Conoce la
diferencia entre las creencias que los terroristas usan como bandera y las de
los musulmanes pacíficos
La comunidad legada por
Mahoma en el siglo VII sufrió una primera escisión. Pese a ser denominados por
algunos como “los dos brazos de Dios”, otros insisten en subrayar un
enfrentamiento irreconciliable.
Los primeros, subrayan
la coincidencia al defender los principales elementos de la religión musulmana.
Los segundos, el enfrentamiento secular nacido a raíz de la sucesión del
Profeta y prolongado por escenarios históricos. Una evolución geopolítica y de
asunción de la modernidad, que ha multiplicado la consolidación de tendencias y
grupos radicalizados.
- Lo que les une y les separa
Más de 1.500 millones de
fieles atestiguan hoy que la comunidad musulmana es un complejo puzzle de
doctrinas y tradiciones que con frecuencia se confunden.
Alrededor del 85 % de
ellos constituyen la Sunna y que ellos definen como la ortodoxia que custodia
el verdadero mensaje entregado por Dios a Mahoma.
En su interior,
actualmente se confunden ideologías moderadas y radicales, aperturistas y retrógradas,
violentas y pacíficas, iguales en el fondo, pero antagónicas en las formas.
El 15 % restante lo
constituyen los chiíes y han sido considerados una minoría reprimida.
Desde
el 661 el Islam ha sufrido de muy distintas formas la supremacía sunní. Se les acusa de haber tergiversado el mensaje
original y usurpado la legitimidad de la sucesión a la familia del Profeta.
Sunnitas
y chiítas comparten el dogma, pero difieren en la doctrina. Defendiendo los tres elementos fundamentales de la
religión islámica: Tawhid (monoteísmo), Nubuwa (profesía) y Maad
(resurrección).
Sin embargo, los
chiítas profesan otros dos preceptos ausentes en la doctrina suní: Adl (la
autonomía del individuo frente a la justicia divina) e Imama (la autoridad de
los imames).
Este
principio es, junto al Mahdismo (regreso del Imam oculto) el que diferencia a
ambos. Conceptos que, como podemos comprobar, se refieren más a la
administración del poder temporal que a cuestiones de fe.
La
rama Suní sería la definida por su adhesión a la Sunna o Tradición. Ésta
comprende el Corán, los dichos y obras del Profeta y sus compañeros inmediatos.
De ahí que los términos
exactos sean: ahl al-Sunna wa l-Ŷamā‘a (la gente de la
Tradición y la Comunidad), ahl al-Kitāb wa l-Sunna (la gente
del Libro y la Tradición) y ahl al-iŷmāʽ (la gente del consenso).
Se
diferencian de la minoría (chií) por su opción electiva en la sucesión califal
en lugar de la tradición hereditaria inicial.
Por tanto, el chiísmo es
la fracción de los seguidores del yerno del Profeta Muhammad, una continuidad
legitimista en el califato de raíz familiar que rechaza las posteriores
dinastías Omeya y ‘Abbāsí.
La
sucesión del Profeta es por tanto el punto más importante que separa ambas
ramas. Los suníes creen que era el derecho
legítimo de los cuatro primeros califas, mientras que los chiíes consideran que
siempre debió pertenecer a su yerno Alí Ibn Talib y sus hijos, los imames.
La
fisura es igualmente importante en cuestiones de jurisprudencia como el
divorcio (más permisivo entre suníes), la peregrinación (venerada en extremo en
los santuarios chiíes), el culto a los santos (prohibido por los suníes y muy
popular entre chiíes) y especialmente la taqiya (o el disimulo de la fe cuando el fiel se sienta
amenazado de muerte). Un extremo que resulta clave para la supervivencia del
chiísmo frente a la beligerancia suní.
Podemos observar que
también existen diferencias rituales con la mayoría sunita,
aunque pueden considerarsemínimas. La más importante es la niyya (intención)
a la que los chiíes le otorgan gran importancia.
Cualquier rito debe
realizarse de forma pura, por amor a Dios y no por apariencia social o en
espera de retribuciones como el Paraíso (una de las promesas que incita a los
suicidas).
La Chía, además tolera
que la oración diaria pueda realizarse en tres ocasiones en lugar de las cinco
prescritas en el Corán.
2.
