El Santo Padre escribe a Mons. Paglia, nuevo presidente de la Pontificia
Academia para la Vida y gran canciller del Instituto de estudios sobre
matrimonio y familia
El Papa Francisco ha dirigido una carta a
mons. Vincenzo Paglia, nuevo presidente de la Pontificia Academia para la Vida
y gran canciller del Pontificio Instituto ”Juan Pablo II” para Estudios sobre
el Matrimonio y la Familia, invitando a las instituciones que le son confiadas
para que trabajen “siempre más claramente en el horizonte de la misericordia”.
El Santo Padre en el manuscrito dirigido al
obispo que era presidente del disuelto Pontificio Consejo para la Familia y a
quien confía esta nueva tarea, le recuerda que desde el Concilio Vaticano II
hasta hoy el Magisterio de la Iglesia profundizó y amplió su conocimiento sobre
matrimonio y familia, incluso con el reciente sínodo sobre la familia y con la
exhortación apostólica Amoris laetitia.
“Es mi intención que los institutos puestos
bajo tu guía se empeñen de manera renovada para profundizar y difundir el
Magisterio, confrontándose con los desafíos de la cultura contemporánea”. Y le
exhorta a que “en el estudio teológico no falte nunca la perspectiva pastoral y
la atención a las heridas de la humanidad”. De manera que los estudios del
Instituto Juan Pablo II, favorezcan la reflexión “para ayudar a las familias a
vivir su vocación y misión en la Iglesia y el mundo de hoy”.
En particular sobre los diversos aspectos
que conciernen el cuidado de la dignidad de la persona humana en las diferentes
fases de la existencia: “el respeto recíproco entre géneros y generaciones, la
defensa de la dignidad de todo ser humano, la promoción de una calidad de vida
humana que integre el valor material y espiritual, en la perspectiva de una
auténtica ‘ecología humana’, que ayude a volver a encontrar el equilibrio
original de la Creación entre la persona humana y el universo entero”.
Por ello Francisco invita a “favorecer el
diálogo cordial y activo con otros Institutos científicos y Centros académicos,
también en el ámbito ecuménico o interreligioso, ya sea de inspiración
cristiana así como de otras tradiciones culturales y religiosas”. Porque
“inclinarse ante las heridas del hombre para comprenderlas, curarlas y
sanarlas, es la tarea de una Iglesia confiada en la luz y en la fuerza de
Cristo resucitado”.
Sin olvidar de afrontar las situaciones de
conflicto “como un ‘hospital de campaña’, que vive, anuncia y realiza su misión
de salvación y de curación precisamente ahí donde la vida de los individuos
está más amenazada por las nuevas culturas de la competencia y del descarte”.
