La Tradición de la Iglesia escribe y define
la Biblia
Cuando se acude a http://www.vatican.va/archive/bible/index_sp.htm,
se puede leer la Biblia en cualquier idioma y no sólo eso, sino además emplear
una serie de aplicaciones que te permiten de forma, casi inmediata, acudir a
índices, textos, palabras, concordancias y estadísticas, que son herramientas
extraordinariamente poderosas para guiar tu lectura y profundizar tu
comprensión del texto.
San Mateo escribió el primer
Evangelio siete años después de la Ascensión de Jesús, dirigido más bien a la
comunidad judía.
San Marcos 10 años después
para los cristianos de Roma.
San Lucas 20 años después, lo
que ha investigado y lo dirige a Teófilo.
Y, San Juan 60 años después.
Los Apóstoles no escribían,
excepto Mateo y Juan. Toda la
transmisión de la vida y doctrina de Cristo fue oral.
Incluso cuando escribieron
los cuatro evangelistas y narraron los Hechos de los Apóstoles y escribieron
las cartas (epístolas de Pablo, Pedro, Judas, Santiago, Juan,…) ignoraban que
estaban redactando el Nuevo Testamento.
En el capítulo 15 de Hechos
se narra la controversia que surge entre los primeros cristianos. Lo que hacen para dilucidar las
diferencias no es acudir a la Biblia, “al libro”, sino a los Apóstoles, a la
Iglesia, que se reúne en Jerusalén (primer concilio) y deciden en el versículo 28: …”Nos ha
parecido al Espíritu Santo y a nosotros…”.
Los cristianos, para conocer la verdad, acudían a la Iglesia;
1 Tim 3, 15: “…para que así sepas como hay que comportarse en la casa de Dios,
que es la Iglesia de Dios vivo, columna y fundamento de la verdad”.
Muy pocas personas leían y, menos aún escribían, y solo algunos
afortunados podían acudir a esos textos o a alguna de sus copias que eran manuales y extraordinariamente
caras y escasas.
Además, durante esos primeros
siglos circularon muchas falsas versiones de evangelios y epístolas, lo que
obligó a que se reunieran en Roma, en el año 382, los Obispos de la Iglesia
para definir los 27 textos del Nuevo Testamento que consideraron auténticos
(además de definir el canon del Antiguo Testamento).
Por lo tanto, la gente, el
pueblo, no leía la Biblia ni ningún libro. La transmisión
de la vida y doctrina de Cristo fue oral hasta el siglo XVI.
Y así fue hasta 1.531, cuando
se inventó la imprenta, y los libros (no sólo la Biblia) comenzaron a tener
difusión y a ser accesibles para muchas personas.
Las personas, de cualquier creencia
que, entonces y ahora, pueden leer la Biblia, lo hacen gracias a la transmisión
de laTradición de La Iglesia.
Desde entonces hasta hoy, con
la web vaticana de la Biblia, mencionada al principio, aunque la lectura de libros forma parte
de los hábitos culturales, no podemos decir que, ni siquiera entre los
cristianos, haya un hábito arraigado de leer y conocer la Biblia.
Todavía es imprescindible la
catequesis oral de la Iglesia, el ministerio de la Palabra, para seguir
transmitiendo fielmente la Tradición de la vida y doctrina de Cristo iniciada
por los Apóstoles y los primeros cristianos.
Fuente: Javier Ordovás/Aleteia
