Declárase como esta sabiduría secreta sea también
escala
1. Pero resta ahora ver lo segundo, conviene saber,
cómo esta sabiduría secreta sea también escala. Acerca de lo cual es de saber
que por muchas razones podemos llamar a esta secreta contemplación escala.
Primeramente, porque así como con la escala se sube y
escalan los bienes y tesoros y cosas que hay en las fortalezas, así también por
esta secreta contemplación, sin saberse cómo, sube el alma a escalar, conocer y
poseer los bienes y tesoros del cielo.
Lo cual da bien a entender el real
profeta (Sal. 83, 68), cuando dice: Bienaventurado el que tiene tu favor y
ayuda, porque en su corazón este tal puso sus subidas en el valle de lágrimas
en el lugar que puso; porque de esta manera el señor de la ley dará bendición,
e irán de virtud en virtud como de grado en grado, y será visto el Dios de los
dioses en Sión, el cual es el tesoro de la fortaleza de Sión, que es la
bienaventuranza.
2. Podemos también llamarla escala porque, así como la
escala, esos mismos pasos que tiene para subir, los tiene también para bajar,
así también esta secreta contemplación, esas mismas comunicaciones que hace al
alma, que la levanta en Dios, la humillan en sí misma. Porque las comunicaciones
que verdaderamente son de Dios esta propiedad tienen: que de una vez levantan y
humillan al alma; porque en este camino el bajar es subir, y el subir, bajar,
pues el que se humilla es ensalzado, y el que se ensalza, humillado (Lc. 14,
11). Y, demás de esto de que la virtud de la humildad es grandeza, para
ejercitar al alma en ella, suele Dios hacerla subir por esta escala para que
baje, y hacerla bajar para que suba, para que así se cumpla lo que dice el
Sabio (Pv. 18, 12), es a saber: Antes que el alma sea ensalzada, es humillada;
y antes que sea humillada, es ensalzada.
3. Lo cual, hablando ahora naturalmente, echará bien
de ver el alma que quisiere mirar en ello, y cómo en este camino (dejando
aparte lo espiritual que no se siente) echará de ver cuántos altos y bajos
padece, y cómo tras la prosperidad que goza, luego se sigue alguna tempestad y
trabajo, tanto, que parece que le dieron aquella bonanza para prevenirla y
esforzarla para la siguiente penuria, y cómo también, después de la miseria y tormenta,
se sigue abundancia y bonanza; de manera que le parece al alma que, para
hacerla aquella fiesta, la pusieron primero en aquella vigilia. Y éste es el
ordinario estilo y ejercicio del estado de contemplación hasta llegar al estado
quieto: que nunca permanece en un estado, sino todo es subir y bajar.
4. Y la causa de esto es que, como el estado de
perfección, que consiste en perfecto amor de Dios y desprecio de sí, no puede
estar sino con estas dos partes, que es conocimiento de Dios y de sí mismo, de
necesidad ha de ser el alma ejercitada primero en el uno y en el otro, dándole
ahora a gustar lo uno engrandeciéndola, y haciéndola ahora probar lo otro y
humillándola, hasta que, adquiridos los hábitos perfectos, cese ya el subir y
bajar, habiendo ya llegado y viéndose con Dios, que está en el fin de esta
escala, en quien la escala se arrima y estriba.
Porque esta escala de contemplación, que, como habemos
dicho, se deriva de Dios, es figurada por aquella escala que vio Jacob
durmiendo, por la cual subían y descendían ángeles de Dios al hombre y del
hombre a Dios, el cual estaba estribando en el extremo de la escala (Gn. 28,
12). Todo lo cual dice la Escritura divina que pasaba de noche y Jacob dormido
para dar a entender cuán secreto y diferente del saber del hombre es este
camino y subida para Dios. Lo cual se ve bien, pues que, ordinariamente, lo que
en él es de más provecho, que es irse perdiendo y aniquilando a sí mismo, tiene
por peor, y lo que menos vale, que es hallar su consuelo y gusto, en que ordinariamente
antes pierde que gana, si a eso se hace, tiene por mejor.
5. Pero, hablando ahora algo más sustancialmente de
esta escala de contemplación secreta, diremos que la propiedad principal por
que aquí se llama escala es porque la contemplación es ciencia de amor, la
cual, como habemos dicho, es noticia infusa de Dios amorosa, que juntamente va
ilustrando y enamorando el alma, hasta subirla de grado hasta Dios, su Criador,
porque sólo el amor es el que une y junta al alma con Dios.
De donde, porque más claro se vea, iremos aquí
apuntando los grados de esta divina escala, diciendo con brevedad las señales y
efectos de cada uno, para que por allí pueda conjeturar el alma en cual de
ellos estará. Y así, los distinguiremos por sus efectos, como hace san Bernardo
y santo Tomás; porque conocerlos en sí, por cuanto esta escala de amor es, como
habemos dicho, tan secreta que sólo Dios es el que la mide y pondera, no es
posible por vía natural.
Fuente: Mercaba