Las derivas políticas contemporáneas sunitas: del islam político al yihadismo
En torno a los sunníes
pueden advertirse distintastendencias. De un lado, encontramos a los Hermanos
Musulmanes, una cofradía tradicionalista cuyo vehículo de acción no es
tanto el ejercicio de la violencia en sí misma cuanto la consolidación política
de Estados en los que la ley islámica se aplique en toda su extensión.
Entre los movimientos
violentos en origen, el más radical es el wahabismo, imperante en
Arabia Saudí, y sus derivados, en especial el yihadismo (asumido y globalizado
por al- Qaeda) y el salafismo, pujante en Europa. Habitualmente se
suelen confundir estas tendencias denominándolas “islamismo”.
Algunos investigadores y
periodistas han tendido a denominarlos como grupos fundamentalistas uniformes.
Radicales en su ideología y persistentes en su aversión a Occidente.
Sin embargo, esta visión
ha corrido el riesgo de usar categorías extrañas al mundo musulmán y superponer
conceptos que son ajenos a esta tradición. Así, se consideran moderados a
aquellos que son más proclives a aceptar las tesis occidentales. Y radicales a
quienes abiertamente las combatían.
Pero con
frecuencia se ha olvidado que lo más importante es cuál es el origen y
naturaleza de sus convicciones. Qué diagnóstico hace cada una de ellas de los
retos que amenazan su propia interpretación de la ley islámica, su concepto de
Estado y de gobierno. Y especialmente las vías que eligen para
alcanzar sus objetivos.
Es
decir, que el motor de todo su debate gira en torno a cómo asumir la
modernidad.
De estas tendencias, la
que posee una vocación violenta es elyihadismo. Separado del wahabismo
saudí, se asienta en el concepto de yihad, entendido exclusivamente como guerra
santa, central en un ideario intransigente en el que pueden distinguirse
quizá tres variantes, con matices concretos.
El yihadismo
qutubi estaría destinado a luchar contra regímenes musulmanes
considerados impíos; unyihadismo “redentor”, cuyo objetivo es recuperar
las tierras arrebatadas al islam por los no musulmanes y unyihadismo global,
agresivo e intrínsecamente enfrentado a Occidente en todos sus aspectos.
Todas ellas convergen en
la red terrorista al-Qaeda, que tras los atentados del 11 de
septiembre de 2001, se ha transformado en el referente que alimenta e inspira a
las heterogéneas células islámicas violentas que actúan en el mundo.
En los últimos años, ha
sido desplazada por el ISIS, considerado una mutación de la misma.
Los
“enemigos” a combatir por estos movimientos son esencialmente tres: los
gobiernos musulmanes corruptos, Occidente (encarnado en judíos y cristianos) y
los proselitistas chiíes.
También pueden observarse
diferencias de método en sus acción violenta. Las llevadas a cabo por
combatientes regulares (muyahid), que comparten acciones con
agentes ocultos, es decir, suníes que esconden su fe o violan sus preceptos
para infiltrarse y atacar desde dentro a las sociedades consideradas “impías”
(takfiríes).
La corriente
contrapuesta al yihadismo es lo que se ha venido denominando islam
político o islamismo moderado.
Está encarnado por
grupos no violentos, integrados en mayor o menor medida en los Estados árabe-musulmanes
y cuyo objetivo es el acceso al poder por vía política.
El cimiento de su
ideología es religioso, pero la entienden como un elemento que puede adaptarse
a las circunstancias del momento.
La mayoría de estos
grupos iniciaron su andadura entre 1920 y 1970, años de crisis y de transición
en el mundo islámico.
Están atrapados entre el
nacimiento de los movimientos laicos, nacionalistas/panarabistas y el de
corrientes que abogaban por recuperar el espíritu de un islam primitivo.
Algunos, como el Partido Justicia y Desarrollo en Turquía, han conseguido este
objetivo.
Este tipo de grupos
(Partido Justicia y Desarrollo de Marruecos, Partido de la Justicia y la
Prosperidad en Malasia, o la Jamat – Islami en Pakistán) son una deriva
de los Hermanos Musulmanes.
Su principal innovación
es el concepto de Estado-nación como marco en el que desarrollar la actividad
política, como entidades de poder legítimas en contraposición con la ideología
yihadista y los salafíes.
