Prosigue en lo mismo, y pone una manera
de cuando levanta Dios el alma con un vuelo del espíritu en diferente
manera de lo que queda dicho. Dice alguna causa por que es menester ánimo.
Declara algo de esta merced que hace el Señor, por sabrosa manera. Es harto
provechoso.
1. Otra manera de arrobamientos hay (1), o vuelo del
espíritu le llamo yo, que aunque todo es uno en la sustancia, en el interior se
siente muy diferente; porque muy de presto algunas veces se siente un
movimiento tan acelerado del alma, que parece es arrebatado el espíritu con una
velocidad que pone harto temor, en especial a los principios; que por eso os
decía (2) que es menester ánimo grande para a quien Dios ha de hacer estas
mercedes, y aun fe y confianza y resignación grande de que haga nuestro Señor
del alma lo que quisiere.
2. Pues ¿hay algún remedio de poder resistir? En ninguna
manera; antes es peor; que yo sé de alguna persona (5) que parece quiere Dios
dar a entender al alma que, pues tantas veces con tan grandes veras se ha
puesto en sus manos, y con tan entera voluntad se le ha ofrecido toda, que
entienda que ya no tiene parte en sí, y notablemente con más impetuoso
movimiento es arrebatada; y tomaba ya por sí no hacer más que hace una paja
cuando la levanta el ámbar, si lo habéis mirado, y dejarse en las manos de
quien tan poderoso es, que ve es lo más acertado hacer de la necesidad virtud.
Y porque dije de la paja, este nuestro gran gigante y poderoso arrebata el
espíritu (6).
3. No parece sino que aquel pilar de agua que dijimos creo
era en la cuarta morada, que no me acuerdo bien (7), que con tanta suavidad y
mansedumbre, digo sin ningún movimiento, se henchía, aquí desató este gran
Dios, que detiene los manantiales de las aguas y no deja salir la mar de sus
términos (8), los manantiales por donde venía a este pilar del agua; y con un
ímpetu grande se levanta una ola tan poderosa, que sube a lo alto esta navecica
de nuestra alma. Y así como no puede una nave, ni es poderoso el piloto, ni
todos los que la gobiernan, para que las olas, si vienen con furia, la dejen
estar adonde quieren, muy menos puede lo interior del alma detenerse en donde
quiere, ni hacer que sus sentidos ni potencias hagan más de lo que les tienen
mandado, que lo exterior no se hace aquí caso de ello.
4. Es cierto, hermanas, que de sólo irlo escribiendo me voy
espantando de cómo se muestra aquí el gran poder de este gran Rey y Emperador;
¡qué hará quien pasa por ello! Tengo para mí, que si los que andan muy perdidos
por el mundo se les descubriese Su Majestad, como hace a estas almas, que
aunque no fuese por amor, por miedo no le osarían ofender. Pues ¡oh, cuán
obligadas estarán las que han sido avisadas por camino tan subido a procurar
con todas sus fuerzas no enojar este Señor! Por El os suplico, hermanas, a las
que hubiere hecho Su Majestad estas mercedes u otras semejantes, que no os
descuidéis con no hacer más que recibir. Mirad que quien mucho debe, mucho ha
de pagar (9).
5. Para esto también es menester gran ánimo, que es una cosa
que acobarda en gran manera; y si nuestro Señor no se le diese, andaría siempre
con gran aflicción; porque mirando lo que Su Majestad hace con ella y
tornándose a mirar a sí, cuán poco sirve para lo que está obligada, y eso
poquillo que hace lleno de faltas y quiebras y flojedad, que por no se acordar
de cuán imperfectamente hace alguna obra, si la hace, tiene por mejor procurar
que se le olvide y traer delante sus pecados y meterse en la misericordia de
Dios, que, pues no tiene con qué pagar, supla la piedad y misericordia que
siempre tuvo con los pecadores.
6. Quizás le responderá lo que a una persona (10) que estaba
muy afligida delante de un crucifijo en este punto, considerando que nunca
había tenido qué dar a Dios ni qué dejar por El: díjole el mismo Crucificado,
consolándola, que El le daba todos los dolores y trabajos que había pasado en
su Pasión, que los tuviese por propios, para ofrecer a su Padre. Quedó aquel
alma tan consolada y tan rica, según de ella he entendido, que no se le puede
olvidar; antes cada vez que se ve tan miserable, acordándosele, queda animada y
consolada.
