En que trata de la fundación de la
villa de Caravaca. Púsose el Santísimo Sacramento, día de año nuevo del mismo
año de 1576. Es la vocación del glorioso San José (1).
1. Estando en San José de Avila para partirme a la fundación
que queda dicha de Beas, que no faltaba sino aderezar en lo que habíamos de ir,
llega un mensajero propio, que le enviaba una señora de allí, llamada doña
Catalina, porque se habían ido a su casa desde un sermón que oyeron a un padre
de la Compañía de Jesús tres doncellas con determinación de no salir hasta que
se fundase un monasterio en el mismo lugar (2).
Debía ser cosa que tenían
tratada con esta señora, que es la que les ayudó para la fundación. Eran de los
más principales caballeros de aquella villa. La una tenía padre, llamado
Rodrigo de Moya, muy gran siervo de Dios y de mucha prudencia (3). Entre todas
tenían bien para pretender semejante obra. Tenían noticia de ésta que ha hecho
nuestro Señor en fundar estos monasterios, que se la habían dado de la Compañía
de Jesús, que siempre han favorecido y ayudado a ella.
3. Verdad es que, como yo me informé en Beas de adónde era y
vi ser tan a trasmano y de allí allá tan mal camino, que habían de pasar
trabajo los que fuesen a visitar las monjas, y que a los prelados se les haría
de mal, tenía bien poca gana de ir a fundarle. Mas porque había dado buenas
esperanzas, pedí al padre Julián de Avila y a Antonio Gaytán fuesen allá para
ver qué cosa era, y si les pareciesen, lo deshiciesen. Hallaron el negocio muy
tibio, no de parte de las que habían de ser monjas, sino de la doña Catalina,
que era el todo del negocio, y las tenía en un cuarto por sí, ya como cosa de
recogimiento.
4. Las monjas estaban tan firmes, en especial las dos, digo
las que lo habían de ser, que supieron tan bien granjear al padre Julián de
Avila y Antonio Gaytán, que antes que se vinieron dejaron hechas las escrituras
(5), y se vinieron dejándolas muy contentas; y ellos lo vinieron tanto de ellas
y de la tierra, que no acababan de decirlo, también como del mal camino. Yo,
como lo vi ya concertado y que la licencia tardaba, torné a enviar allá al buen
Antonio Gaytán, que por amor de mí todo el trabajo pasaba de buena gana, y
ellos (6) tenían afición a que la fundación se hiciese. Porque, a la verdad, se
les puede a ellos agradecer esta fundación, porque si no fueran allá y lo
concertaran, yo pusiera poco en ella.
5. Dile que fuese para que pusiese torno y redes (7), adonde
se había de tomar la posesión y estar las monjas hasta buscar casa a propósito.
Así estuvo allá muchos días, que en la de Rodrigo de Moya, que como he dicho
(8) era padre de la una de estas doncellas, les dio parte de su casa muy de
buena gana. Estuvo allá muchos días haciendo esto.
6. Cuando trajeron la licencia y yo estaba ya para partirme
allá, supe que venía en ella que fuese la casa sujeta a los Comendadores y las
monjas les diesen la obediencia, lo que yo no podía hacer, por ser la Orden de
nuestra Señora del Carmen. Y así tornaron de nuevo a pedir la licencia, que en
ésta y la de Beas no hubiera remedio (9). Mas hízome tanta merced el Rey, que
en escribiéndole yo, mandó que se diese, que es al presente Don Felipe, tan
amigo de favorecer los religiosos que entienden que guardan su profesión, que,
como hubiese sabido la manera del proceder de estos monasterios, y ser de la
primera Regla, en todo nos ha favorecido. Y así, hijas, os ruego yo mucho, que
siempre se haga particular oración por Su Majestad, como ahora la hacemos.
7. Pues como se hubo de tornar por la licencia, partíme yo
para Sevilla, por mandado del Padre Provincial, que era entonces y es ahora, el
maestro fray Jerónimo Gracián de la Madre de Dios como queda dicho (10) y
estuviéronse las pobres doncellas encerradas hasta el día de año nuevo
adelante; y cuando ellas enviaron a Avila era por febrero. La licencia luego se
trajo con brevedad. Mas como yo estaba tan lejos y con tantos trabajos, no
podía remediarlas, y habíales harta lástima, porque me escribían muchas veces con
mucha pena, y así ya no se sufría detenerlas más.
