¡Acaba ya, si quieres!
22. Es a saber: acaba ya
de consumar conmigo perfectamente el matrimonio espiritual con tu vista
beatífica. Que, aunque es verdad que en este estado tan alto está el alma tanto
más conforme cuanto más transformada, porque para sí ninguna cosa sabe, ni
acierta a pedir, sino todo para su Amado, porque la caridad no pretende sus
cosas (1 Cor. 13, 5), sino las del amado todavía, porque aún vive en esperanza,
en que no se puede dejar de sentir vacío, tiene tanto de gemido, aunque suave y
regalado, cuanto le falta para la acabada posesión de la adopción de hijo de
Dios, donde consumándose su gloria se quietará su apetito.
El cual, aunque acá más
juntura tenga con Dios, nunca se hartará hasta que parezca esta gloria (Sal.
16, 15), mayormente teniendo ya el sabor y la golosina de ella, como aquí se
tiene. Que es tal, que, si Dios no tuviese aquí también favorecida la carne,
amparando el natural con su diestra, como hizo con Moisés en la piedra, para
que sin morirse pudiese ver su gloria (Ex. 33, 22), con la cual diestra antes
el natural recibe refección y deleite que detrimento, a cada llamarada de éstas
moriría y se corrompería el natural, no teniendo la parte inferior vaso para
sufrir tanto fuego y tan subido.
Porque, demás de esto,
ve allí el alma que en aquella fuerza de deleitable comunicación la está el
Espíritu Santo provocando y convidando con maravillosos modos y afectos suaves
a aquella inmensa gloria que la está proponiendo delante sus ojos, diciendo lo
que en los Cantares (2, 10n14) a la Esposa, conviene saber: Mirad ndice ellan
lo que me está diciendo mi Esposo; levántate y date priesa, amiga mía, paloma
mía, hermosa mía, y ven; pues que ha pasado ya el invierno, y la lluvia pasó y
se desvió y las flores han parecido en nuestra tierra, y ha llegado el tiempo
de podar, y la voz de la tortolilla se ha oído en nuestra tierra, y la higuera
ha echado sus higos, y las floridas viñas han dado su olor.
Levántate, amiga mía,
graciosa mía, y ven, paloma mía, en los horados de la piedra, en la caverna de
la cerca; muéstrame tu rostro, suene tu voz en mis oídos, porque tu voz es
dulce, y tu cara hermosa. Todas estas cosas siente el alma distintísimamente
que la está diciendo el Espíritu Santo en aquel suave y tierno llamear. Y por
eso ella aquí responde: Acaba ya, si quieres. En lo cual le pide aquellas dos
peticiones que él mandó pedir por san Mateo (6, 10): Adveniat regnum tuum; fiat
voluntas tua; como si dijera: Acábame de dar ese reino como tú lo quieres. Y,
para que así sea,
¡Rompe la tela de este dulce encuentro!.
24. que es la que impide
este tan grande negocio. Porque es fácil cosa llegar a Dios, quitados los
impedimentos y telas que dividen. Las cuales se reducen en tres telas, que se
han de romper para poseer a Dios perfectamente, conviene saber: temporal, en
que se 12 comprehende toda criatura; natural, en que se comprehenden las
operaciones e inclinaciones puramente naturales; y sensitiva, en que sólo se
comprehende la unión del alma en el cuerpo, que es vida sensitiva y animal, de
que dice san Pablo (2 Cor. 5, 1): Sabemos que si esta nuestra casa terrestre se
desata, tenemos habitación de Dios en los cielos.
Las dos primeras telas
de necesidad se han de haber rompido para llegar a esta posesión de unión de
Dios por amor, en que todas las cosas del mundo están negadas y renunciadas, y
todos los apetitos y afectos naturales mortificados, y las operaciones del alma
hechas divinas. Todo lo cual se rompió por los encuentros de esta llama cuando
era esquiva; porque en la purgación espiritual, como habemos dicho arriba acaba
el alma de romper con estas dos telas y unirse como aquí está, y no queda por
romper más que la tercera de la vida sensitiva. Que por eso dice aquí
"tela", y no "telas"; porque no hay más de ésta, la cual
por estar ya tan sutil y delgada y espiritualizada con esta unión, no la
encuentra la llama rigurosa y esquivamente, como a las otras hacía sino sabrosa
y dulcemente.
