El maltrato contra la mujer empieza en la adolescencia
Tenía 14 años cuando
empezó a salir con él. María inició, inocente y emocionada, una relación con el
chico malote cinco años mayor que ella que pronto convirtió su vida en un
“verdadero infierno”.
No había pasado ni un año y la joven andaluza ya había perdido
la relación con sus amigas, había dejado a un lado sus hobbies y hasta se
vestía a petición de su novio para evitar que se enfadase.
A los dos años la pegó
en plena calle. “Ahí fue cuando me di cuenta de que estaba siendo víctima de
violencia machista”, afirma. Tras pedir ayuda a una organización especializada,
María puso fin a su relación.
“Pero, en muchas
ocasiones, las agresiones continúan también después la ruptura e, incluso, se
recrudecen”, explica Olga Barroso, psicóloga y coordinadora de la unidad de
atención especializada a mujeres adolescentes víctimas de violencia de género
que la Fundación Luz Casanova gestiona para la Comunidad de Madrid. Fue el caso
de María. “Tanto él como la gente de su entorno empezaron a acosarme, y
tuve que cambiar el número de teléfono. Hasta pensé en marcharme a otro país
para no tener que salir a la calle con miedo”, confiesa.
El de María no es un
caso aislado. Según la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer 2015,
realizada por la Delegación de Gobierno para la Violencia de Género, “el
16,8 % de las mujeres de 16 a 24 años residentes en España y que tienen pareja
en la actualidad ha sufrido violencia por parte de su pareja actual en los
últimos doce meses”, recuerda Julia Almansa, directora de la Fundación
Luz Casanova.
La tendencia va en
aumento. Según la Fundación Anar, que tiene a disposición de las menores un
teléfono de atención 24 horas, las llamadas por violencia de género han
aumentado una media de un 25 % en los dos últimos años. Algunas de las niñas
tan solo tienen 12 años.
La cifra, ya de por sí
escalofriante, no se corresponde del todo con la realidad. Hay muchos más casos
que todavía no han sido identificados. “Las jóvenes tienen una
percepción muy baja de las conductas violentas. Creen que el maltrato se limita
a agresiones físicas, pero no identifican aspectos como el control, la
coacción, el chantaje, las amenazas o los insultos”, señala Almansa. María
no fue consciente del maltrato al que estaba sometida hasta que fue agredida
físicamente. Pero llevaba ya dos años siendo víctima de la violencia machista.
Prevención
en los colegios
La labor de prevención y detección de violencia de género en centros escolares que realiza la Fundación Luz Casanova es parte fundamental para identificar estas agresiones y frenar su aumento. Solo en el último curso, las psicólogas de la organización, perteneciente a la Obra Social de las religiosas Apostólicas del Corazón de Jesús –congregación que lleva más de 25 años trabajando contra la violencia de género–, han impartido talleres en 20 centros educativos de la Comunidad de Madrid, tanto públicos como concertados y privados, que han contado con un total de 1.118 asistentes, entre estudiantes, profesores y padres de alumnos.
“El trabajo que hacemos
con ellos es en positivo: explicamos cómo son las relaciones de pareja sanas.
Además, ponemos ejemplos concretos de violencia machista en una pareja y de qué
hay que hacer cuando saltan las alarmas, tanto en su propia relación como en la
de la gente de su entorno”, señala Paula Roldán, psicóloga de Luz Casanova y
responsable de los talleres en centros escolares.
El equipo de psicólogas
de la organización anima a los estudiantes durante los talleres a romper con la
aceptación del maltrato dentro de los círculos sociales: “A los chicos
les decimos que cuando un compañero cuenta un chiste machista y no les hace
gracia, que sean valientes y lo digan. Ellos son los primeros agentes de
cambio”. Roldán reconoce que si un amigo le dice a otro que lo que está
haciendo con su novia no está bien, «tiene más impacto que 800 campañas de
sensibilización».
“Aún
vivimos en desigualdad”
No hay una causa
exclusiva de la violencia de género en adolescentes, «pero hay un rol social
que no podemos obviar», señala Paula Roldán. «El mensaje de que el hombre tiene
el poder sobre la mujer está presente, de forma constante, en nuestra vida
cotidiana, en las series de televisión, en las películas, en las canciones, en
la moda, en la publicidad, en los chistes entre amigos…». Es necesario que,
ante esta situación, «la sociedad española reaccione.
Hace poco una campaña
inglesa denunciaba la publicidad que usa el cuerpo de mujer como un objeto.
Pero en España es difícil competir con actores de moda como Mario Casas, que
muestra a las adolescentes en la película Tres metros sobre el cielo un mensaje
muy preocupante: “Cuánto más te controlan, más te aman”, admite la psicóloga. “Esta
presión social puede llevar a esta situación a cualquier chica,
independientemente de cual sea su entorno”, añade Olga Barroso.
Otra de las causas
procede de la educación en el seno de las familias. “Nos encontramos chicos que
piensan que es legítimo agredir a su chica si, cuando sean marido y mujer, no
le deja las zapatillas en su sitio”, explica la especialista. “No podemos negar
que todavía vivimos en una desigualdad brutal. Cuando preguntamos a los
adolescentes si alguna persona adulta relevante de su entorno les ha
transmitido que, para que funcione bien una relación, el hombre tiene que tener
un estatus superior a la mujer, la respuesta siempre es sí”, afirma la
psicóloga.
Lo que ponen de relieve
las psicólogas de Luz Casanova es que “no se puede demonizar a las familias.
Necesitan espacios donde sentirse escuchados y acompañados”, pero también donde
se les otorguen pautas, porque “si criamos a nuestros hijos diciéndoles que no
pueden llorar, que tienen que ser más agresivos, que no pueden hablar de su
mundo emocional… fomentamos una ideología que luego tiene consecuencias muy
negativas”, concluye Barroso.
Cristina Sánchez Aguilar
Artículo
originalmente publicado por Alfa y Omega
