Catequesis para toda la familia
Hace unos días me contaban
de un profesor que se había dirigido a una alumna con estas palabras: “Anda,
tonta, vete a tu rincón”. Quien me lo decía era un compañero de la chica y parecía
aprobar las palabras y la actitud de su maestro. Al ver mi cara de disgusto,
exclamó: “¡Usted no sabe lo pesada y molesta que es ella!
Este
incidente me trajo a la memoria una práctica muy extendida. El llamado
“rincón de pensar” es un lugar de la casa a la que los hijos pequeños son enviados como
castigo de sus trastadas. En una primera aproximación parece una costumbre
sana.
El progenitor no se enfada ni grita. Tampoco parece un verdadero castigo. Al niño se le está diciendo: Ve al rincón de pensar y medita un poco lo que has hecho. Cuando hayas terminado, podrás volver. No importa si estás de pie o sentado. Lo importante es que allí estás para darte cuenta de tus faltas y así podrás pedir perdón”. No hay tampoco falta de respeto ni malos modos.
El progenitor no se enfada ni grita. Tampoco parece un verdadero castigo. Al niño se le está diciendo: Ve al rincón de pensar y medita un poco lo que has hecho. Cuando hayas terminado, podrás volver. No importa si estás de pie o sentado. Lo importante es que allí estás para darte cuenta de tus faltas y así podrás pedir perdón”. No hay tampoco falta de respeto ni malos modos.
Sin
embargo, veo que el punto flaco de esta práctica está precisamente en el
significado simbólico del rincón. Se ve claro ese significado en el caso del
rincón de la niña:
fue enviada ahí a “su” rincón porque el profesor no podía expulsarla de
clase. El hijo pequeño
tampoco puede ser expulsado de casa ni puesto sencillamente en el rellano de la
escalera. Entonces, se busca un rincón que representa la expulsión, es decir,
se le está diciendo tácitamente: Mientras te comportes así, no podrás estar
con los demás. Puedes volver, pero siempre que cambies y te portes bien.
Puede
advertirse la diferencia entre el “rincón” y “su cuarto o habitación”. Allí,
en su propio hábitat, es decir, en su casa, el niño puede estar pensando en lo
que ha hecho y así recapacitar y pedir disculpas de su mala actuación. La
corrección de los hijos es un gran bien, pero se malogra si se introduce una relación
de justicia puramente legal: se te quiere si te portas bien; si no, no mereces
el cariño. En la Exhortación Amoris Laetitia el Papa Francisco alude a este
amor incondicional que los niños deben descubrir en la propia familia y que
forma parte de la misericordia: “Muchos terminan su niñez sin haber sentido
jamás que son amados incondicionalmente, y eso lastima su capacidad de confiar
y de entregarse” (AL 240).
La familia es la Iglesia
doméstica y en ella siempre hay lugar para todos. Son aplicables por tanto
estas otras palabras del Papa, que emplea para referirse a toda la Iglesia y a
sus instituciones: “Se trata de integrar a todos, se debe ayudar a cada uno a
encontrar su propia manera de participar en la comunidad eclesial, para que se
sienta objeto de una misericordia inmerecida, incondicional y gratuita” (AL
297).
El
rincón de pensar tiene una connotación negativa. Llevar al rincón puede
manifestar una actitud expulsiva, marginadora y excluyente y no el amor
incondicional que constituye el corazón de la misericordia.
Por:
Carmen T. Francisco M.
Fuente:
Zenit
