3 estudiantes ponen en marcha
un voluntariado en el que los estudiantes dedican parte de su tiempo libre a
leer y pasar el rato con sus pacientes
Me
llamo Henar Casero y soy estudiante de sexto de Medicina, en la Universidad de
Valladolid.
El
estudiante de Medicina no empieza a serlo el primer día de clase, en primero de
carrera. Empieza a serlo el día que es consciente de la carrera de fondo en la que
se ha metido.
Y es
que cada uno de nosotros siente esa presión: ¿Quieres entrar en la universidad?
Necesitas una nota media. ¿Quieres elegir una especialidad? Necesitas también
una nota media. Necesitas ser mejor. Y no mejor persona. Mejor que el de al
lado.
A
veces te convences de que es así, que todo el mundo es así y que al resto de
tus compañeros no le importa el de en frente.
“Blanca, Pati y yo queríamos demostrar que los
jóvenes queremos seguir cambiando el mundo”.
Blanca,
Pati y yo, queríamos desmontar esto y en septiembre comenzamos el proyecto con
esta convicción: demostrar –primero a nosotras mismas y después al mundo
entero- que los jóvenes seguimos queriendo cambiar el mundo.
Nos
alentaron las palabras del Papa Francisco
pidiéndonos, en la JMJ de Río, que hiciéramos lío. Dos años después
de sus palabras, este es el lío que hemos organizado…
Blanca
llegó de Madrid, en cuarto de carrera, con una idea: ¿Por qué no montamos una biblioteca en el
hospital y organizamos a un grupo de voluntarios estudiantes de Medicina o
Enfermería que vayan a leer a los pacientes que quieran?
Tras
horas de prácticas en el hospital es fácil darse cuenta de que un paciente pasa
muchos días, incluso semanas, ingresado en un hospital. Y no son días normales.
En
la cama de un hospital parece que las horas se dilatan y que los minutos no
pasan. Y eso
provoca un desgaste físico, pero sobre todo anímico, que el personal sanitario
muchas veces no puede abarcar.
Por
otro lado, los estudiantes tendemos a centrarnos en nuestros propios objetivos
y no nos damos cuenta de que, con
una hora a la semana, podemos cambiar la tarde de otra persona
y ayudar a hacer más alegre y llevadera una situación que pasa cada día delante
de nuestros ojos.
Así
que nos pusimos manos a la obra. Tuvimos la suerte de que el Hospital Universitario más cercano a
la facultad de Medicina contaba con una biblioteca, aunque no había servicio de
voluntarios para leer a los pacientes, ¡parecía que estaban
esperándonos!
Hablamos
con la dirección del hospital y con el responsable de atención al paciente para
ir abriendo camino presentándoles el proyecto. Las “negociaciones” empezaron
así:
-“Queremos
que un grupo de voluntarios universitarios venga todas las tardes de lunes a
viernes, de 4 a 8 a leer a los pacientes que quieran para hacerles compañía”.
-“Bien,
pero, ¿tenéis voluntarios?”
-“Aún
no, estamos esperando a que nos deis luz verde”
-“Bueno,
pues esperamos. A ver si conseguís a alguien… ¿no?”
-“Pero,
¿podemos hacerlo?”
-“Si
tenéis un número razonable de voluntarios… ya veremos.”
“Hicimos unos carteles que
colgamos por todas las facultades, especialmente en Medicina y Enfermería.
Añadimos un número de teléfono y… ¡esperamos!”.
Eso
nos sonó a “sí”. Así que hicimos unos carteles que colgamos por todas las
facultades, especialmente en Medicina y Enfermería. Añadimos un número de
teléfono y… ¡esperamos! A la semana, volvimos a atención al paciente, a decir
que ya teníamos 30 voluntarios. Y los números seguían creciendo…
La
primera reunión fue un día entre semana, a las 9 de la noche, para conciliar
horarios de mañana y tarde de todos. Allí organizamos las horas en las que iría
cada uno y, cómo no, creamos un grupo de WhatsApp.
Así,
con una organización desorganizada, fueron saliendo las cosas. Tuvimos que ir
haciéndonos un hueco en el hospital.
Hoy, 6 meses después y
con más de 60 voluntarios trabajando, hemos descubierto que muchas veces las
cosas salen adelante porque no nos dejamos llevar por el miedo a pelear lo que
de verdad importa.
Hoy,
al entrar en el hospital, cada voluntario va al control de celadores, donde
tenemos la llave de la biblioteca y una libreta en la que apuntamos dónde han
estado los del turno anterior, qué pacientes quieren que atendamos, si es el
cumpleaños de alguno, para que suban con un detalle…
El objetivo es doble: ayudar
a los pacientes y a los familiares, dándoles un descanso.
La
mayoría estudiamos carreras sociosanitarias y estamos acostumbrados a llegar al
paciente a través de la teoría, de las patologías, olvidando que lo primero es
que son personas, con una realidad que va mucho más allá del diagnóstico o el
tratamiento.
Fuente: Artículo originalmente
publicado por Opus Dei
