La Abadía, que ha producido su propia cerveza desde
el siglo XII, cuenta con 490 hermanas, pero sólo Doris continúa con el antiguo
oficio
Desde siempre, monasterios y
abadías han hecho su propia cerveza. La razón no es difícil de entender:
considerando los riesgos de beber agua empozada y sucia (la mayoría de los
riachuelos eran utilizados como cloacas) la cerveza siempre fue una alternativa
mucho más sana.
De hecho, en el siglo VI, una
cerveza podía fácilmente ser parte del desayuno de un niño, de una madre
amamantando, de los enfermos y los ancianos, o de cualquier hijo de vecina, sin
ir muy lejos.
Así, cuando la cerveza tuvo
que pasar de ser una bebida hecha en casa (generalmente por la madre de la
familia) a ser producida en cantidades más grandes, el oficio de “maestro
cervecero” comenzó a ser ejercido por monjes y monjas en las abadías, que
proveían no sólo a la comunidad monástica, sino a peregrinos, huéspedes y
vecinos de las villas cercanas con la bebida.
Doris Engelhard es una monja, heredera de esta tradición. Probablemente,
la última de una estirpe. De niña, en 1961, llegó a Mallersdorf como una
estudiante, en una escuela administrada por la abadía: su madre estaba enferma,
y las monjas se encargaron de educarla y criarla.
Para el año de 1969 ya había aprendido, además, a hacer cerveza, bajo la
tutela de otra hermana, que había estado a cargo del oficio desde 1931.
Ese mismo año, (1969) Doris hizo sus votos, tomó el hábito de religiosa y se
unió a la comunidad monástica de la abadía, donde ha vivido desde entonces,
encargada de producir, anualmente, ochenta mil galones de cerveza.
Fuente: Aleteia
