequeña
lista que esperamos sea de mucho provecho en este tiempo
1. Regala tu perdón sin reparo
Regálalo por tu propia paz interior. Hay quienes te pueden haber hecho daño, y no sin querer, sino
apropósito, sólo por ver cómo sufrías. Pues aún a ellos perdónalos. Y, aunque
no tengas la culpa, pídeles perdón, es la única forma de vivir en paz. Cuando
Jesús afirma en Mt. 5, 38-48: «Ustedes han oído que antes se dijo: “Ojo por ojo
y diente por diente”. Pero yo les digo: No resistas al que te haga algún mal;
al contrario, si alguien te pega en una mejilla, ofrécele también la otra». Él
no está hablando con metáforas, ése es el modo en que Dios nos ama, ésa
es la manera en que debemos aprender a amar a todos; es difícil pero hay que
hacerlo, si queremos acercarnos a nuestro modelo que es Cristo.
2. Regala tu oración frecuente
No hay mejor
manera de demostrar nuestro amor por alguien que rezando por él. Así ponemos a las personas que amamos en las manos de nuestro Padre.
Encomendémoslas a Cristo y a la santa Virgen, concentrándonos con intensidad en
la oración, sintiendo en nuestra alma cada palabra, y sintiendo, sobre todo,
que tenemos a Cristo y a la Virgen delante de nosotros, escuchándonos,
recibiendo y tomando en cuenta cada frase que sale de nuestros labios.
Confiémonos a Cristo, pongamos a nuestros seres queridos en su Corazón, hablémosle,
con suma confianza, como un pequeño niño que se dirige a su padre.
3. Regala tu dedicación y aprecio
Hace poco, le pregunté a una amiga
muy querida cuál sería el mejor regalo de Navidad y me dijo, ante mi asombro:
«Un poema o un dibujo, un escrito, una tarjeta navideña, unos dulces caseros,
un tejido, una pequeña escultura o un ramo de flores que hayan recogido para
mí». En verdad lo que más esperan nuestros seres queridos no es un regalo
costoso, sino un obsequio que refleje nuestro aprecio y amor por ellos, algo
que diga cuánto los amamos. Nadie se fija en cuánto has gastado, sino en cuánto
de tu alma has dejado impregnada en el obsequio. Al fin y al cabo, nuestros
familiares y amigos esperan algo muy personal, que diga también con qué profundidad
los conocemos.
4. Regala un: «Te quiero»
Muchos de nosotros sabemos
exactamente quiénes son esas personas imprescindibles en nuestras vidas, sin
cuyas sonrisas, mensajes, compañía o afecto se nos haría muy difícil resistir.
Ellos están ahí justo en los momentos en los que sufres y lloras, en los que
estás enfermo o decaído, también celebran contigo cuando has conseguido algo
que ha marcado tu vida. Pero, aunque les agradecemos siempre, ¿cuándo les hemos
dicho: «Te quiero»? ¡Qué difícil es decirlo, aún a nuestros propios padres y
hermanos que conocemos de toda la vida! Y, sin embargo, no hay nada que
alegre más a un ser humano que el saber y sentir que es importante en la vida
de los demás.
5. Regala tu tiempo
Uno de los regalos más preciosos que
Dios nos ha dado es el tiempo. Es un regalo que debe ser bien
administrado, no hay nada más valioso que el tiempo que dedicamos a los
demás, no solo a servirlos, sino a a acompañarlos. La generosidad
empieza por la disposición de entregarlo. Nunca olvidemos que: los actos de amor cubren multitud de pecados. Te dejamos algunas sugerencias para
servir con nuestro tiempo: Escuchar al hermano que nos cuenta sus problemas,
escuchar a un amigo enfermo que nos explica sus dolores, esperar pacientemente
a los doctores, dentistas, las luces rojas, etc., dar algún tiempo para la
edificación espiritual de alguien, darse el tiempo de felicitar a alguien
por un trabajo bien hecho, etc.
6. Regala humildad
Con frecuencia estamos ávidos de
honores y reconocimiento, queremos que los demás sepan y valoren cada esfuerzo
que hemos llevado a cabo, por lo que publicamos con bombos y platillos, a los
cuatro vientos, todo cuanto ha ocurrido de grandioso en nuestras vidas, con la
esperanza de que así nuestros amigos y familiares nos amen más. Pero, ¿qué
tal si desde ahora, aunque nos cueste, nos guardamos nuestras ansias de “fama”
y aprecio? Lo que sea que hayas hecho de bueno, Dios ya lo sabe y es
su reconocimiento lo único que te debe importar. Siéntete dichoso de que Él te
valore en la justa medida, y que ningún sacrificio tuyo, por pequeño que sea,
escapa a su mirada.
7. Regala tu compañía
A veces, cuando el lazo que te une a
otro ser es muy fuerte, no es necesario decir nada, pues ambos se entienden
solo con gestos. A veces lo único que necesitamos saber es que no
estamos solos, que alguien más se preocupa por nosotros y desea nuestro
bienestar,porque nos ama, y nuestro bien es el suyo. Pero nuestra
silenciosa compañía es lo único que desea una persona que pasa por una
enfermedad muy grave o que acaba de perder a alguien importante. Porque, ¿qué
podemos decir en momentos así?, ¿cómo consolar al otro, salvo con nuestra presencia
y con nuestras oraciones?
8. El regalo de ceder en una discusión
No puede haber peleas si no hay dos
que quieran pelear. Una vez le pregunté a un amigo, que llevaba ya diez años de
casado, cómo hacía para tener un matrimonio exitoso, y me dijo, sonriendo:
«Aunque yo tenga la razón, se la concedo con gusto a mi esposa. Sé muy bien que
si seguimos discutiendo, nos diremos mil palabras hirientes y no quiero eso.
Por lo que casi siempre soy yo quien abandona la lucha». Si la
mansedumbre fuese nuestra bandera, nos ahorraríamos muchísimos disgustos.
9. Ponte siempre en el lugar del otro
Ponte siempre en el lugar del otro y
pregúntate por qué ha actuado o hablado de tal modo, pregúntate también cómo
reaccionaría él o ella si haces o dices lo que tienes en mente. Antes
de responder o actuar, regálale tu calma o mantente en silencio sin
que lances palabras duras y desdeñosas, de las que luego te arrepentirás. Las
palabras no vuelven; podrán perdonar lo que digas, pero nunca lo olvidarán. Lo
mismo ocurre con nuestros actos.
10. Regálale tu tiempo a Jesús
Si te sientes débil, busca a Jesús
en el Santísimo, salúdalo, cuéntale todas tus penas y alegrías, dale las
gracias por los dones recibidos y pídele todo aquello que tu corazón anhela (Él
te dará consejo). Quédate en silencio sintiendo su presencia y su amor y,
si lo necesitas, llora frente a Él. Pídele también perdón por tus faltas y dile
cuánto lo quieres. Él se sentirá feliz y tú te sentirás como una persona nueva.
Evelyn García Tirado
Artículo
originalmente publicado por Catholic Link
