las jóvenes
discurren al camino,
al toque de
centella,
al adobado
vino,
emisiones de
bálsamo divino.
DECLARACIÓN
1. En esta canción alaba la esposa al Amado de
tres mercedes que de él reciben las almas devotas, con
las cuales se animan más y levantan a amor de Dios; las
cuales por experimentarlas ella en este estado, hace aquí de ellas
mención.
La primera
dice que es la suavidad que de sí les da, la cual es tan eficaz que
las hace caminar muy apriesa al camino de la perfección.
La segunda es
una visita de amor con que súbitamente las inflama en amor.
La tercera es
abundancia de caridad que en ellas infunde, con que de tal manera las embriaga
que las hace levantar el espíritu (así con esta
embriaguez, como con la visita de amor) a enviar alabanzas a Dios y afectos
sabrosos de amor; y así dice:
A zaga de tu
huella.
2. La huella es rastro de aquel cuya es la huella,
por la cual se va rastreando y buscando el que la hizo. La suavidad y noticia que da Dios de sí al alma que
le busca, es rastro y huella por donde se va conociendo y buscando Dios. Por eso dice aquí el alma al
Verbo su Esposo:
A zaga de tu huella, esto es, tras el rastro de suavidad que de ti les imprimes e infundes y olor que de ti derramas, las jóvenes discurren al camino.
A zaga de tu huella, esto es, tras el rastro de suavidad que de ti les imprimes e infundes y olor que de ti derramas, las jóvenes discurren al camino.
3. Es
a saber: las almas devotas, con fuerzas de juventud, recibidas de la suavidad
de tu huella, discurren, esto es, corren por
muchas partes y de muchas maneras (que eso quiere decir discurrir) cada una por la parte y suerte que Dios la da de espíritu y estado, con muchas diferencias de ejercicios y obras
espirituales, al camino de la vida eterna que es la perfección evangélica, por la
cual encuentran con el Amado en unión de amor después de la desnudez
de espíritu y de todas las cosas.
Esta suavidad y rastro que Dios deja de sí en el alma, grandemente la aligera y hace correr tras de él; porque entonces el alma muy poco o nada es lo que trabaja de su parte para andar este camino; antes es movida y atraída de esta divina huella de Dios, no sólo a que salga, sino a que corra de muchas maneras, como habemos dicho, al camino. Que por eso la esposa en los Cantares (Ct 1, 3) pidió al Esposo esta divina atracción, diciendo: Trahe me, post te curremus in odorem unguentorum tuorum, esto es: Atráeme tras de ti, y correremos al olor de tus ungüentos. Y después que le dio este divino olor, dice In odorem unguentorum tuorum currimus: adolescentulae dilexerunt te nimis; quiere decir: Al olor de tus ungüentos corremos, las jóvenes te amaron mucho. Y David (Sal. 118, 32) dice: El camino de tus mandamientos corrí cuando dilataste mi corazón.
Esta suavidad y rastro que Dios deja de sí en el alma, grandemente la aligera y hace correr tras de él; porque entonces el alma muy poco o nada es lo que trabaja de su parte para andar este camino; antes es movida y atraída de esta divina huella de Dios, no sólo a que salga, sino a que corra de muchas maneras, como habemos dicho, al camino. Que por eso la esposa en los Cantares (Ct 1, 3) pidió al Esposo esta divina atracción, diciendo: Trahe me, post te curremus in odorem unguentorum tuorum, esto es: Atráeme tras de ti, y correremos al olor de tus ungüentos. Y después que le dio este divino olor, dice In odorem unguentorum tuorum currimus: adolescentulae dilexerunt te nimis; quiere decir: Al olor de tus ungüentos corremos, las jóvenes te amaron mucho. Y David (Sal. 118, 32) dice: El camino de tus mandamientos corrí cuando dilataste mi corazón.
Al toque de
centella,
al adobado
vino,
emisiones de bálsamo divino.
4. En
los dos versillos primeros habemos declarado que las almas a zaga de la huella discurren al camino con ejercicios y obras exteriores; y ahora en estos tres
versillos da a entender el alma el ejercicio que
interiormente estas almas hacen con la voluntad, movidas por otras dos mercedes y visitas interiores que el Amado les hace, a las
cuales llama aquí toque de centella y adobado vino; y al ejercicio interior de la
voluntad que resulta y se causa de estas dos
visitas, llama emisiones de bálsamo divino.
