Asistió a
un retiro del Cursillo de Cristiandad y obtuvo lo que la brujería no le pudo
dar: un solo Dios, tres hijos y mucha felicidad
Los caminos para llegar a Dios,
consolidar una familia y encontrar la vocación con la cual servir a los demás,
a veces no son los que se planifican. La historia de Henry Tovar Mendoza no
escapó de esos zigzagueantes recorridos que determinan la vida de las personas,
y este 28 de julio celebra 26 años de su ordenación como diácono permanente de
la Diócesis de Guarenas (Venezuela). Su historia es un interesante testimonio.
Se casó en 1967 y quiso tener hijos muy
pronto, pero la naturaleza se los negaba, según contó a Aleteia. Inició
entonces la búsqueda de sus descendientes con la “ayuda” de brujos y
espiritistas. “Bárbara y yo nos refugiamos en la brujería”,
dijo Henry Tovar.
Asistieron con frecuencia a centros
espiritistas y a la Montaña de Sorte, una especie de santuario del espiritismo
en el estado Yaracuy. “Escalé
posiciones y llegué a ser materia (médium) del indio Guaicaipuro; y mi esposa
Barbará de la India Rosa”, indicó.
Convierten su residencia en Guarenas en
un centro del ocultismo. Allí se hacían secciones espiritistas y participaban
muchas personas de diferentes partes de Caracas y del país. Comenzaban el
viernes en la noche hasta el sábado en la mañana.
“Yo había aprendido tanto que en mi casa
leía tabaco y echaba las cartas”, dice el espigado diácono
nacido en Caracas el 25 de mayo de 1954. Al menos, cuatro veces al año acudían
al Monumento Natural “María Lionza” en la Montaña de Sorte; y pensando “que
estaba en buen camino”, en muchas ocasiones llevó a sus familiares.
Henry alternaba su profesión de bombero
de Caracas con la práctica de la brujería en la que cada vez cobraba mayor
renombre. “Llegué
a ser muy respetado, pero no sé si era por los aportes económicos que recibía o
por mi condición de ser materia”.
Sin embargo, ya eran nueve años y aquella motivación
inicial como era conseguir descendencia, no la lograba con el apoyo de esta
creencia. Por ello, refugió sus sentimientos de padre en los
sobrinos de su esposa Bárbara: Carmen Cristina y Ángel Ramón a quienes Henry “presenta
como si fueran hijos de él”.
Y llegó el cursillo de cristiandad…
“Luego de tanto buscar donde no debía”,
un señor de nombre Ezequiel Escalona lo invita a realizar un cursillo de
cristiandad el 11 de marzo de 1982. “Fui en contra de mi voluntad ya que tenía
programado un viaje a Sorte”. A la semana asistió Bárbara “a
regañadientes”, porque según aducía: “A Henry me lo cambiaron en ese cursillo”.
Inmediatamente la pareja experimenta un
cambio en sus vidas y terminan sus andanzas en la brujería. Primero se ponen a
la orden del padre Pío Zabala en la parroquia “Nuestra Señora de Coromoto”; y
luego, son enviados al padre Jesús Zataraín, en la iglesia “Sagrado Corazón de
Jesús”, en Guarenas, donde trabajan desde entonces.
Pero el matrimonio Henry y Bárbara,
recibió otra buena noticia: “Al mes de haber salido del cursillo de
cristiandad, el Señor Dios nos premia con la bendición del embarazo de nuestro
primer hijo, José de Jesús”, narró con alegría Tovar Mendoza.
En su conversión, Tovar cumple funciones de
asistente del padre Zataraín y luego que este fallece, del presbítero Fernando
Moretta. Un día, sin muchas explicaciones, Fernando lo envía a estudiar en Los
Teques. Después de tres años fue ordenado diácono permanente el 28 de julio del
año 1990 por monseñor Pío Bello Ricardo. Fernando deja de ser párroco y asume
su hermano de sangre, Tarsicio Moretta con quien trabaja.
En la parroquia Sagrado Corazón de Jesús,
una de las iglesias con mayor asistencia de feligreses y jóvenes en la Diócesis
de Guarenas, ha sido designado por dos ocasiones como administrador parroquial,
por el obispo Gustavo García Naranjo.
Ha casado hijos y bautizado nietos
Declaró que entre las satisfacciones como
diácono ha estado haber representado a la diócesis de Guarenas y a Venezuela en
el Primer Congreso de Diáconos Permanentes de Latinoamérica y del Caribe, en
Perú, en agosto de 1998. “También me ha llenado de mucho entusiasmo haber
casado a mis hijos, sacramentos que igualmente he conferido a mis sobrinos;
además de bautizar y darles la primera comunión a mis nietos”.
No dejó de comentar que entre los
momentos más difíciles como diácono, fue realizar las exequias a su hermano
José, a su esposa Clara y a su sobrino Bobney, quienes fallecieron como
consecuencia de un accidente en agosto de 2004.
El pasado 14 de julio, con motivo del
natalicio (bicentenario) de Francisco de Miranda, el Gobernador de esta
entidad, Henrique Capriles Radonski, entregó un reconocimiento: “Condecoración
Generalísimo Francisco de Miranda en su primera clase”, a Henry Tovar, por el
desempeño de sus funciones religiosas en la diócesis de Guarenas.
Ramón Antonio Pérez
Fuente:
Aleteia
