Sonidos de paz
desde un campo de refugiados
La ONG francesa Fraternidad en Irak ha
publicado valientemente en su cuenta de Twitter un vídeo con los primeros
repiques de campanas desde el campo de refugiados de Ashti, en Erbil, lugar de
exilio de los cristianos de Mosul y de Qaraqosh.
Para conseguir este sonido familiar,
símbolo de una paz restaurada, ha sido necesaria la iniciativa del Abbouna (“padre”, en árabe”)
Jalal, el sacerdote de la comunidad, un anciano vicario de la iglesia del Buen
Pastor de Padua, Italia.
De Padua a Erbil
Abbouna Jalal hizo un llamamiento a las
donaciones en Italia para comprar “la campana de la paz”.
Sus antiguos parroquianos y los miembros
de su congregación, los rogacionistas, reunieron fondos y consiguieron
hacérselos llegar a través del consulado en Irak.
Ahora la campana habita en el campanario
de la capilla de la Transfiguración, construida según el modelo de iglesia de
Al Taherra de Qaraqosh.
Según explicaciones del padre: “Hemos
construido un campanario de una manera similar a la de nuestra antigua iglesia.
Este campanario nos
recuerda nuestros orígenes en la llanura de Nínive”.
La campana ha sido elaborada por herreros
iraquíes en una semana,
gracias al apoyo financiero de Fraternidad en Irak. “Es un gran signo de
proximidad con nuestros hermanos franceses”, celebra el padre Jalal.
Una campana en un país musulmán
El derecho a hacer sonar las campanas
simboliza la recuperación de una paz –frágil– para los cristianos: según el conocido estatus de dhimmi, la presencia de los cristianos en tierra
musulmana es tolerada a cambio, entre otras condiciones, de que no hagan sonar
sus campanas.
Tampoco deben “ocupar los mejores
espacios de las calles, no deben construir edificios más altos que los de los
musulmanes, etc.”.
Estas reglas, dictadas en el año 637 por
el ejército de Omar, que conquistaría Jerusalén, no han sido aliviadas ni
adecuadas al estilo de vida actual, sino más bien empeoradas por el
autodenominado Estado Islámico.
La “campana de la paz”, que suena en
pleno Kurdistán iraquí, no parece incomodar a los vecinos, aunque habría que
decir que el campo de refugiados de Ashti colinda con Ankawa, una ciudad
cristiana al norte de Erbil.
Fuente: Aleteia