Cuanto a lo
primero, es de saber que este toque de centella, que aquí dice es un toque sutilísimo que el
Amado hace al alma a veces, aun cuando ella está más descuidada, de manera que la enciende el corazón en fuego de amor, que no parece sino una centella
de fuego que saltó y la abrasó; y entonces,
con gran presteza, como quien de súbito recuerda, enciéndese la
voluntad en amar, y desear, y alabar, y agradecer, y reverenciar, y estimar, y
rogar a Dios con sabor de amor; a las cuales cosas llama emisiones de bálsamo divino, que
responden al toque de centella, salidas del divino amor que pegó la
centella, que es el bálsamo divino, que conforta y sana
al alma con su olor y sustancia.
5. De
este divino toque dice la Esposa en los Cantares (Ct 5, 4) de esta manera:
Dilectus meus misit manum suam per foramen, et
venter meus intremuit ad tactum ejus; quiere decir:
Mi Amado puso su mano por la manera, y mi vientre se estremeció a su tocamiento. El tocamiento del Amado es el toque de amor que aquí decimos que hace al alma; la mano es la merced que en ello le hace; la manera por donde entró esta mano, es la manera y modo y grado de perfección que tiene el alma, porque al modo de eso suele ser el toque en más o en menos, y en una manera o en otra de cualidad espiritual del alma; el vientre suyo, que dice se estremeció, es la voluntad en que se hace el dicho toque; y el estremecerse, es levantarse en ella los apetitos y afectos a Dios de desear, amar y alabar y los demás que habemos dicho, que son las emisiones de bálsamo que de ese toque redundan, según decíamos.
Mi Amado puso su mano por la manera, y mi vientre se estremeció a su tocamiento. El tocamiento del Amado es el toque de amor que aquí decimos que hace al alma; la mano es la merced que en ello le hace; la manera por donde entró esta mano, es la manera y modo y grado de perfección que tiene el alma, porque al modo de eso suele ser el toque en más o en menos, y en una manera o en otra de cualidad espiritual del alma; el vientre suyo, que dice se estremeció, es la voluntad en que se hace el dicho toque; y el estremecerse, es levantarse en ella los apetitos y afectos a Dios de desear, amar y alabar y los demás que habemos dicho, que son las emisiones de bálsamo que de ese toque redundan, según decíamos.
Al adobado vino.
6. Este adobado vino es otra merced muy mayor que Dios algunas veces
hace a las almas aprovechadas, en que las embriaga en el Espíritu Santo
con un vino de amor suave, sabroso y esforzoso, por lo cual le llama vino adobado; porque así como el
vino adobado está cocido con muchas y diversas especias
olorosas y esforzosas, así este amor, que es el que Dios da
a los ya perfectos, está ya cocido y asentado en sus
almas, y adobado con las virtudes que ya el alma tiene ganadas; el cual, con
estas preciosas especias adobado, tal esfuerzo y abundancia de suave embriaguez pone en el alma en las visitas que
Dios la hace, que con grande eficacia y fuerza la hace enviar a Dios aquellas
emisiones o enviamientos de alabar, amar y reverenciar, etc., que aquí decimos, y esto con admirables deseos de hacer y
padecer por él.
7. Y
es de saber que esta merced de la suave embriaguez no pasa tan presto como la centella, porque es más de asiento;
porque la centella toca y pasa, mas dura algo su efecto, y algunas veces harto; mas el vino adobado suele durar ello y su
efecto harto tiempo (lo cual es, como digo, suave amor en el alma) y algunas veces un día o dos días; otras,
hartos días; aunque no
siempre en un grado de intensión, porque afloja y crece, sin
estar en mano del alma, porque algunas veces, sin hacer nada de su parte, siente el alma en la íntima sustancia irse suavemente embriagando su espíritu e
inflamando de este divino vino, según aquello que dice David (Sal. 38, 4), diciendo: Concaluit cor meum
intra me, et in meditatione mea
exardescet ignis, que quiere decir: Mi corazón se calentó dentro de mí, y en mi meditación se encenderá fuego.
Las emisiones
de esta embriaguez de amor duran todo el tiempo que ella dura algunas veces;
porque otras, aunque la hay en el alma, es sin las dichas emisiones, y son más y menos intensos cuando las hay, cuanto es más y menos intensa la embriaguez. Mas las emisiones o
efectos de la centella, ordinariamente duran más que ella,
antes ella los deja en el alma; y son más encendidos
que los de la embriaguez, porque a veces esta divina centella deja al alma
abrasándose y quemándose en amor.
