10
ocasiones en las que se malentiende la caridad
La definición del
Catecismo sobre la caridad es que es la «virtud teologal por la cual amamos a
Dios por sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos» (CEC
1822) y nosotros nos vamos a quedar por ahora con la segunda parte de la
definición, esa que tiene que ver con amar al prójimo y que la forma es «como a
nosotros mismos».
Seguro que te ha tocado
enseñar sobre la caridad y probablemente a diario te esfuerzas por vivirla. Es
que la caridad es importante porque el mismo Jesús hizo de ella el mandamiento
nuevo (Cf Juan 13, 34) y luego de eso San Pablo nos enseña que si no tengo
caridad no soy nada y peor aún, nada de lo que haga me sirve. (Cf 1Co 13, 1-3).
Esto de la caridad es un asunto importante para quienes hacemos apostolado como
tú y como yo, pues debemos vivirla para predicar con el ejemplo, debemos
enseñarla para que los demás la vivan y por sobre todo debemos pedirla a Dios
pues es un don sobrenatural.
¿Cómo es eso de que es
sobrenatural? La caridad es más que el amor. El amor es natural. La caridad es
sobrenatural, es divina. La caridad es poseer en nosotros el amor de Dios. Es
amar como Dios ama, con su intensidad y con sus características. Esto puede
sonarnos grande y muchas veces lo interpretamos de forma errada porque cuando
lo llevamos a la práctica le agregamos el «como a nosotros mismos». Es decir,
amamos caritativamente, pero damos manga ancha; confundimos que ser caritativos
con el ser permisivos; intentamos expresar nuestra caridad y terminamos siendo
asistencialistas y no dejamos a los demás crecer y dar sus propias peleas.
Es por eso que queremos
ofrecerte una galería para ayudar a ejemplificar qué es caridad y que no es,
para que así, teniendo referencias más concretas, podamos pedirla a Dios,
podamos vivirla a diario y enseñarla a quienes acompañamos.
1. Amar al otro implica
buscar que comprenda que no todo está bien
Igual que como hacemos
cuando educamos a un pequeño niño, no debemos ser permisivos. Amar al otro y a
sus fragilidades implica al mismo tiempo, buscar que comprenda que no todo está
bien, que no puede hacer todo lo que desee y que en ocasiones tendrá que aceptar
los "no". Los primeros que tenemos que aprender eso somos nosotros
mismos: Si nos dicen que no, es por amor y queriendo lo mejor para nosotros.
2. Ayudar al otro a
descubrir sus errores significa que lo estoy amando
Dios nos ama de forma
incondicional, es decir, a pesar de que no hacemos todo bien, su amor sigue
ahí. Que su amor sea incondicional no quiere decir que está de acuerdo con todo
lo que hacemos. Eso mismo es lo que tenemos que expresar a aquellos que están
errando el camino. Amarlos caritativamente implica corregirlos con amor y no
permitirles que se extravíen o que comentan errores; no estaría bien dejarlos
así tal cual solo porque "los amamos y no podemos decirles que no".
3. Amar como a mi
mismo, significa amarme correctamente
Si para amar al
prójimo, el requerimiento fundamental es amarme a mi mismo, entonces debo
comenzar por ahí; por mi mismo. Tanto nuestro prójimo como nosotros tenemos
dignidad de hijos de Dios y dignidad humana, por lo tanto ser caritativo no es
sinónimo de dejarse pasar a llevar.
Dice la expresión popular que debemos ser mansos, pero no mensos (faltos de entendimiento o de razón)
Dice la expresión popular que debemos ser mansos, pero no mensos (faltos de entendimiento o de razón)
4. Es un error pensar:
¿Quién soy yo para reprochar al otro si yo también lo hago?
No puedo editar el
Evangelio solo porque hay pasajes que no soy capaz de vivir. Nos pasa que
predicamos solo aquello que nos sale bien, pero como la mayoría de las cosas
nos cuesta mucho hacerlas, predicamos poco para no quedar por hipócritas. Nadie
quiere ser como el "Cura Gatica, que predica pero no practica". Amar
al prójimo trae consigo que compartas con él toda la verdad, incluso aquella
que no eres capaz de vivir, y en ese proceso, tu mismo vayas haciendo el
esfuerzo por hacerla parte de tu vida.
5. Corregir al otro
implica hacerlo con amor
Usamos la
expresión"tengo que decirte algo por tu propio bien", pero parece que
no tenemos nada bueno que decirle. Hay ocasiones que vamos con la excusa de la
corrección fraterna y que queremos lo mejor para nuestro hermano, pero lo que
realmente hacemos es ser duros y castigadores. Está bien, tenemos que corregir,
pero primero va el amor y luego la corrección.
