"La mies es mucha, pero los obreros son pocos. ¡Poneos en
camino!" el mandato misionero de Jesús sigue siendo vigente en nuestros
días
Jesús está de
camino: va decidido hacia Jerusalén (Evangelio del
domingo pasado). Es un viaje misionero y comunitario, cargado de enseñanzas
para los discípulos. Jesús había enviado a misión a los Doce (Lc 9,1-6).
Al
poco tiempo Lucas (Evangelio) narra la misión de los 72
discípulos: “Designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por
delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir Él” (v.
1).
¿Quiénes eran y a quiénes representan los 72? Este
número tiene un significado simbólico, que nos lleva a la totalidad de la
misión: 72 (o 70, según algunos códices) eran los pueblos de la tierra
según la ‘tabla de las naciones’ (Gen 10,1-32); otros tantos eran
los ancianos de Israel. Además, 72 es un número múltiplo de 12 e indica la
totalidad del pueblo de Dios. La misión, por tanto, no es tarea solo de algunos
(de los 12), sino también de los laicos. Estos números
hablan de una misión extendida, en la que todos están
involucrados: porque la misión es universal en su origen y destinatarios.
Las instrucciones son múltiples y significativas,
según el estilo de misión que Jesús ha inaugurado. Son instrucciones que valen
siempre, también para nosotros y para los evangelizadores futuros.
- “Los mandó” (v. 1): la iniciativa de
la llamada y del envío es del Señor, el dueño de la mies; a los discípulos les
corresponde la disponibilidad en la respuesta.
- “De dos en dos”: en pequeños
grupos; hay que estar en comunión por lo menos con otra persona, para que el
testimonio sea creíble. Así partieron Pedro y Juan (Hch 3-4; 8,14); Bernabé y
Saulo, enviados por la comunidad de Antioquía (Hch 13,1-4). El anuncio del
Evangelio no se deja a la iniciativa de uno solo, porque es obra de una
comunidad de creyentes. No importa si esta es pequeña, como en el caso de los
padres de familia, primeros educadores de la fe de los hijos.
El compromiso deanunciar
el Evangelio junto con otros no es tan solo un problema de mayor
eficacia, sino porque el hecho de hacerlo juntos expresa la comunión y es
garantía de la presencia del Señor: “Donde dos o tres se reúnen… yo estoy en
medio de ellos” (Mt 18,20).
- Los mandó “por delante”: ellos
son portadores del mensaje de otra persona; no son propietarios o
protagonistas, son precursores de Alguien que es más importante, que vendrá
después, para cuya venida ellos deben preparar mentes y corazones de los
destinatarios, que se encuentran en todas partes.
- “La mies es abundante, pero son pocos los
obreros”. (v. 2) ¡Hacen falta más obreros! Hoy la situación es la
misma que ayer. Los desafíos de la misión varían según los tiempos y los
lugares, pero son siempre exigentes. Y, por tanto, valen hoy las mismas
soluciones que Jesús proponía entonces.
- “Rueguen, pues... y vayan...” (v.
2-3): la solución que Jesús ofrece es doble: “Rogar e ir”. Rogarpara
vivir la misión en sintonía con el Dueño de la mies, ya que la misión es gracia
que se ha de implorar para sí y para los otros. E ir, porque en
cada vocación, común o especial, el Señor ama, llama y envía. “Rogar e ir”: dos
momentos esenciales e irrenunciables de la misión.
- El mensaje a llevar es
doble: el don de la paz (Shalom) en el
sentido bíblico más completo, para las personas y las familias (v. 5); y el mensaje que “está
cerca de ustedes el reino de Dios” (v. 9.11). El reino de
Dios se construye y se mezcla en la historia; el Reino es, en primer lugar, una
persona: Jesús, plenitud del reino. El que lo acoge encuentra la vida, el
gozo, la misión: Lo anuncia a todos.
- El estilo de la misión de
Jesús y de los discípulos es lo contrario al estilo de los poderosos de turno o
de las multinacionales. La misión no se basa sobre la voluntad de dominio, la
arrogancia y la codicia (cosas de lobos: v. 3), sino sobre una
propuesta humilde, respetuosa, libre de seguridades humanas (alforja,
sandalias, v. 4), cuida de los más débiles (enfermos, v. 9), se
ofrece con gratuidad, sin buscar compensaciones (v. 20).
- El Evangelio de Jesús es un
mensaje de vida auténtica, porque invita a poner la confianza solo en Dios, que
es Padre y Madre (I lectura); y a fiarse de Cristo crucificado y
resucitado (II lectura).
- Los obreros son pocos, pobres,
débiles frente a un mundo inmenso; Pablo halla fuerza solo en la cruz de Cristo
(v. 14)… Son signos y garantía de que el Reino pertenece a Dios,
que la Misión es suya.
Romeo Ballán
Fuente: OMP