Y así, la muerte de las
semejantes almas siempre es más suave y dulce, más que les fue toda la vida;
porque mueren con ímpetus y encuentros sabrosos de amor, como el cisne que
canta más dulcemente cuando se quiere morir y se muere. Que por eso dijo David
(Sal. 115, 15) que la muerte de los justos es preciosa, porque allí van a
entrar los ríos del amor del alma en la mar, y están allí tan anchos y
represados, que parecen ya mares; juntándose allí lo primero y lo postrero,
para acompañar al justo que va y parte a su reino, oyéndose las alabanzas de
los fines de la tierra, que son gloria del justo (Is. 24, 16).
25. Y, sintiéndose el
alma, en esta sazón, en estos gloriosos encuentros, tan al canto de salir en
abundancias a poseer el reino acabadamente (porque se ve pura y rica y
dispuesta para ello, porque en este estado déjales Dios ver su hermosura, y
fíales los dones y virtudes que les ha dado, porque todo se les vuelve en amor
y alabanzas, no habiendo ya levadura que corrompa la masa), y como ve que no le
falla más que romper la tela flaca de esta humana condición de vida natural en
que se siente enredada y presa, impedida su libertad con deseo de ser desatada
y verse con Cristo (Fil. 1, 23), deshaciéndose ya esta urdimbre de espíritu y
carne, que son de muy diferente ser, y recibiendo cada una de por sí su suerte:
que la carne se quede en su tierra y el espíritu vuelva a Dios que le dio
(Ecle. 12, 7), pues la carne no aprovechaba nada, como dice san Juan (6, 64),
antes estorbaba este bien de espíritu; haciéndole lástima que una vida tan baja
la impida otra tan alta, pide que se rompa.
26. Y llámala
"tela" por tres cosas: la primera, por la trabazón que hay entre el
espíritu y la carne; la segunda, porque divide entre Dios y el alma; la
tercera, porque así como la tela no es tan opaca y condensa que no se pueda
traslucir lo claro por ella, así en este estado parece esta trabazón tan
delgada tela, por estar ya muy espiritualizada e ilustrada y adelgazada, que no
se deja de traslucir la Divinidad en ella. Y como siente el alma la fortaleza
de la otra vida, echa de ver tela de araña como la llama David (Sal. 89, 9),
diciendo: Nuestros años como la araña meditarán. Y aun es mucho menos delante
la flaqueza de estotra, y parécele mucho delgada tela, y aun del alma que así
está engrandecida; porque, como está puesta en el sentir de Dios, siente las
cosas como Dios, delante del cual, como también dice David (Sal. 8, 4), mil
años son como el día de ayer que pasó, y según Isaías (40, 17), todas las
gentes son como si no fuesen. Y ese mismo tomo tienen delante del alma, que
todas las cosas le son nada, y ella es para sus ojos nada. Sólo su Dios para
ella es el todo.
27. Pero hay aquí que notar:
)por qué razón pide más que "rompa" la tela, que la
"corte". o que la "acabe", pues todo parece una cosa?
Podemos decir que por cuatro cosas. La primera, por hablar con más propiedad;
porque más propio es del encuentro romper, que cortar y que acabar. La segunda,
porque el amor es amigo de fuerza de amor y de toque fuerte e impetuoso, lo
cual se ejercita más en el romper que en cortar y acabar. La tercera, porque el
amor apetece que el acto sea brevísimo, porque se cumple más presto, y tiene
tanta más fuerza y valor cuanto es más breve y más espiritual, porque la virtud
unida, más fuerte es que esparcida; e introdúcese amor al modo que la forma en
la materia, que se introduce en un instante, y hasta entonces no había acto
sino disposiciones para él: y así, los actos espirituales como en un instante
se hacen; lo demás son disposiciones de deseos y afectos sucesivos, que muy
pocos llegan a ser actos.
Por lo cual dijo el Sabio (Ecli. 7, 9) que es
mejor el fin de la oración que el principio. Mas los que llegan, en un punto se
forman en Dios, por lo cual se dice que la oración breve penetra los cielos. De
donde el alma dispuesta muchos más actos y más intensos puede hacer en breve
tiempo que la no dispuesta en mucho; porque a ésta todo se le va en disponer el
espíritu, y aún después se suele quedar el fuego por entrar en el madero: mas
en la dispuesta, por momentos entra el amor, que la centella prende al primer
toque en la seca yesca. Y así, el alma enamorada más quiere la brevedad del
romper que el espacio del cortar y del esperar a acabar. La cuarta es, por que
se acabe más presto la tela de la vida; porque el cortar y acabar hácese de más
acuerdo cuando la cosa está ya más sazonada, y parece que pide más espacio y
madurez, y el romper no espera madurez ni nada de eso.
