Están orientados a la
edificación de la Iglesia
Estamos
hablando de dones espirituales, no del don natural que tienen muchas personas
con carisma para determinadas actividades humanas.
Los cristianos,
con frecuencia, no somos conscientes de todo lo que recibimos constante y
gratuitamente de Dios. Por ejemplo, en el bautismo y otros Sacramentos todos
recibimos algo tan excelente como los “Dones del Espíritu
Santo”, de forma ordinaria y permanente.
Estos
maravillosos siete dones son:
Temor de Dios: que nos hace vivir en su presencia.
Inteligencia: que nos da a conocer su verdad.
Sabiduría: que nos hace ver el sentido de las cosas.
Prudencia: que nos descubre los caminos rectos.
Justicia: que busca la rectitud en todo.
Valentía: para atreverse a hacer las cosas y realizarlas.
Modestia: que hace respetar a Dios y mantener las cosas en su justo lugar.
¿Qué son los
carismas?
Pero, además,
algunas personas concretas, reciben carismas. La Iglesia,
en el Catecismo n. 799 nos dice: “Extraordinarios o sencillos y humildes, los
carismas son gracias del Espíritu Santo, que tienen directa o indirectamente
una utilidad eclesial; los carismas están ordenados a la
edificación de la Iglesia, al bien de los hombres y a las necesidades del
mundo”.
Por tanto, los
carismas son gracias extraordinarias del Espíritu Santo que permiten actuar en
aspectos o circunstancias determinadas.
Los carismas no
son requisitos para la salvación personal, no es más santo el que tenga
mayores carismas, y no se reciben por el bautismo ni por ningún otro
sacramento.
¿Para qué son
los carismas?
Dios los
concede de forma incomparable dentro de la Iglesia, por los méritos de
Cristo, para el bien común, y para la renovación y construcción y
utilidad de la Iglesia. En cada carisma el Espíritu revela su
presencia con un don que también es un servicio.
El Espíritu
Santo los concede a quien él quiere, con lo que lo capacita y dispone para
asumir algunas obras y funciones específicas.
En el n. 800
del Catecismo:”…son una maravillosa riqueza de gracia para la vitalidad
apostólica y para la santidad de todo el Cuerpo de Cristo. Los carismas
constituyen tal riqueza siempre que se trate de dones que provienen
verdaderamente del Espíritu Santo y que se ejerzan de modo plenamente
conforme a los impulsos auténticos de este mismo Espíritu…”
¿Cómo actúan?
Son gracias que
pueden ser desde transitorias a más o menos constantes. El Espíritu Santo los
da y los quita según su beneplácito. Por eso se debe discernir cada
expresión de apariencia carismática si provienen de Dios, o no.
Los carismas
surgen con formas nuevas y diferentes según las necesidades de la Iglesia.
¿Cuáles son los
carismas?
Es un empeño
inútil tratar de hacer un esquema rígido dentro del cual cupiese toda la
infinita dinámica del Espíritu.
Ni en el
Catecismo de la Iglesia Católica ni en Lumen Gentium del Concilio Vaticano II hay listados exhaustivos de carismas.
San Pablo enumeró
una serie de carismas en 1Co 12, 4-12:
“Ciertamente,
hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu. Hay diversidad
de ministerios, pero un solo Señor. Hay diversidad de actividades, pero es el
mismo Dios el que realiza todo en todos. En cada uno, el Espíritu se manifiesta
para el bien común. El Espíritu da a uno la sabiduría para hablar; a otro, la
ciencia para enseñar, según el mismo Espíritu; a otro, la fe, también el mismo
Espíritu. A este se le da el don de curar, siempre en ese único Espíritu; a
aquel, el don de hacer milagros; a uno, el don de profecía; a otro, el don de
juzgar sobre el valor de los dones del Espíritu; a este, el don de lenguas; a
aquel, el don de interpretarlas. Pero en todo esto, es el mismo y único
Espíritu el que actúa, distribuyendo sus dones a cada uno en particular como él
quiere. Así como el cuerpo tiene muchos miembros, y sin embargo, es uno, y
estos miembros, a pesar de ser muchos, no forman sino un solo cuerpo, así
también sucede con Cristo”.
Teniendo en
cuenta que no podemos elaborar un listado completo de carismas, si
se han realizado esquemas orientativos:
- Los que se refieren a la instrucción de los
fieles: el carisma de apóstol, de profeta, de doctor, de
evangelista y de exhortador, la palabra de sabiduría, la palabra de
ciencia, el discernimiento de espíritus, el don de lenguas, el don de
interpretar las lenguas.
- Los que tiene que ver con el alivio de los
fieles: el carisma de limosna, de la hospitalidad, el don
de asistencia, el de la fe, las gracias de curaciones, el poder de
milagros.
- Los relacionados con el gobierno de la comunidad: el carisma de pastor, el de aquel que preside, los dones de
ministerio, los dones de gobierno.
- Hay muchos más carismas, como son por ejemplo, el carisma de la vida religiosa, el carisma de
la infalibilidad del Sumo Pontífice.
En cualquier
caso, la Iglesia, prudentemente establece que “Por esta razón parece siempre
necesario el discernimiento de carismas. Ningún carisma dispensa de la
referencia y de la sumisión a los pastores de la Iglesia” (n.800 del CIC)
