HOY EL RETO DEL AMOR ES QUE ENCIENDAS UNA VELA DE LA CORONA DE ADVIENTO CON TU FAMILIA

Que Cristo sea tu luz, ¡Feliz Adviento!

Hola, buenos días, hoy Joane nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.

Cada año el Señor me regala vivir el Adviento de una manera nueva y diferente. Hay años en que la espera de la Navidad se hace larga y la saboreo de una forma especial; otros que, cuando las monjas empiezan a poner los belenes, me hacen más consciente de que llega. Muchas veces vivimos el Adviento deseando que pase. Pero este año el Señor me ha hecho reparar y profundizar en ello como nunca antes.

Otros años miraba la corona de Adviento como una especie de cuenta atrás, la miraba y deseaba que pronto se encendiese la última vela para que llegase lo realmente importante, sin dar a este tiempo de espera más valor. Ayer, pude dedicarme a limpiar el Oratorio del Noviciado. Está presidido por el Sagrario y, detrás, un cuadro con la imagen de Cristo crucificado y Cristo Eucaristía. Sentía que empezaba una etapa nueva y me dediqué a cambiar mobiliario, sin obtener muy buenos resultados. Cuando lo estaba haciendo, llegó Lety y me dijo:
 
-¿Por qué no cambiamos el cuadro? Luego pon lo que quieras.

Quitamos el cuadro, la pared vacía... Y, sin darme cuenta, me empecé a sumergir en el Adviento. Busqué un cuadro de María, ¡ella sí que supo esperar al Señor! Encontré uno grande (que Israel me ayudó a poner) en el que Ella, con la mano, parece que señala al Sagrario, como diciendo:

-Aquí está mi Hijo, Él es el Salvador que esperas en tu pobreza, en tus momentos de debilidad... es Él.

Poco a poco se me encendía más y más el corazón disfrutando como una enana de todo. La Palabra a los pies del Sagrario a la espera del Niño. ¡Este Adviento es diferente! Dentro me surgió la necesidad de poner una corona de Adviento. Pensar que hoy miles de familias, de parroquias, monasterios encendemos una vela que habla de esperanza, de la necesidad de que Cristo nazca en nosotros, de que es Él nuestra luz...

No teníamos corona en el Noviciado, pero suficientes fueron cuatro velas que encontramos dispuestas en círculo para que podamos saborear y disfrutar de este tiempo que la Iglesia nos regala.

Hoy el reto del amor es que enciendas una vela de la corona de Adviento con tu familia y, si no tienes corona, una vela, una luz. Disfruta del Adviento, pídele al Señor poder sumergirte en él y así prepararte de verdad para la Navidad.

VIVE DE CRISTO


Fuente: Dominicas de Lerma