8. Como ir yo era imposible, así por estar tan lejos, como
por no estar acabada aquella fundación (11), acordó el padre maestro fray
Jerónimo Gracián, que era Visitador Apostólico como está dicho, que fuesen las
monjas que allí habían de fundar, aunque no fuese yo, que se habían quedado en
San José de Malagón. Procuré que fuese priora de quien yo confiaba lo haría muy
bien, porque es harto mejor que yo (12). Y llevando todo recaudo, se partieron
con dos padres Descalzos de los nuestros, que ya el padre Julián de Avila y
Antonio Gaytán había días que se habían tornado a sus tierras; y por ser tan
lejos no quise viniesen, y tan mal tiempo, que era en fin de diciembre.
9. Llegadas allá, fueron recibidas con gran contento del
pueblo, en especial de las que estaban encerradas. Fundaron el monasterio,
poniendo el Santísimo Sacramento día del Nombre de Jesús, año de 1576 (13).
Luego tomaron las dos hábito. La otra tenía mucho humor de melancolía, y
debíale de hacer mal estar encerrada, cuánto más tanta estrechura y penitencia.
Acordó de tornarse a su casa con una hermana suya.
10. Mirad, mis hijas, los juicios de Dios y la obligación
que tenemos de servirle las que nos ha dejado perseverar hasta hacer profesión
y quedar para siempre en la casa de Dios y por hijas de la Virgen, que se
aprovechó Su Majestad de la voluntad de esta doncella y de su hacienda para
hacer este monasterio, y al tiempo que había de gozar de lo que tanto había
deseado, faltóle la fortaleza y sujetóla el humor, a quien muchas veces, hijas,
echamos la culpa de nuestras imperfecciones y mudanzas.
11. Plega a Su Majestad que nos dé abundantemente su gracia,
que con esto no habrá cosa que nos ataje los pasos para ir siempre adelante en
su servicio, y que a todas nos ampare y favorezca para que no se pierda por
nuestra flaqueza un tan gran principio como ha sido servido que comience en
unas mujeres tan miserables como nosotras. En su nombre os pido, hermanas e
hijas mías, que siempre lo pidáis a nuestro Señor, y que cada una haga cuenta
de las que vinieren (14) que en ella torna a comenzar esta primera Regla de la
Orden de la Virgen nuestra Señora, y en ninguna manera se consienta en nada
relajación.
Mirad que de muy pocas cosas se abre puerta para muy grandes, y que
sin sentirlo se os irá entrando el mundo. Acordaos con la pobreza y trabajo que
se ha hecho lo que vosotras gozáis con descanso; y si bien lo advertís, veréis
que estas casas en parte no las han fundado hombres las más de ellas, sino la
mano poderosa de Dios, y que es muy amigo Su Majestad de llevar adelante las
obras que El hace, si no queda por nosotras. ¿De dónde pensáis que tuviera
poder una mujercilla como yo para tan grandes obras, sujeta, sin solo un
maravedí, ni quien con nada me favoreciese? Que este mi hermano, que ayudó en
la fundación de Sevilla (15), que tenía algo y ánimo y buen alma para ayudar
algo, estaba en las Indias.
12. Mirad, mirad, mis hijas, la mano de Dios. Pues no sería
por ser de sangre ilustre el hacerme honra. De todas cuantas maneras lo queráis
mirar, entenderéis ser obra suya. No es razón que nosotras la disminuyamos en
nada, aunque nos costase la vida y la honra y el descanso; cuánto más que todo
lo tenemos aquí junto. Porque vida es vivir de manera que no se tema la muerte
ni todos los sucesos de la vida, y estar con esta ordinaria alegría que ahora
todas traéis y esta prosperidad, que no puede ser mayor que no temer la
pobreza, antes desearla. ¿Pues a qué se puede comparar la paz interior y
exterior con que siempre andáis? En vuestra mano está vivir y morir con ella,
como veis que mueren las que hemos visto morir en estas casas.
Porque, si
siempre pedís a Dios lo lleve adelante y no fiáis nada de vosotras, no os
negará su misericordia; si tenéis confianza en El y ánimos animosos que es muy
amigo Su Majestad de esto, no hayáis miedo que os falte nada. Nunca dejéis de
recibir las que vinieren a querer ser monjas (como os contenten sus deseos y
talentos, y que no sea por sólo remediarse, sino por servir a Dios con más
perfección), porque no tenga bienes de fortuna, si los tiene de virtudes; que
por otra parte remediará Dios lo que por ésta os habíais de remediar, con el
doblo (16).
13. Gran experiencia tengo de ello. Bien sabe Su Majestad
que a cuanto me puedo acordar jamás he dejado de recibir ninguna por esta
falta, como me contentase lo demás. Testigos son las muchas que están recibidas
sólo por Dios, como vosotras sabéis. Y puédoos certificar que no me daba tan
gran contento cuando recibía la que traía mucho, como las que tomaba sólo por
Dios; antes las había miedo, y las pobres me dilataban el espíritu y daba un
gozo tan grande, que me hacía llorar de alegría. Esto es verdad.