Algunas cosas de éstas podría decir aquí, que como he
tratado tantas personas santas y de oración, sé muchas; porque no penséis que
soy yo, me voy a la mano. Esta paréceme de gran provecho para que entendáis lo
que se contenta nuestro Señor de que nos conozcamos y procuremos siempre mirar
y remirar nuestra pobreza y miseria, y que no tenemos nada que no lo recibimos
(11). Así que, hermanas mías, para esto y otras muchas cosas que se ofrece a un
alma que ya el Señor la tiene en este punto, es menester ánimo; y a mi parecer,
para esto postrero más que para nada, si hay humildad. Dénosla el Señor, por
quien Él es.
7. Pues tornando a este apresurado arrebatar el espíritu
(12), es de tal manera que verdaderamente parece sale del cuerpo, y por otra
parte claro está que no queda esta persona muerta; al menos ella no puede decir
si está en el cuerpo o si no, por algunos instantes. Parécele que toda junta ha
estado en otra región muy diferente de en ésta que vivimos, adonde se le
muestra otra luz tan diferente de la de acá, que si toda su vida ella la
estuviera fabricando junto con otras cosas, fuera imposible alcanzarlas. Y
acaece que en un instante le enseñan tantas cosas juntas que en muchos años que
trabajara en ordenarlas con su imaginación y pensamiento no pudiera de mil
partes la una. Esto no es visión intelectual, sino imaginaria, que se ve con
los ojos del alma muy mejor que acá vemos con los del cuerpo, y sin palabras se
le da a entender algunas cosas; digo como si ve algunos santos, los conoce como
si los hubiera mucho tratado.
8. Otras veces, junto con las cosas que ve con los ojos del
alma, por visión intelectual se le representan otras, en especial multitud de
ángeles con el Señor de ellos; y sin ver nada con los ojos del cuerpo (13), por
un conocimiento admirable que yo no sabré decir, se le representa lo que digo y
otras muchas cosas que no son para decir. Quien pasare por ellas, que tenga más
habilidad que yo, las sabrá quizá dar a entender, aunque me parece bien
dificultoso. Si esto todo pasa estando en el cuerpo, o no, yo no lo sabré
decir; al menos ni juraría que está en el cuerpo ni tampoco que está el cuerpo
sin alma (14).
9. Muchas veces he pensado, si como el sol estándose en el
cielo, que sus rayos tienen tanta fuerza que no mudándose él de allí, de presto
llegan acá, si el alma y el espíritu, que son una misma cosa como lo es el sol
y sus rayos, puede, quedándose ella en su puesto, con la fuerza del calor que
le viene del verdadero Sol de Justicia, alguna parte superior salir sobre sí
misma (15). En fin, yo no sé lo que digo.
Lo que es verdad, es que con la
presteza que sale la pelota de un arcabuz cuando la ponen el fuego, se levanta
en el interior un vuelo que yo no sé otro nombre que le poner), que aunque no
hace ruido, hace movimiento tan claro que no puede ser antojo en ninguna
manera; y muy fuera de sí misma, a todo lo que puede entender, se le muestran
grandes cosas; y cuando torna a sentirse en sí, es con tan grandes ganancias y
teniendo en tan poco todas las cosas de la tierra para en comparación de las
que ha visto, que le parecen basura; y desde ahí adelante vive en ella con
harta pena, y no ve cosa de las que le solían parecer bien, que le haga dársele
nada de ella.
Parece que le ha querido el Señor mostrar algo de la tierra
adonde ha de ir, como llevaron señas los que enviaron a la tierra de promisión
los del pueblo de Israel (16), para que pase los trabajos de este camino tan
trabajoso, sabiendo adónde ha de ir a descansar. Aunque cosa que pasa tan de
presto no os parecerá de mucho provecho, son tan grandes los que deja en el
alma que si no es por quien pasa, no se sabrá entender su valor.
