Todo este
tiempo aquí Él me ha dejado claro que mi experiencia en Río iba a ir más allá
que solo mi desempeño en las carreras
Las Olimpiadas de Río 2016 están llenas de
momentos memorables pero hasta ahora ninguno supera en emoción al que
protagonizaron dos atletas en la primera ronda eliminatoria de la carrera de
5000 metros planos.
En la primera ronda
eliminatoria, la corredora Nikki Hamblin de Nueva Zelanda tropezó y causó sin
querer la caída de Abbey D’Agostino de Estados Unidos. D’Agostino ayudó a
Hamblin a levantarse, y unos metros después la estadounidense estuvo a punto de
abandonar la carrera pero la neozelandesa –en vez de retomar la prueba– la
alentó para que cruzara la meta.
La caída tuvo serias secuelas
en ambas y fueron las últimas en terminar la prueba en medio de una gran
ovación. D’Agostino sufrió una grave lesión y en cuanto cruzó la meta fue llevada
en silla de ruedas para recibir primeros auxilios.
En una declaración publicada en
el sitio web
USA Track & Field, Abbey D’Agostino señaló que “aunque mis
acciones fueron instintivas en ese momento, la única forma en la que pude
racionalizarlo es que Dios preparó mi corazón para responder de
esa forma”.
“Todo este tiempo aquí Él me ha
dejado claro que mi experiencia en Río iba a ir más allá que solo mi desempeño
en las carreras; y en cuanto vi a Nikki levantarse supe que
era eso”, explicó.
Hamblin agradeció el gesto de
D’Agostino. “Independientemente de la carrera y el resultado en el tablero, es
un momento que nunca vas a olvidar por el resto de tu vida, esa chica sacudiendo mi hombro, como:
'Vamos, levántate’”, dijo la atleta neozelandesa a los medios.
D’Agostino es conocida por su
profunda fe cristiana. Creció en el seno de una familia muy católica y en una entrevista,
comentó que si tuviera una máquina del tiempo le “encantaría conocer a la Madre Teresa. Eso haría. Sería especial poder
conversar con ella”.
En aquella ocasión, al ser
cuestionada sobre si su fe es importante para el atletismo, D’Agostino
respondió que “sí, absolutamente. Crecí en una familia católica y estuve
rodeada por alumnos de fe en secundaria, pero no fue sino hasta que ese entorno
me tocó en la universidad e ingresé en grupos cristianos en el campus, que
ocurrió en mí el paso de la mente al corazón”.
“Correr era parte integral de
esa experiencia. No fue sino hasta que comencé a sentir la presión que me di
cuenta que si no hay un propósito eterno detrás de
esto, ¿entonces qué estoy haciendo en realidad?”, continuó.
“Esto –prosiguió– ha sido un
aspecto enorme en mi experiencia y más incluso al compartirla con mis
compañeros de equipo. Uno de mis mejores amigas del equipo fue quien me alentó
a ir a reuniones de grupos cristianos y estoy muy agradecida por eso”.
En sus redes sociales, la
atleta ha expresado varias veces su fe y hace algunos meses compartió una cita
de San Agustín sobre la que estuvo reflexionando: “La gente viaja y se asombra;
ante la altura de las montañas; ante las enormes olas del mar, ante los largos
cursos de los ríos, ante los vastos límites del océano, ante el movimiento
circular de las estrellas, y pasan por delante de sí mismos sin
sorprenderse”.
Aunque sus tiempos no fueron
suficientes para participar en la final, los jueces decidieron darles un pase
directo por el gran gesto que tuvieron en la carrera.
Abbey D’Agostino ha anunciado
que no participará debido a la lesión que sufrió.
En la final la gran favorita
es la etíope Almaz Ayana, quien pulverizó hace unos días en Río, el
récord mundial de 10 mil metros planos.
Fuente:
ACI Prensa
