Entrega tu debilidad a Cristo
Como ya sabes, hace unos días estaba trabajando,
montando unas reliquias, y, al abrir un bote de loctite, hizo vacío y me explotó
en la cara. El pegamento se me metió en el ojo y se me pegó en la pupila.
Te preguntarás cómo reaccioné, pero, sobre todo, cómo
lo viví. Te comparto desde dentro: la primera reacción fue de "¡Señor, la
que he liado!", el miedo llamó a mi puerta ya que no veía nada, el miedo a
no volver a ver, la incertidumbre de qué me tendrían que hacer para curarme, el
dolor intenso y agudo que me traspasaba.
Todo esto se me pasó por la cabeza, pero mis pies se encaminaron al Oratorio a ver al Señor. Paré con Él y con Él paró mi cabeza. Y en el Oratorio le dije al Señor: "No sé por qué me ha pasado esto, pero todo menos perderte. No me importa tener dolor, pero sólo te pido una cosa: que nada me quite la alegría, que tú seas fuerte en mi debilidad".
Todo esto se me pasó por la cabeza, pero mis pies se encaminaron al Oratorio a ver al Señor. Paré con Él y con Él paró mi cabeza. Y en el Oratorio le dije al Señor: "No sé por qué me ha pasado esto, pero todo menos perderte. No me importa tener dolor, pero sólo te pido una cosa: que nada me quite la alegría, que tú seas fuerte en mi debilidad".
Tuvimos que ir al hospital. La médico que me tocó era
muy maja; yo creo que era la primera vez que veía una monja. Primero me
interrogó sobre mi vocación y por qué me metí monja, que le sorprendía mucho...
y, después de charlar un rato, me curó el ojo. Me dijo que tendría muchos
dolores, pero que me curaría. Le regalé una cruz y me dijo que se la colgaría,
que le impresionaba la felicidad que irradiábamos. Y, contentas por las buenas
expectativas médicas, nos volvimos al convento.
Han sido días de dolor, de mucha debilidad, pero en
ningún momento el Señor ha permitido que la alegría se alejara de mi vida. Lo
he vivido muy de su mano, y me ha enseñado a mirar de otra manera.
Ahora, después de quince días, me han dicho que la
pupila está totalmente regenerada, y que los párpados están normales.
¿Y qué queda? Una experiencia de haber vivido el dolor
de la mano de Cristo y experimentar que nada te puede matar. Porque en la Cruz
de Cristo está todo vencido.
Hoy el reto del amor es ver esa situación que estás
viviendo de debilidad y no vivirla solo, deja que Cristo la viva contigo,
ábrele tu libertad y pídele que nada te quite la alegría de vivir. Pídele hoy
un día nuevo donde brille la Luz de su victoria sobre la muerte. Te deseo que
pases un feliz día y muchísimas gracias por orar por mí, sé que Él os ha
escuchado y todo ha transcurrido como un milagro.
VIVE DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