10. Por donde se ve bien no ser cosa del demonio; que de la
propia imaginación es imposible, ni el demonio podría representar cosas que
tanta operación y paz y sosiego y aprovechamiento deja en el alma, en especial
tres cosas muy en subido grado: conocimiento de la grandeza de Dios, porque
mientras más cosas viéremos de ella, más se nos da a entender. Segunda razón:
(17) propio conocimiento y humildad de ver cómo cosa tan baja en comparación
del Criador de tantas grandezas, la ha osado ofender ni osa mirarle; la
tercera, tener en muy poco todas las cosas de la tierra, si no fueren las que
puede aplicar para servicio de tan gran Dios.
11. Estas son las joyas (18) que comienza el Esposo a dar a
su esposa, y son de tanto valor que no las pondrá a mal recaudo; que así quedan
esculpidas en la memoria estas visitas, que creo es imposible olvidarlas hasta
que las goce para siempre, si no fuese para grandísimo mal suyo; mas el Esposo
que se las da, es poderoso para darle gracia que no las pierda.
12. Pues tornando al ánimo que es menester (19), ¿paréceos
que es tan liviana cosa?; que verdaderamente parece que el alma se aparta del
cuerpo, porque se ve perder los sentidos y no entiende para qué. Menester es
que le dé el que da todo lo demás. Diréis que bien pagado va este temor. Así lo
digo yo. Sea para siempre alabado el que tanto puede dar. Plega a Su Majestad,
que nos dé para que merezcamos servirle, amén.
NOTAS MORADAS VI, c. 5
1 Otra
manera de arrobamientos: la primera especie quedó descrita en el cap. anterior,
nn. 3 y siguientes. - Sobre la relación entre "arrobamiento" y
"vuelo de espíritu", véase Vida 20, 1 y 18, 7, aclarados en R. 5, 10.
2 Gran
ánimo: lo ha dicho ya en M. VI, 4, 1 y lo reiterará al final del presente
capítulo, n. 12.
3 Hemos
leído: nueva alusión a la lectura de vidas de santos, en comunidad.
4 Cf. el
relato autobiográfico en Vida 20, 3-7.
5 Ella
misma. Véase el relato de Vida 20, 5-6. No se excleye que la alusión alcance
también a fray Juan de la Cruz, o a los episodios de ese género ocurridos a
ambos pocos años antes en la Encarnación.
6
"Como un gigante tomaría una paja", había escrito en Vida 22, 13 y
20, 4.
7 Lo dijo
en M. IV, 2, 2.
8 Eco de
la imagen bíblica de Proverbios 8, 29; o Job 38, 8.10.
9
Reminiscencia del pasaje evangélico de Lucas 12, 48: la idea reiteradamente
expresada por la Santa, a propósito de la profusión de gracias místicas por
ella recibidas.
10 Ella misma.
Lo ha referido en la R. 51.
11
Reminiscencias de 1 Cor 4, 7.
12
Regresa al tema del n. 1.
13 Había
escrito: sin ver nada con los ojos del cuerpo ni del alma. Luego borró ella
misma "ni del alma". Ya fray Luis omitió lo tachado.
14
Evidente paralelismo con el testimonio autobiográfico de San Pablo: 2 Cor 12,
2-4. - A continuación borró la propia autora la frase: "dirálo, como he
dicho, quien pasare por ello, que si tiene letras tendrá gran ayuda". Ya
fray Luis omitió lo tachado (p. 161).
15 Sol de
justicia: Cristo. Imagen de inspiración bíblica (Malac. 4, 2), y reiterada en
la liturgia. - Sobre la distinción de alma y espíritu, cf. M. VII, 1, 11; y R.
5, 10; y R. 29, 1. Cf. el lugar paralelo de Vida 20, 14.
16
Números 13, 18-24.
17
Segunda razón: fue añadido por la Santa al margen del autógrafo. Fray Luis
remodeló toda la frase (p. 172).
18 Joyas
y poco después: vistas: continúa el lenguaje simbólico introducido por la
alegoría matrimonial (M. V, 4, 3).
19 De
nuevo, la necesidad de tener gran ánimo, como en el n. 1 y en M. VI, 4, 2.
Fuente: Mercaba
