De las señales en que se conocerá que el espiritual
va por el camino de esta noche y purgación sensitiva
1. Pero, porque estas sequedades podrían proceder
muchas veces no de la dicha noche y purgación del apetito sensitivo, sino de
pecados e imperfecciones o de flojedad y tibieza, o de algún mal humor o
indisposición corporal, pondré aquí algunas señales en que se conoce si es la
tal dicha purgación, o si nace de alguno de los dichos vicios. Para lo cual hallo
que hay tres señales principales.
2. La primera es si, así como no halla gusto ni
consuelo en las cosas de Dios, tampoco le halla en alguna de las cosas criadas;
porque, como pone Dios al alma en esta oscura noche a fin de enjugarle y
purgarle el apetito sensitivo, en ninguna cosa le deja engolosinar ni hallar
sabor.
Pero, porque este no gustar ni de cosa de arriba ni
de abajo podría provenir de alguna indisposición o humor melancólico, el cual
muchas veces no deja hallar gusto en nada, es menester la segunda señal y
condición.
3. La segunda señal para que se crea ser la dicha
purgación es que ordinariamente trae la memoria en Dios con solicitud y cuidado
penoso, pensando que no sirve a Dios, sino que vuelve atrás, como se ve en
aquel sinsabor en las cosas de Dios. Y en esto se ve que no sale de flojedad y
tibieza este sinsabor y sequedad; porque de razón de la tibieza es no se le dar
mucho ni tener solicitud interior por las cosas de Dios.
De donde entre la sequedad y tibieza hay mucha
diferencia; porque la que es tibieza tiene mucha flojedad y remisión en la
voluntad y en el ánimo, sin solicitud de servir a Dios; la que sólo es sequedad
purgativa tiene consigo ordinaria solicitud con cuidado y pena, como digo, de
que no sirve a Dios. Y ésta, aunque algunas veces sea ayudada de la melancolía
u otro humor, como muchas veces lo es, no por eso deja de hacer su efecto
purgativo del apetito, pues de todo gusto está privado, y sólo su cuidado trae
en Dios; porque, cuando es puro humor, sólo se va en disgusto y estrago del
natural, sin estos deseos de servir a Dios que tiene la sequedad purgativa, con
la cual aunque la parte sensitiva está muy caída y floja y flaca para obrar por
el poco gusto que halla, el espíritu, empero, está pronto y fuerte.
4. Porque la causa de esta sequedad es porque muda
Dios los bienes y fuerza del sentido al espíritu, de los cuales, por no ser
capaz el sentido y fuerza natural, se queda ayuno, seco y vacío. Porque la
parte sensitiva no tiene habilidad para lo que es puro espíritu, y así,
gustando el espíritu se desabre la carne y se afloja para obrar; mas el espíritu
que va recibiendo el manjar, anda fuerte y más alerto y solícito que antes en
el cuidado de no faltar a Dios, el cual, si no siente luego al principio el
sabor y deleite espiritual, sino la sequedad y sinsabor, es por la novedad del
trueque; porque, habiendo tenido el paladar hecho a esotros gustos sensibles (y
todavía tiene los ojos puestos en ellos), y porque también el paladar
espiritual no está acomodado ni purgado para tan sutil gusto, hasta que
sucesivamente se vaya disponiendo por medio de esta seca y oscura noche no
puede sentir el gusto y bien espiritual, sino la sequedad y sinsabor, a falta
del gusto que antes con tanta facilidad gustaba.
5. Porque éstos que comienza Dios a llevar por
estas soledades del desierto son semejantes a los hijos de Israel, que luego
que en el desierto les comenzó Dios a dar el manjar del cielo, que de suyo
tenía todos los sabores, y, como allí dice (Sab. 16, 2021), se convertía al
sabor que cada uno quería, con todo, sentían más la falta de los gustos y
sabores de las carnes y cebollas que comían antes en Egipto, por haber tenido
el paladar hecho y engolosinado en ellas, que la dulzura delicada del maná
angélico, y lloraban y gemían por las carnes entre los manjares del cielo (Núm.
11, 46). Que a tanto llega la bajeza de nuestro apetito, que nos hace llorar
nuestras miserias y fastidiar el bien incomunicable del cielo.