Nunca olvides que a quien tienes frente a ti no es solo a tu hermano, sino que es Cristo mismo, sufriente y adolorido, quien en las fragilidades se hace presente. ¿Serías igual de duro con tus palabras si fuera Jesús quien está delante de ti?
Nunca olvides que a quien tienes frente a ti no es solo a tu hermano, sino que es Cristo mismo, sufriente y adolorido, quien en las fragilidades se hace presente. ¿Serías igual de duro con tus palabras si fuera Jesús quien está delante de ti?
6. Buscar lo mejor para
quien amamos, implica un esfuerzo
Cuidemos del otro como
a un tesoro frágil, busquemos siempre lo mejor para él pero recordemos
que eso duele. La caridad vivida al modo de Jesús implica renuncia
e incomodidad, por lo tanto si crees que estás siendo caritativo pero la
experiencia está siendo demasiado cómoda, cuestionate. No es que amar sea algo
desagradable, pero quizás puedas ir un paso más adelante y amar con más intensidad.
Santa Teresa de Calcuta tiene frases que expresan esta realidad:
«El amor, para que sea auténtico, debe costarnos».
«Ama hasta que te duela. Si te duele es buena señal».
«El amor, para que sea auténtico, debe costarnos».
«Ama hasta que te duela. Si te duele es buena señal».
7. Una parte de cuidar
con amor es permitirle al otro sanar sus heridas
Seguro sabes la
historia de aquel hombre que enseña a pescar en vez de dar los pescados. La
caridad expresada en actos solidarios o benéficos, muchas veces se confunde con
el asistencialismo. Nuestro prójimo tiene valor por sí mismo y no depende
completamente de nosotros y de nuestra ayuda.
Nuestra caridad no debe invalidar al otro, sino que acompañarle a sanar, a cuidar de sí mismo y a que él mismo pueda vivir la caridad no solo como el beneficiario, sino que como quien ama. Todos tenemos la capacidad de amar.
Nuestra caridad no debe invalidar al otro, sino que acompañarle a sanar, a cuidar de sí mismo y a que él mismo pueda vivir la caridad no solo como el beneficiario, sino que como quien ama. Todos tenemos la capacidad de amar.
8. Amar al otro
significa reconocer su valor
No amamos por lástima.
Tampoco lo hacemos porque nuestro prójimo sea un pobre ser limitado que no
puede valerse y no entiende nada de la vida.
San Pablo nos dice "Sean humildes y consideren a los demás como superiores a ustedes mismos... tengan entre ustedes los sentimientos de Cristo" (Filipenses 2, 4b-5). Amar caritativamente expresa que quien está a mi lado es valioso, es importante y digno de ser amado pues Jesús mismo lo ha amado.
San Pablo nos dice "Sean humildes y consideren a los demás como superiores a ustedes mismos... tengan entre ustedes los sentimientos de Cristo" (Filipenses 2, 4b-5). Amar caritativamente expresa que quien está a mi lado es valioso, es importante y digno de ser amado pues Jesús mismo lo ha amado.
9. La caridad es
desinteresada
En muchas partes la
caridad y la solidaridad se confunden. Muchos hacen actos solidarios para
expresar caridad y los organismos de beneficencia hacen que la solidaridad sea
visible y muy bien vista. De hecho, en muchas ocasiones te dan un comprobante
(sticker, pulsera, boleta) por tu acción caritativa-solidaria, para que todos
sepan de tu buena acción.
Amamos porque Jesús lo
instituyó como mandamiento. Amamos porque es el centro de la vida de los
cristianos. Amamos porque hemos experimentado el amor de Dios. Nada de eso lo
hacemos por interés, por aparecer, por figurar o ser reconocidos.
10. La caridad no solo
es un sentimiento bonito
El amor que nace de
Dios como don puede ser de tres tipos:
- Apreciativo: cuando
la inteligencia comprende que Dios es el máximo bien y esto es aceptado
conscientemente por la voluntad.
- Efectivo: cuando lo
demostramos con acciones.
- Sensible: cuando el
corazón lo siente.
Para que la caridad sea
verdadera debe ser apreciativa y efectiva, pero no necesariamente sensible,
pues si dependiéramos de los sentimientos para ser caritativos, la caridad
estaría casi extinta.
Es que las realidades
espirituales (como la caridad), son más difíciles de sentir que las realidades
físicas. Por ejemplo, nos puede doler más una enfermedad que el haber pecado
gravemente, pero el no sentir dolor por ese pecado no lo hace menos grave.
Por: Sebastián Campos
