Jesús resucitó de los
muertos. ¿Cómo prueba que Dios existe?
Puedes tener tus cinco argumentos
filosóficos de la existencia de Dios. Si para ti van bien, pero siempre he
pensado que los cinco argumentos filosóficos de la existencia de Dios son
demasiado filosóficos y polémicos.
A los ateos les gusta decir: “¿Dónde
está la prueba de la existencia de Dios?”, y los argumentos filosóficos no son
una prueba en cuanto tal. Funcionan bastante bien, pero son ejercicios mentales
abstractos. Cuando oigo a los ateos decir que quieren pruebas, les respondo
preguntando: “¿Qué tipo de pruebas quieres?” Extrañamente, parecen
desconcertados a mi pregunta.
Y entonces respondo por ellos:
“¿Quisieras pruebas médico legales? ¿Pruebas documentales? ¿Pruebas
arqueológicas? ¿Pruebas botánicas o biológicas? ¿Quisieras pruebas
fotográficas? ¿Pruebas lógicas? ¿Pruebas históricas? ¿Pruebas de testigos
oculares? ¿Pruebas legales?” Todas estas formas de pruebas de la existencia de
Dios existen, pero antes tenemos que usar algunos de esos ejercicios mentales
filosóficos.
Si Dios no existe, entonces el orden
natural debe ser un sistema cerrado, quiere decir que debe operar en base a las
reglas de la naturaleza. No se admiten los milagros, porque un milagro querría
decir que existe una fuerza exterior a la naturaleza y, por lo tanto,
independiente y más grande a la naturaleza.
Si existe un único milagro, sin embargo –
y se necesita sólo uno -, entonces la naturaleza no es un sistema cerrado y
existe una fuerza más grande que la naturaleza y externa a ella. Si ese milagro
es inteligible, o tiene sentido, entonces la fuerza que es más grande que la
naturaleza es inteligente, y si es inteligente es más que una fuerza, es una
personalidad. La fuerza, si lo quieres, tiene un rostro.
El único milagro que los cristianos
reivindican más allá de todos los demás es la resurrección de Jesucristo de
entre los muertos. Los
argumentos para la existencia de Dios son mucho más interesantes cuando
comienzan con la prueba de la resurrección.
Las conversaciones con los ateos deberían
iniciar con ese milagro, y las discusiones sobre ese presunto milagro de hace
dos mil años se vuelven rápidamente muy interesantes.
Cuando se consideran las afirmaciones por
las que Jesucristo resucitó de entre los muertos, existen sólo tres opciones:
primero, que no se haya muerto y que la “resurrección” sea sólo una forma de
reanimación; segundo, que se haya muerto, pero luego sucedió algo por eso su
cuerpo desapareció; tercero, los testigos de la resurrección han sido
engañados, o ellos mismos engañaron a los demás.
Si Jesús no se murió realmente, entonces
tenemos que suponer que los verdugos romanos profesionales (que realizaron su
trabajo en público) hayan hecho un desastre.
Tenemos también que creer que los
enemigos de Jesús, que estaban ahí para asegurarse que estuviera muerto, se
hubieran equivocado. Tenemos además que creer que tras haber sido azotado con
látigos que le arrancaron la carne y haber sido clavado en una cruz, Jesús haya
sobrevivido incluso a la lanza que le atravesó el corazón por parte de un
verdugo experto.
Aunque hubiera sobrevivido, tenemos que
creer que más o menos un día después estuviera lo suficientemente fuerte para
empujar una roca que pesaba varias toneladas y caminar desnudo por el jardín. Y
sus discípulos viendo a ese hombre hubieran gritado: “¡Es la resurrección! ¡Iniciamos
una nueva religión!” ¿Si hubieras visto que un amigo tuyo, destruido y
sangrando, hubiera sobrevivido de alguna manera a la crucifixión no habrías
llamado a una ambulancia?
Si Jesús se murió, por otro lado, tenemos
que rendir cuentas de lo que sucedió con su cuerpo. ¿Sus discípulos se lo
robaron?
¿Por qué lo habrían hecho? ¿Para fingir
un milagro en el que nadie hubiera creído? Dos días antes huían como conejos
espantados y ¿ahora se reunieron para planear una misión: un golpe imposible?
¿Los perros se comieron el cuerpo de Jesús sobre un cúmulo de basura? No
coincide con lo que sabemos sobre las costumbres de sepultura judía, y además
sobre esto la historia dice claramente que los amigos de Jesús pidieron su
cuerpo y que les fue entregado.
¿Los discípulos fueron a la tumba
equivocada? ¿No habrían dicho sólo “Ups, tumba equivocada” en lugar de “Ha
resucitado de entre los muertos?” ¿No fue realmente crucificado Jesús? ¿Todos
sus enemigos estaban listos para capturarlo; se habrían dejado engañar por un
falso?
La única otra opción es que los
discípulos hayan sido engañados o ellos mismos hubieran engañado. ¿Qué fue
de ellos, y de otros cientos de personas que dijeron haber visto a Jesús vivo?
¿Se encontraron para ponerse de acuerdo sobre la historia que contarían? Si es
así, estaban muy retorcidos. En este caso, ¿se habrían mantenido fieles a su
mentira al punto de estar dispuestos a ser torturados y morir por ella? ¿Tú lo
habrías hecho?
Frente a estos argumentos aplastantes, la
mayor parte de los ateos se limita a encogerse de hombros y decir: “Bueno,
existen muchas cosas extrañas en el mundo para las que no tenemos respuesta”.
Pero esto no funciona. El
peso de la historia y las pruebas recogidas requieren un veredicto. Si los
ateos piden pruebas y estas se ofrecen, entonces se debe exigir una reacción.
¿Recuerdas que he hablado de pruebas
botánicas, biológicas, históricas, forenses, fotográficas, científicas, físicas
y arqueológicas de la resurrección?
Sería la Sábana Santa de Turín, y
requeriría un artículo más extenso que este.
Por
P. Dwight Longenecker
Fuente: Aleteia