6. Pero, como digo, cuando estas sequedades
provienen de la vida purgativa del apetito sensible, aunque el espíritu no
siente al principio el sabor por las causas que acabamos de decir, siente la
fortaleza y brío para obrar en la sustancia que le da el manjar interior, el
cual manjar es principio de oscura y seca contemplación para el sentido; la
cual contemplación, que es oculta y secreta para el mismo que la tiene,
ordinariamente, junto con la sequedad y vacío que hace al sentido, da al alma
inclinación y gana de estarse a solas y en quietud, sin poder pensar en cosa
particular ni tener gana de pensarla.
Y entonces, si a los que esto acaece se supiesen
quietar, descuidando de cualquier obra interior y exterior, sin solicitud de
hacer allí nada, luego en aquel descuido y ocio sentirán delicadamente aquella
refección interior; la cual es tan delicada que, ordinariamente, si tiene gana
o cuidado en sentirla, no la siente; porque, como digo, ella obra en el mayor
ocio y descuido del alma; que es como el aire, que, en queriendo cerrar el
puño, se sale.
7. Y a este propósito podemos entender lo que a la
Esposa dijo el Esposo en los Cantares (6, 4): Aparta tus ojos de mí, porque
ellos me hacen volar; porque de tal manera pone Dios al alma en este estado y
en tan diferente camino la lleva, que, si ella quiere obrar con sus potencias,
antes estorba la obra que Dios en ella va haciendo, que ayuda; lo cual antes
era muy al revés. La causa es porque ya en este estado de contemplación, que es
cuando sale del discurso y entra en el estado de aprovechados, ya Dios es el
que obra en el ánima, porque por eso la ata las potencias interiores, no
dejándole arrimo en el entendimiento, ni jugo en la voluntad, ni discurso en la
memoria.
Porque, en este tiempo, lo que de suyo puede obrar el alma no sirve
sino, como habemos dicho, de estorbar la paz interior y la obra que en aquella
sequedad del sentido hace Dios en el espíritu. La cual, como espiritual y
delicada, hace obra quieta, delicada, solitaria, satisfactoria y pacífica, muy
ajena de todos esotros gustos primeros, que eran muy palpables y sensibles;
porque es la paz ésta que dice David (Sal. 84, 9) que habla Dios en el alma
para hacerla espiritual. Y de aquí es la tercera.
8. La tercera señal que hay para que se conozca
esta purgación del sentido es el no poder ya meditar ni discurrir en el sentido
de la imaginación, como solía, aunque más haga de su parte. Porque, como aquí
comienza Dios a comunicarse, no ya por el sentido, como antes hacía por medio
del discurso que componía y dividía las noticias, sino por el espíritu puro, en
que no cae discurso sucesivamente, comunicándosele con acto de sencilla
contemplación, la cual no alcanza los sentidos de la parte inferior, exteriores
ni interiores, de aquí es que la imaginativa y fantasía no pueden hacer arrimo
en alguna consideración ni hallar en ella pie ya de ahí adelante.
9. En esta tercera señal se ha de tener que este
empacho de las potencias y del gusto de ellas no proviene de algún mal humor;
porque, cuando de aquí nace, en acabando aquel humor (porque nunca permanece en
un ser), luego con algún cuidado que ponga el alma vuelve a poder lo que antes,
y hallan sus arrimos las potencias, lo cual en la purgación del apetito no es
así, porque, en comenzando a entrar en ella, siempre va delante el no poder
discurrir con las potencias.
Que, aunque es verdad que, a los principios, en
algunos, a veces no entra con tanta continuación que algunas veces dejen de
llevar sus gustos y discursos sensibles, porque, por ventura, por su flaqueza
no convendría destetarlos de un golpe, con todo van siempre entrando más en
ella y acabando con la obra sensitiva, si es que han de ir adelante.
Porque los
que no van por camino de contemplación muy diferente modo llevan, porque esta
noche de sequedades no suele ser en ellos continua en el sentido, porque,
aunque algunas veces las tienen, otras veces no; y aunque algunas no pueden
discurrir, otras pueden; porque, como sólo les mete Dios en esta noche a éstos
para ejercitarlos y humillarlos y reformarles el apetito porque no vayan
criando golosina viciosa en las cosas espirituales, y no para llevarlos a la
vida del espíritu, que es la contemplación (porque no todos los que se
ejercitan de propósito en el camino del espíritu lleva Dios a contemplación, ni
aún la mitad: el por qué, él se lo sabe), de aquí es que a éstos nunca les
acaba de hecho de desarrimar el sentido de los pechos de las consideraciones y
discursos, sino algunos ratos a temporadas, como habemos dicho.
Fuente: Mercaba
