CELABRAMOS NUESTRA ASAMBLEA PARROQUIAL DE FIN DE CURSO 2015/16

Caminante, no hay camino. Se hace camino al andar


Los que amamos el camino de Santiago, y además hemos podido vivirlo, sabemos cuán cierta, hermosa y profunda es esa cita de Machado. Qué importante es saber vivir cada paso, cada jornada, cada etapa en su justa dimensión y medida. 

Cada paisaje, cada momento, con su marco concreto, con sus compañeros o con su silencio y soledad. Con sus alegrías, con sus dolores… Cada paso es único y hay que saber darlo. Hay que recibirlo y saber también dejarlo atrás, con todo lo que trajo a nosotros. 

Y así, poco a poco, día a día, aunque al principio pudiera parecer lejano, llega el final, la meta. Se ha dicho también que este camino de Santiago, como cualquier peregrinación, es la gran metáfora de la vida misma. Nuestra meta última es Dios. Nos hiciste, Señor, para ti, -dice San Agustín-, y nuestro corazón andará inquieto hasta que descanse en ti.


Precisamente por esto, en nuestro camino, en todos los caminos que transitamos y muy especialmente en el de la fe, se hace necesario pararse, contemplar, reconocer nuestros pasos dados, las bendiciones recibidas, las experiencias vividas, los errores cometidos, todo lo aprendido. Necesitamos acudir con frecuencia al abrazo misericordioso del Padre que tienda su bálsamo de perdón sobre las heridas que va dejando en nosotros el pecado, los pedruscos del camino. Necesitamos volver constantemente a la fuente de nuestras fuerzas, a comer el Pan de la vida y la Palabra que alumbre nuestros pasos. Para poder seguir caminando. En esto no hay verano, ni vacaciones.

Hemos culminado un curso más, en el ámbito escolar. Y también en el pastoral. Por eso, nos hemos encontrado hace unos días una parte de nuestra comunidad parroquial de San Cristóbal. Como en los últimos años, es un encuentro gozoso para hacer sencillamente esto: compartir lo que ha sido este curso y despedirlo con el corazón agradecido a todos los que han ido ayudándonos a caminar a lo largo del mismo con su aportación y sobre todo, dando gracias a Dios, como María en el Magníficat: “Proclama mi alma, la grandeza del Señor; se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador… el Poderoso ha hecho obras grandes por mí…” No es lo importante nuestra pequeña o gran obra, nuestra aportación. 

Lo importante es lo que Dios hace con nuestra disponibilidad, con lo que estamos dispuestos a poner a su servicio cada día. “Son tuyas las horas y tuyo el viñedo. A lo que sembramos, dale crecimiento. Tú que eres la viña, cuida los sarmientos.” Esto cantamos en el himno de vísperas. Esto creemos y esto vivimos al culminar esta etapa.

Para poder dar gracias a Dios de una forma concreta, con rostro y “paisaje” concreto, fuimos compartiendo y revisando brevemente lo que ha sido el recorrido concreto en cada área pastoral de la Parroquia: Liturgia, Coro, Cáritas, monaguillos, Catequesis, Arciprestazgo, limpieza y ornato de la iglesia, jardín, Consejo,…

Un curso ha terminado. Se abre un tiempo necesario de descanso, para reponer fuerzas y dar ocasión a que fragüen nuevos proyectos e ideas para el curso próximo, si Dios quiere seguir contando con nosotros aquí. No podemos dudar de que Él, que nos ha llamado a la vida por amor, cuenta con cada uno de nosotros siempre. Tarea nuestra es ir descubriendo día a día su voluntad sobre nuestra vida. Que este tiempo de verano, de descanso, de encuentros y adioses tengamos la gracia de poder descubrir justamente esto. Pidámoslo con fe: Señor, aquí estoy. Qué quieres de mí.

Antonio Sanz de Frutos