"Me convertí en las
piernas de mi hijo": Un viaje poco convencional en el sur de Francia
Hugo es un chico de 7
años con una sonrisa arrebatadora. Su padre David trabaja mucho y, como quería
pasar un tiempo especial con su hijo discapacitado, afectado de la enfermedad
de Little (un tipo de parálisis cerebral infantil) desde su nacimiento,
decidieron hacer corriendo el trayecto de Perpiñán a Lourdes.
Al día siguiente de la
magnífica aventura que acaba de vivir con su hijo Hugo, David Ludtke confiesa
“tener el corazón un poco pesimista”.
Pero no ha sido
impedimento para que David y su hijo Hugo se regalaran una aventura poco
convencional surcando el sur de Francia.
Decimos que se la
regalaron porque este periplo venía con forma de regalo anticipado por
el cumpleaños de David y Hugo, ambos nacidos un 23 de agosto.
Debido a las horas
intempestivas de su trabajo, David lamentaba no poder pasar más tiempo con sus
gemelos, Hugo y Loïc.
“Me marcho temprano y
a menudo vuelvo tarde, cuando ya están acostados“, explica el padre.
Un día, David, no
contento con la situación, decidió hacer algo al respecto y preparó las bases
de este viaje.
“Tenía ganas de hacer
vivir a Hugo experiencias que no podría tener por sí solo. Así que, durante
varios días, me convertí en las piernas de mi hijo”.
“¡Hugo
tienen una fortaleza increíble!”
Una vez equiparon la
silla de ruedas de Hugo con unas ruedas especiales, David salía regularmente a
pasear algunas horas de paseo con su hijo.
Buen
deportista, el alsaciano abandonó la bicicleta, su deporte preferido, por la
carrera a pie empujando la silla, que había acondicionado para la ocasión.
“Me di cuenta de que
disfrutaba mucho más compartiendo esos instantes con él que cuando salía solo
con mi bici”, relata este bondadoso padre.
David Ludtke llevaba
meses preparando el viaje. Quería poder disfrutar el viaje con seguridad, pero
dejando margen también para conocer gente nueva y para la espontaneidad de los
encuentros.
“Había decidido no
preparar de antemano los lugares donde pasaríamos la noche”, explica.
“Estaba seguro de que todo iría bien. Tenía confianza en la bondad de la
gente”.
En efecto, esta
aceptación del azar de los encuentros les permitió conocer a sus
anfitriones en profundidad e incluso pasar dos noches con los bomberos. “¡Un
auténtico sueño para Hugo!”, comenta divertido el padre
.
Durante la ruta, padre e
hijo debieron afrontar unas condiciones climáticas difíciles: el viento, la
lluvia, el calor, etc.
“¡Hugo hizo gala de una
fortaleza increíble! ¡No todo el mundo es capaz de pasar horas bajo la
lluvia y continuar sonriendo!”, afirma con admiración David.
“El
hándicap de Hugo me hizo crecer”
Tanto uno como otro
aprendieron a conocerse mejor durante las horas que pasaron en el
camino.
“Nos
dijimos ‘te quiero’, hablamos de nuestros deseos de futuro… Mi hijo, como todas las personas discapacitadas,
es un ser excepcional”, expresa David, que reconoce haber necesitado varios
meses para aceptar la discapacidad de Hugo.
“Lo cierto es que ahora
pienso que su presencia en mi vida no es una casualidad. Me ayuda a
crecer cada vez más”, asegura el padre de Hugo.
Su discapacidad empuja
también a David a preguntarse sobre el sentido de nuestra existencia.
“Desde el fin de la
adolescencia, estoy convencido de que la vida no se reduce a nacer,
comer, trabajar y morir. Hay otra cosa”.
De ahí la decisión de
poner el fin de su aventura en la ciudad mariana de Lourdes. “Yo ya
había estado allí como un simple turista y me conmovieron la belleza y la
hermosa energía del lugar, de la basílica”, recuerda David.
El domingo 13 de junio,
David y Hugo recorrieron los últimos kilómetros antes de llegar a Lourdes en
compañía de la madre de Hugo y de su hermano gemelo Loïc, no discapacitado.
“Me hubiera encantado
que nos acompañara en bicicleta, pero me pareció que no era lo bastante
seguro”, explica David, que ya está pensando en nuevas aventuras, esta
vez con la familia al completo.
Una vez en Lourdes, Hugo
y David fueron recibidos por un grupo de personas discapacitadas parte de la
Oficina cristiana de personas discapacitadas francobelga (OCH), cumpliendo
también con el espíritu de este Jubileo de la Misericordia promovido por el
papa Francisco.
Además, Hugo sospecha de
que su padre ha querido llegar ese domingo en concreto para que hubiera muchas
personas para recibirles.
Los padres de Hugo
buscan fondos para mejorar el día a día de su hijo y seguir el tratamiento de
nuevas terapias.
Fuente: Aleteia
