“Gracias” es precisamente la palabra que la Obra Pontificia de la Infancia Misionera ha escogido como lema de su Jornada, que se celebrará el domingo 24 de enero
La palabra “gracias”, tan bella de por sí, se
vuelve especialmente luminosa cuando la referimos a todos los dones que Dios
nos concede, y en especial, a la fe. Entonces, el agradecimiento tiene su
prolongación consecuente en la misión. Así lo decía el papa Pío XII al comienzo
de su encíclica misionera Fidei donum (1957):
“El don de la fe, al cual siguen en las almas por gracia de Dios tan
incomparables riquezas, exige que sin cesar mostremos nuestra gratitud al
Señor, su divino autor. [...] El espíritu misionero, animado por el fuego de
nuestra caridad, es en cierto modo la primera respuesta de nuestra gratitud
para con Dios, al comunicar a nuestros hermanos la fe que nosotros hemos
recibido”.
El agradecimiento es, por eso mismo, un “rasgo
distintivo” de los niños y niñas que se sienten partícipes del espíritu de
Infancia Misionera, esa gran “escuela” de la Iglesia para formar la conciencia
misionera de los más pequeños. De hecho, el saber dar siempre las gracias
aparece como uno de los puntos del “Decálogo del Niño Misionero” que ellos
comparten y procuran vivir con ilusión.
La gratitud a Dios por sus dones se
transforma en el deseo de compartirlos con los otros niños del mundo, sabiendo
que todos pueden aportar algo y que todos necesitan recibir también de la
generosidad de los demás. Descubrir que todos ellos están llamados a vivir
unidos a Jesús por la oración y por la participación en la celebración de la fe
y los sacramentos, y que pueden expresar esa unión a través de la ayuda
económica a quienes más lo necesitan es, sin duda, un enorme motivo de
agradecimiento.
“Gracias” es precisamente la palabra que
la Obra Pontificia de la Infancia Misionera ha escogido como lema de su Jornada,
que se celebrará el domingo 24 de enero. En el camino hacia ese día, tenemos la
ocasión de ayudar a nuestros niños a reconocer y agradecer todo lo que nos
regala nuestro Padre del Cielo: el don de la creación y la hermosura de la
naturaleza (sobre el que nos invita a volver el papa Francisco en su encíclica Laudato si’); el don de la vida, de la
familia, de la amistad, de los bienes con que podemos cubrir nuestras
necesidades materiales y ayudarnos unos a otros; el don de la igualdad de los
seres humanos y, a la vez, de la enriquecedora diversidad de la familia
universal; el don de la fe que hemos recibido; y el don de poder compartir la
alegría de esa fe, anunciando a los demás la bondad de Dios.
Infancia Misionera no es solo su Jornada del
cuarto domingo de enero. Es también la preparación de ese día a través del
“Adviento Misionero”, mediante actividades como “Sembradores de Estrellas” y
con la ayuda de los diversos materiales elaborados por Obras Misionales
Pontificias, como la “Hucha del Compartir” o la “Lámina de Colorear”. Y es, en
última instancia, ayudar a que los niños, a lo largo de todo el año —mediante
el tono misionero de las catequesis, las clases de religión y de nuestra vida
familiar y comunitaria—, tomen conciencia de que ellos, como cristianos, son ya
de por sí misioneros. Pequeños, pero muy importantes, misioneros de Jesús y de
la actitud de profundo agradecimiento que debe caracterizarnos a quienes
queremos comunicar a todos su Buena Noticia.
Fuente: Rafael Santos/Obras Misionales Pontificias