8. Y
porque habemos hablado de vino cocido, será bueno aquí notar brevemente la diferencia que hay del vino cocido, que llaman añejo, y entre
el vino nuevo, que será la misma que hay entre los viejos y nuevos
amadores, y servirá para un poco de doctrina para los
espirituales.
El vino nuevo no tiene digerida la hez ni asentada, y así hierve por
de fuera, y no se puede saber la bondad y valor de él hasta que haya bien digerido la hez y furia de
ella, porque hasta entonces está en mucha contingencia de malear,
tiene el sabor grueso y áspero, y beber mucho de ello estraga al sujeto, tiene la fuerza muy en la hez.
El vino añejo tiene ya
digerida la
hez y asentada, y así ya no tiene aquellos hervores de
nuevo por de fuera; échase ya de ver la bondad del vino, y está ya muy seguro de malear,
porque se le acabaron ya aquellos fervores y furias
de la hez que le podían estragar, y así, el vino bien cocido por maravilla malea y se pierde;
tiene el sabor suave, y la fuerza en la sustancia del vino, no ya en el gusto; y así la bebida de él hace buena
disposición y da fuerza al sujeto.
9. Los
nuevos amadores son comparados al vino nuevo (éstos son los
que comienzan aservir a Dios) porque traen los fervores del vino del amor muy por de fuera, en
el sentido, porque aún no han digerido la hez del
sentido flaco e imperfecto, y tienen la fuerza del amor en el sabor
de él; porque a éstos ordinariamente les da la fuerza para obrar el
sabor sensitivo y por él se mueven; así, no hay que fiar de este amor hasta que se acaben aquellos fervores y
gustos gruesos de sentido.
Porque así como estos hervores y calor de
sentido lo pueden inclinar a bueno y perfecto amor y servirle de buen medio
para él, digiriéndose bien la
hez de su imperfección, así también es muy fácil en estos
principios y novedad de gustos faltar el vino del amor y perderse cuando falta el
hervor y sabor de nuevo. Y estos nuevos amadores
siempre traen ansias y fatigas de amor sensitivas, a los cuales conviene
templar la bebida, porque si obran mucho según la furia
del vino, estragarse ha el natural. Estas ansias y fatigas de amor es el sabor
del vino nuevo, que decíamos ser áspero y grueso, y no aún suavizado
en la acabada cocción, cuando se acaban esas ansias de
amor, como luego diremos.
10. Esta
misma comparación pone el Sabio en el Eclesiástico (Ec 9, 15), diciendo: Vinum novum amicus novus: veterascet, et cum suavitate
bibes illud; quiere decir: El amigo nuevo es como el vino nuevo; añejarse ha y beberáslo con
suavidad. Por tanto, los viejos amadores,
que son ya los ejercitados y probados en el servicio del Esposo, son como el
vino añejo, ya
cocida la hez, que no tiene aquellos hervores sensitivos ni aquellas furias y
fuegos hervorosos de fuera, sino gustan la suavidad del vino en sustancia, ya
cocido y asentado allá dentro en el
alma, no ya en aquel sabor de sentido como los nuevos, sino con sustancia y sabor de espíritu y verdad de obra.
Y no
caerán en esos
sabores ni hervores sensitivos, ni los quieren gustar; porque quien tiene el asiento
del gusto en el sentido, también muchas veces de necesidad ha de
tener penas y disgustos en el sentido. Y porque estos amantes viejos no tienen la suavidad radicalmente en el
sentido, no traen ya ansias y penas de amor en el sentido y alma; y así, estos
amigos viejos por maravilla faltan a Dios, porque están ya sobre lo que los había de hacer faltar, que es sobre el sentido inferior,
y tienen el vino de amor, no sólo ya cocido
y purgado de hez, mas aun adobado con las especias que decíamos de virtudes
perfectas, que no le dejan malear como el nuevo. Por eso dice el Eclesiástico (Ec 9, 14):
Amicum antiquum ne deseras, novus enim non erit similis illi; quiere decir: No
dejes al amigo
viejo, porque el nuevo no será semejante a él.
En este vino,
pues, de amor, ya probado y adobado del alma, hace el Amado la divina
embriaguez que habemos dicho; el cual hace enviar a Dios las dulces emisiones.
Y así, el sentido de los tres versillos es el siguiente: Al toque de centella con
que recuerdas mi alma, y al adobado
vino con que amorosamente la embriagas, ella te envía las
emisiones, que son los movimientos y actos de amor que en ella causas.
Fuente: Portal Carmelitano
