Gracias al cocinero
Hola, buenos días, hoy Joane nos lleva al Señor. Que
pases un feliz día.
Como somos cuatro en el Noviciado (más Lety a la
cabeza), los días que nos toca cocina nos dividimos en dos turnos de trabajo:
dos hacen la comida y dos friegan, y así vamos rotando.
Ayer nos tocaba a Israel y a mí fregar los platos de
las monjas, mientras que Sión y Verónica se habían ido a descansar al
Noviciado. Cuando las monjas terminaron de comer, se fueron acercando a la
cocina para darnos las gracias por la comida:
-¡Qué rico el puré!
-¡Qué bien hecho el pescado!
Y, claro, a nosotras nos salían los colores, pues no
habíamos hecho nada, y cada vez que decían algo, les remitíamos a Verónica y a
Sión:
-No, no hemos sido nosotras, dadles las gracias a
ellas, hoy somos las del turno de fregado...
El turno de fregado. Ahora en la oración me doy cuenta
de que es donde debemos estar, en el turno de fregado. El Señor te ha creado
con inmenso amor y te regala muchos dones, cualidades para que pongas al
servicio de los demás. Él se encarga de cocinar para que tú puedas servir,
llevar su alimento a los que te rodean, pero muchas veces, ante un
"gracias", o cuando nos valoran, nos creemos los mejores cocineros y
olvidamos que somos del "turno de fregado".
Cuando vivimos en Acción de Gracias, se nos ensancha
el corazón, ponemos al Señor en el centro y se nos hace más fácil descubrirle.
Hoy el reto del amor es que, cuando te den las gracias
o valoren algo que hayas hecho, en alto o en tu corazón, desvíalo hacia el
Cocinero: "Gracias, Señor, por este don que me regalas".
VIVE DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
