El gran anuncio de la Resurrección
infunde en los corazones de los creyentes una íntima alegría y una esperanza
invencible
Antes del rezo del Regina Coeli en el Tercer Domingo de Pascua,
el Papa Francisco dirigió unas palabras a los fieles reunidos en la Plaza de
San Pedro para animarlos a llevar el mensaje de la Resurrección de Jesús y “su
misericordiosa potencia” a cuantos encontramos, especialmente a quienes sufren
y a los marginados.
“El gran anuncio de la Resurrección infunde en los corazones de los
creyentes una íntima alegría y una esperanza invencible. ¡Cristo verdaderamente
ha resucitado! También hoy la Iglesia continúa haciendo
resonar este anuncio gozoso”, expresó el Santo Padre.
El Pontífice basó su reflexión en el Evangelio dominical que narra la
tercera aparición de Jesús Resucitado a sus discípulos, ocurrida esta vez en el
lago de Galilea y que narra la pesca milagrosa.
Explicó que “la narración se coloca en el marco de la vida cotidiana de los discípulos, que
habían regresado a sus tierras y a sus labores de pescadores, después de los
desconcertantes días de la pasión, muerte y resurrección del Señor. Era difícil
para ellos comprender lo que había sucedido”.
“Pero, mientras todo parecía haber terminado, es una vez más Jesús que va a
‘buscar’ nuevamente a sus discípulos. Es Él que va a buscarlos. Esta vez los
encuentra en el lago, donde ellos habían transcurrido la noche en las barcas
sin pescar nada. Las redes vacías aparecen, en cierto sentido, como el balance
de su experiencia con Jesús: lo habían conocido, habían dejado todo para
seguirlo, llenos de esperanza… ¿Y ahora? Sí, lo habían visto resucitado, pero
después pensaban: ‘Se ha ido, y nos ha dejado… Ha sido como un sueño esto’”,
señaló.
Sin embargo, “ahí, en la aurora Jesús se presenta en la orilla del lago;
pero ellos no lo reconocen. A esos pescadores, cansados y desilusionados, el
Señor les dice: ‘Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán’. Los
discípulos confiaron en Jesús y el resultado fue una pesca increíblemente
abundante. A este punto Juan se dirige a Pedro y dice: ‘¡Es el Señor!’. Y
enseguida Pedro se tiró al agua y nadó hacia la orilla, hacia Jesús”.
“En aquella exclamación: ‘¡Es el Señor!’, está todo el entusiasmo de la fe
pascual – ¡Es el Señor! – esta fe pascual llena de alegría y maravilla, que
contrasta fuertemente con el desconcierto, el desaliento, el sentido de
impotencia que se habían acumulado en el espíritu de los discípulos. La
presencia de Jesús resucitado trasforma cada cosa: la oscuridad es vencida por
la luz, el trabajo inútil se hace nuevamente fructífero y prometedor, el
sentido de cansancio y de abandono deja el lugar a un nuevo impulso y a la
certeza que Él está con nosotros”, afirmó Francisco.
El Papa señaló que “desde entonces, estos mismos sentimientos animan a la
Iglesia, la Comunidad del Resucitado. Todos nosotros somos la Comunidad del
Resucitado. Si con una mirada superficial puede parecer a veces que las
tinieblas del mal y la fatiga del vivir cotidiano tengan la prevalencia, la
Iglesia sabe con certeza que a cuantos siguen al Señor Jesús resplandece ahora
perenne la luz de la Pascua”, porque “el gran anuncio de la Resurrección
infunde en los corazones de los creyentes una íntima alegría y una esperanza
invencible”.
“¡Cristo verdaderamente ha resucitado!”, exclamó el Papa, y pidió llevar el
anuncio de la Resurrección de Jesús “a cuantos encontramos, especialmente a
quien sufre, a quien está solo, a quien se encuentra en condiciones precarias,
a los enfermos, a los refugiados, a los marginados. A todos hagamos llegar un
rayo de la luz de Cristo resucitado, un signo de su misericordiosa potencia”.
Finalmente, el Santo Padre pidió que el Señor “renueve también en nosotros
la fe pascual. Nos haga siempre conscientes de nuestra misión al servicio del
Evangelio y de los hermanos; nos llene de su Santo Espíritu para que,
sostenidos por la intercesión de María, con toda la Iglesia podamos proclamar
la grandeza de su amor y la riqueza de su misericordia”.
Fuente: ACI Prensa