28. Y esta alma eso
quiere, que no se espere a que se acabe la vida naturalmente, ni acuerdo de que
se corte; porque la fuerza del amor y la disposición que en sí ve, la hace
querer y pedir que se rompa con algún encuentro e ímpetu sobrenatural de amor.
Porque sabe allí muy bien el alma que es condición de Dios llevar a las tales
almas antes de tiempo, por darles los bienes y sacarlas de males, consumándolas
él en breve tiempo por medio de aquel amor lo que en mucho tiempo pudieran ir
ganando, como dice el Sabio (Sab. 4, 10n14) por estas palabras: El que agrada a
Dios es hecho amado, y, viviendo entre los pecadores, fue trasladado y
arrebatado, porque la malicia no mudara su entendimiento, o la ficción no
engañara su alma.
Consumado en breve, cumplió
muchos tiempos; porque era su alma agradable a Dios, y por eso se apresuró a
sacarle de en medio, etc. Por eso es grande negocio ejercitar mucho el amor,
porque, consumándose aquí el alma, no se detenga mucho acá o allá sin verle
cara a cara.
29. Pero veamos ahora
por qué a este embestimiento interior del Espíritu Santo llama el alma
encuentro más que otro nombre alguno. Y es porque siente el alma en Dios, como
14 habemos dicho, infinita gana de que se le acabe la vida para consumarla en
gloria; sino que, como no ha llegado el tiempo, no se hace; y así, para la más
consumar y elevar de la carne, hace él en ella unos embestimientos divinos y
gloriosos a manera de encuentros, que verdaderamente son encuentros, con que
siempre penetra endiosando la sustancia del alma y haciéndola divina. En lo
cual absorbe al alma sobre todo ser a ser de Dios porque la encontró Dios y la
traspasó vivamente en el Espíritu Santo, cuyas comunicaciones son impetuosas
cuando son afervoradas, como ésta lo es. En el cual, porque el alma vivamente
gusta de Dios, le llama dulce; no porque otros muchos toques y encuentros que
en este estado recibe dejan de ser dulces y sabrosos, sino por eminencia que
tiene sobre todos los demás; porque le hace Dios, como habemos dicho, a fin de
desatarla y glorificarla. De donde a ella le nacen alas para decir: Rompe la
tela, etc.
30. Y así toda la
canción es como si dijera: (Oh llama del Espíritu Santo, que tan íntima y
tiernamente traspasas la sustancia de mi alma y la cauterizas con tu ardor!
Pues ya estás tan amigable que te muestras con gana de dárteme en vida eterna
cumplida, si antes mis peticiones no llegaban a tus oídos, cuando con ansias y
fatigas de amor, en que penaba la flaqueza de mi sentido y espíritu por la
mucha flaqueza e impureza y poca fuerza de amor que tenían, te rogaba me
desatases, porque con deseo te deseaba mi alma cuando el amor impaciente no me
dejaba conformar tanto con esta condición de vida que tú querías que viviese, y
los pasados ímpetus de amor no eran bastantes delante de ti, porque no eran de
tanta sustancia; ahora que estoy tan fortalecida en amor, que no sólo no
desfallece mi sentido y espíritu a ti, mas antes, fortalecidos de ti, mi
corazón y mi carne se gozan en Dios vivo (Sal. 83, 2), con grande conformidad
de las partes, donde lo que tú quieres que pida, pido, y lo que no quieres, no
lo quiero, ni aun puedo, ni pasa por pensamiento pedir: y, pues son ya delante
de tus ojos más válidas y razonables mis peticiones, pues salen de ti y tú las
quieres, y con sabor y gozo en el Espíritu Santo te lo pido, saliendo ya mi
juicio de tu rostro (Sal. 16, 2), que es cuando los ruegos precias y oyes,
rompe la tela delgada de esta vida, y no la dejes llegar a que la edad y años
naturalmente la corten, para que te pueda amar desde luego con la plenitud y
hartura que desea mi alma, sin término ni fin.
Fuente: Portal Carmelitano