En estas últimas
décadas, el islam político ha evolucionado en su deseo de construir
Estados puramente islámicos. Sin embargo, no han renunciado a imponer
la sharía o ley islámica aunque exista un objetivo de tratar
de conjugarla con el presente.
Para ello, proponen
recuperar la interpretación (ijtihad) plena. Abandonada por los
puristas en el siglo XII, impidió las posibilidades del islam suní y por tanto, facilitó
la aparición de teorías involucionistas y radicales.
Recuperar
este elemento como principal instrumento para discernir qué elementos pueden
ser compatibilizados con las sociedades actuales y qué normas deben ser
rediseñadas, podría ser la vía para romper una dinámica viciada.
Una esperanza que abre
posibilidades a un horizonte más acorde con las necesidades actuales de discusión
y deliberación en un entorno islámico libre de injerencias externas.
3.
El islam chií y la teocracia islámica
Al hablar de la minoría
chiíta se suele pensar que están localizados en Irán, el sur del Líbano
e Irak. Pero existen importantes comunidades dispersas en Bahrein, Arabia
Saudí, Kuwait, Yemen, Emiratos Árabes, Qatar, Siria, Jordania, Egipto, Turquía,
Pakistán, Afganistán y la India.
Algunos expertos, como
el profesor americano Juan-Cole sugiere agruparlos en tres categorías. Chiíes-árabo
parlantes, chiíes persa parlantes y chiíes urdu parlantes.
Esa división puede
facilitar la comprensión de las tres grandes zonas en las que se asientan y la
razón de por qué Irán es su centro de gravedad.
Al
igual que el sunismo, el chiísmo no es homogéneo. Se divide en dos grandes bloques.
De un lado, los duodecimanos.
Asentados en Irán son mayoritarios y creen en la existencia de un imán oculto
al que siguen. De otro, los septimanos o ismaelíes, más
conservadores, que creen en la ocultación del séptimo imam y su regreso al
final de los tiempos.
De
este grupo han surgido ramas tan radicales y violentas como la secta de los hashashim, precursora del
atentado suicida.
Muy minoritaria sería
también la corriente de losquinquemanos, seguidores del quinto imam y
que se establece en Yemen.
En
los últimos 200 años, los chiíes han sido los que han tenido un crecimiento más
rápido, especialmente gracias a la revolución
iraní del ayatolá Jomeini, que fundó el primer Estado chií
de la historia contemporánea.
Cambió el panorama
geopolítico tanto como un nuevomodelo estatal híbrido: la teocracia
islámica, a caballo entre el romanticismo medieval y la modernidad, a
las que añadió fuertes dosis de populismo revolucionario con algunas
instituciones de corte democrático.
Un proyecto de
modernización de lo autóctono, a partir del sometimiento al islam chií y no a
la ciencia. Un régimen establecido oficialmente como República Islámica, donde
la religión y la teocracia están garantizadas por la Carta Magna. Con celebración
de elecciones pero sin división de poderes.
En última instancia,
todo el poder está concentrado en el líder supremo, cuyas atribuciones legales
son omnipotentes y a quien apoya un grupo de doce clérigos: el Consejo o
Guardianes.
Sólo en cuestiones de fe
este sistema se presenta ancestral. La base legal es la jurisprudencia medieval
musulmana, que no es igual que la ley islámica.
En este sentido, cuando
los ulemas recuperaron el poder en Irán, encontraron que existían numerosos
elementos de jurisprudencia anglosajona en cuestiones económicas y financieras.
En poco tiempo, todo
este corpus se fue islamizando. Es por esto, que el Irán jomeinista era
profundamente antiliberal y no antimoderno.
Había criticado la
política modernizadora del sha, pero Jomeini vistió su retórica populista y su
nacionalismo religioso con ropajes medievales, algo que pretendía ser
alternativa al lujo, la secularización y el gusto por lo extranjero.
Por eso debido a este
proyecto, los conceptos de autoridad y Estado han evolucionado mejor
dentro del chiísmo que del sunismo. Mejor en Irán que en Arabia Saudí. Aunque
ambos comparte un aspecto profundamente retrógrado: la judicatura ajena al
respeto de los derechos humanos.
La figura del
clérigo-jurista fue definida al máximo por Jomeini y, contradiciendo al figura
medieval del poder, la transformó hasta conseguir identificarla con le máxima
figura religiosa y jefe del Estado.
Fuente: Aleteia
