FIESTA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD: "EL DIOS CRISTIANO ES UN DIOS AMOR"

Dios Padre es amor, el Hijo es amor y el Espíritu Santo es amor: Dios es amor

Una de las salutaciones iniciales de la misa está sacada de la segunda lectura de hoy: «La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo estén siempre con vosotros». Deseo que se hace súplica inicial de la oración.

Este domingo obtiene un tono altamente cálido a través de las lecciones bíblicas. Así, la Trinidad aparece como lo que es: misterio de vida y de amor. La gran revelación de la identidad de Dios.

1.- San Agustín y el niño de la concha. Para explicar la imposibilidad de entender el misterio de la Santísima Trinidad, se cuenta una historieta que dio origen a un famoso cuadro de Rubens: “san Agustín y el niño de la concha”. En este cuadro aparece el santo obispo de Hipona, paseando por la playa, inclinándose ante un niño que está echando con una concha agua del mar en un pequeño hoyo que él mismo ha hecho en la arena. El santo le pregunta al niño: ¿qué haces? A lo que el niño responde: voy a meter toda el agua del mar en este agujero. El santo, paternal y bondadoso, le dice: toda el agua del mar no va a caber en este agujero. A lo que el niño le responde: ya lo sé, como tampoco Dios cabe en tu inteligencia. 

La respuesta del niño sorprendió a Agustín y le hizo reflexionar. Porque san Agustín en aquellos momentos estaba muy ocupado y preocupado, tratando de escribir su famoso libro para explicar a sus fieles el misterio de la Trinidad, un libro que, por cierto, tardó catorce años en escribir. Tenía razón el niño, claro, porque los misterios, como nos dice el diccionario de la Real academia, significan una cosa arcana o muy recóndita que no se puede explicar o comprender.

2.- Dios es amor. Para entender algo de lo que es nuestro Dios, según nuestra pobre manera humana de hablar y pensar, debemos atenernos de lo que nos dice san Juan, cuando afirma que Dios es amor. Nuestro Dios es un Dios que ama, el fruto de ese amor es el Hijo y el cordón umbilical que une el Padre con el Hijo es el Espíritu Santo. Dios Padre es amor, el Hijo es amor y el Espíritu Santo es amor: Dios es amor. El amor, por su propia naturaleza, necesita expandirse, alteridad. El misterio de la Santísima Trinidad es un misterio de amor y, así como las tres divinas Personas forman un misterio de amor, también nosotros, las personas humanas, debemos formar una familia de amor. Este es, quizá, el principal mensaje pastoral de esta fiesta cristiana. Voy a referirme ahora, aunque sea muy brevemente, a las lecturas de la liturgia de hoy.

3. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. En nuestro bautismo fuimos bautizados en un Dios trinitario, en un Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, fuimos bautizados en un Dios único, pero no solitario. Los cristianos creemos en un solo Dios, no somos politeístas, y decimos que nuestro único Dios, como Padre es creador, como Hijo es nuestro redentor y como Espíritu Santo nos da espíritu y vida. El hecho que hablemos de un Dios trinitario quiere decir que hablamos de un Dios único pero no solitario; esto lo deducimos del hecho de que nuestro Dios es un Dios Amor, un ser de relaciones. 

Y el ser humano, hecho a imagen y semejanza de Dios, es también un ser de relaciones, porque vivimos relacionados con otras personas desde el momento mismo en que nacemos. Sin relaciones el ser humano no llegaría nunca a desarrollarse íntegramente. Bautizar a una persona con un bautismo cristiano es bautizarla en un Dios Amor, en un Dios de relaciones. En este sentido, celebrar la fiesta de la Santísima Trinidad es celebrar la fiesta de un Dios Amor. Por eso, esta fiesta debe llenarnos de gozo y esperanza.

4. Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios. Estas palabras del apóstol Pablo, en su carta a los Romanos, también nos están hablando de un Dios trinitario, de un Dios Padre que, en su Hijo, nos ha dado su Espíritu. El Espíritu de Dios es el amor de Dios; como hijos de Dios somos hijos del amor de Dios. Y vivir como hijos de Dios es vivir relacionándonos con los demás en el amor, en el amor de Dios. El que ama en Dios es hijo de Dios, porque participa del amor de Dios. Vivamos, pues, esta fiesta de la Santísima Trinidad con alegría y gozo, como auténticos hijos de Dios y relacionándonos con todas las personas en el amor de Dios.

Fuente: Betania