“El
servicio a los hermanos se transforma en testimonio de amor, que hace creíble y
visible el amor de Cristo”
Francisco comentó el Evangelio, en el que
se observa “a Jesús en la casa de uno de los jefes de los fariseos, donde se ve
cómo los invitados al almuerzo se afanaban por elegir los primeros puestos”.
Recordó entonces que Jesús pide ser el
último pero “no intenta dar normas de comportamiento, sino una lección sobre el
valor de la humildad”.
“La historia enseña que el orgullo, el
arribismo, la vanidad, la ostentación son la causa de muchos males”, destacó.
El Papa explicó que “Jesús nos hace
entender la necesidad de elegir el último puesto, de buscar la pequeñez y el
‘ocultarse’. Cuando nos ponemos ante Dios en esta dimensión de humildad,
entonces Dios nos exalta, si inclina hacia nosotros para elevarnos a sí”.
A este respecto, recordó que “¡Dios paga
mucho más que los hombres! ¡Él nos da un puesto mucho más hermoso que el que
nos dan los hombres! El puesto que nos da Dios está cerca de su corazón y su
recompensa es la vida eterna”.
El Santo Padre también habló de la
hospitalidad que describe Jesús en la segunda parábola del Evangelio. “Se trata
de elegir la gratuidad en lugar del cálculo oportuno que busca obtener una
recompensa”, explicó.
“Los pobres, los sencillos, aquellos que no
cuentan no podrán nunca devolver una invitación a la mesa del banquete. Así
Jesús demuestra su preferencia por los pobres y los excluidos, que son los
privilegiados del Reino de Dios, y lanza el mensaje fundamental del Evangelio
que es servir al prójimo por amor de Dios”.
“Hoy –continuó– Jesús se hace voz de quien
no tiene voz y dirige a cada uno de nosotros un cordial llamado a abrir el
corazón y hacer nuestros los sufrimientos y las ansias de los pobres, de los
enfermos, de los marginados, de los prófugos, de los derrotados de la vida, de
cuantos son descartados por la sociedad y por la prepotencia de los más
fuertes”.
Francisco aprovechó para agradecer a los
voluntarios que “ofrecen su servicio, dando de comer a personas solas,
derrotadas, sin trabajo o sin casa”.
“Estos comedores son gimnasios de la
caridad que difunden la cultura de la gratuidad porque quienes trabajan en
ellas son movidos por el amor de Dios e iluminados por la sabiduría del
Evangelio”.
“Así, el servicio a los hermanos se
transforma en testimonio de amor, que hace creíble y visible el amor de
Cristo”, terminó.
Fuente: ACI
Prensa
