Una buena relación de
yernos/nueras con suegros/suegras es más importante para un matrimonio
saludable de lo que imaginas
La mayoría de las horribles historias que
oímos sobre suegras son el cliché de la madre dominante que se queja de la
nuera: que no da de comer bien a los hijos, que deja la casa desordenada, o
trabaja (o no trabaja),…
Así como estas historias, existen también
las cuestiones de infelicidad de la madre sobre las elecciones del marido de la
hija. ¿A tu madre no le gusta (o hasta odia) a tu marido? No eres la única.
Y ahora, la ciencia nos dice el porqué: madres e hijas tienen criterios muy
diferentes cuando se trata de escoger un buen marido (para la hija).
Sucede que la mayoría están genéticamente
programadas para escoger ciertos rasgos en un potencial futuro marido, rasgos
que podrán generar hijos “exitosos”. En este caso, “exitoso” no significa ser
el mejor de la clase, sino biológicamente exitoso.
Las mujeres escogen parejas con potencial, así como el reino animal lo hace: en
base a la buena apariencia y fuerza muscular, porque nuestros instintos nos
dicen que estos hombres son saludables y producirán niños que sobrevivirán y
prosperarán.
Las madres (y como se puede ver, también
las hermanas) buscan cualidades en el yerno que beneficiarán a toda la familia. Ellas quieren que sus hijas se casen
con hombres confiables
más que con “bonitones”.
Quieren hombres que estarán cerca, que
ofrecerán garantías para toda la familia. Está claro que las madres quieren
buenos maridos para sus hijas, pero también hombres disponibles para cuidar de
toda la familia.
Los científicos llaman eso “efecto
Julieta”, basado en Romeo y Julieta, en que la madre quiere que su hija se case
con un hombre de “buena” familia, pero la hija tiene ojos sólo para el atrevido
Romeo.
Aunque la tragedia de Romeo y Julieta es
extrema, el hecho de que
yernos y suegras no se lleven bien es algo muy común.
Según Amber Mied, abogado
familiar en Arizona, “los matrimonios muchas veces se encuentran en crisis a causa de estas
situaciones. El tema más común es la “intromisión”:
el suegro que llega y se mete en la construcción de la casa porque piensa que
el marido no rendirá cuentas; o la suegra que lleva al bebé a su primer corte
de pelo sin preguntar a los padres (historia verdadera); o los padres que hacen
comentarios despreciativos sobre el trabajo de su yerno a todo el mundo.
Estas cuestiones de “intromisión” pueden
causar estragos en toda la familia, muchas veces metiendo a los niños en los
conflictos entre padres y abuelos, que como dice Mied, “no es nada saludable”.
“Existe una fuerte probabilidad de que la
relación entre suegros/suegras y yernos/nueras haya sido tensa desde el
principio. Un típico
escenario es el cónyuge que a los ojos de los padres del hijo o hija nunca será
“suficientemente bueno”.
Esta es una cuestión que Peter Semeyn,
sacerdote de Chicago, observa con frecuencia.
Hay una razón para una mala tacada en el
golf llamada “tacada yerno”, dice Semeyn. “Porque no es exactamente lo que
tenías en mente. Los padres
tienen un ideal de con quién se van a casar sus hijos. Y eso
casi nunca sucede, porque es un ideal”.
Pero incluso si el conflicto se
prolongara durante años, no todo está perdido, de acuerdo a Mied y Semeyn.
Existen modos de tratar el
problema.
Semeyn sugiere que la hija le cuente a su madre o padre
cuánto su marido la respeta y cuida. “Es importante para una
hija decir: ‘esto es lo que veo en él que tú no reconoces’”.
Pero si el conflicto ya hubiera llegado a
un nivel “asustador”, es necesario buscar
ayuda profesional. “El objetivo de esos profesionales es
minimizar los conflictos de la mejor forma posible y darles a los padres las
herramientas para evitar el conflicto”, dice Mied.
En la terapia, la familia puede
desarrollar listas de
reglas y límites entre suegros. A veces, esas “reglas”
significan esperar cinco minutos antes de hacer un reclamo. Otras veces
significa establecer expectativas alrededor de los niños, como que la hija no le permita a su madre
hacer comentarios desagradables sobre el padre de los niños
cuando ellos estén oyendo (nunca, de preferencia).
Aunque esas “reglas” puedan sonar
excesivamente exigentes, mantienen a salvo el matrimonio. Un estudio sugiere
que muchos matrimonios se
salvarían si los cónyuges del sexo masculino se llevaran bien con los suegros.
En última instancia, dice Semeyn, es útil
recordar el Génesis 2, 24, que dice: “Por eso deja el hombre a su padre y a su
madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne”.
Esta es una gran “transición de
relaciones” para todos, dice Semeyn. Por eso, un poco de comprensión y la ayuda
de la gracia pueden significar realización y longevidad.
Por Caryn Rivadeneira
Fuente:
Aleteia