14. Pues si cuando estaban las casas por comprar y por
hacer, nos ha ido tan bien con esto, después de tener adónde vivir ¿por qué no
se ha de hacer? Creedme, hijas, que por donde pensáis acrecentar, perderéis.
Cuando la que viene lo tuviere, no teniendo otras obligaciones, como lo ha de
dar a otros que no lo han por ventura menester, bien es os lo dé en limosna;
que yo confieso que me pareciera desamor, si esto no hicieran. Mas siempre
tened delante a que la que entrare haga de lo que tuviere conforme a lo que le
aconsejaren letrados, que es más servicio de Dios; porque harto mal sería que
pretendiésemos bien de ninguna que entra, sino yendo por este fin. Mucho más
ganamos en que ella haga lo que debe a Dios digo, con más perfección, que en
cuanto puede traer, pues no pretendemos todas otra cosa, ni Dios nos dé tal
lugar, sino que sea Su Majestad servido en todo y por todo.
15. Y aunque yo soy miserable y ruin, para honra y gloria
suya lo digo, y para que os holguéis de cómo se han fundado estas casas suyas.
Que nunca en negocio de ellas, ni en cosa que se me ofreciese para esto, si
pensara no salir con ninguna si no era torciendo en algo este intento, en
ninguna manera hiciera cosa, ni la he hecho digo en estas fundaciones que yo
entendiese torcía de la voluntad del Señor un punto, conforme a lo que me
aconsejaban mis confesores (que siempre han sido, después que ando en esto,
grandes letrados y siervos de Dios, como sabéis), ni que me acuerde- llegó
jamás a mi pensamiento otra cosa.
16. Quizá me engaño y habré hecho muchas que no entienda, e
imperfecciones serán sin cuento. Esto sabe nuestro Señor, que es verdadero juez
a cuanto yo he podido entender de mí, digo y también veo muy bien que no venía
esto de mí, sino de querer Dios se hiciese esta obra, y como cosa suya me
favorecía y hacía esta merced. Que para este propósito lo digo, hijas mías, de
que entendáis estar más obligadas y sepáis que no se han hecho con agraviar a
ninguno hasta ahora. Bendito sea el que todo lo ha hecho, y despertado la
caridad de las personas que nos han ayudado. Plega a Su Majestad que siempre
nos ampare y dé gracia, para que no seamos ingratas a tantas mercedes, amén.
17. Ya habéis visto, hijas, que se han pasado algunos
trabajos, aunque creo son los menos los que he escrito; porque si se hubieran
de decir por menudo, era gran cansancio, así de los caminos, con aguas y nieves
y con perderlos, y sobre todo muchas veces con tan poca salud, que alguna me
acaeció no sé si lo he dicho (17) que era en la primera jornada que salimos de
Malagón para Beas, que iba con calentura y tantos males juntos, que me acaeció,
mirando lo que tenía por andar y viéndome así, acordarme de nuestro Padre
Elías, cuando iba huyendo de Jezabel (18) y decir: "Señor, ¿cómo tengo yo
de poder sufrir esto? ¡Miradlo Vos!" Verdad es que, como Su Majestad me
vio tan flaca, repentinamente me quitó la calentura y el mal; tanto, que hasta
después que he caído en ello (19), pensé que era porque había entrado allí un
siervo de Dios, un clérigo, y quizá sería ello; al menos fue repentinamente
quitarme el mal exterior e interior. En teniendo salud, con alegría pasaba los
trabajos corporales.
18. Pues en llevar condiciones de muchas personas, que era
menester en cada pueblo, no se trabajaba poco. Y en dejar las hijas y hermanas
mías cuando me iba de una parte a otra, yo os digo que, como yo las amo tanto,
que no ha sido la más pequeña cruz, en especial cuando pensaba que no las había
de tornar a ver y veía su gran sentimiento y lágrimas. Que aunque están de otras
cosas desasidas, ésta no se lo ha dado Dios, por ventura para que me fuese a mí
más tormento, que tampoco lo estoy de ellas, aunque me esforzaba todo lo que
podía para no se lo mostrar, y las reñía; mas poco me aprovechaba, que es
grande el amor que me tienen y bien se ve en muchas cosas ser verdadero.
19. También habéis oído cómo era, no sólo con licencia de
nuestro Reverendísimo Padre General, sino dada debajo de precepto un
mandamiento después; (20) y no sólo esto, sino que cada casa que se fundaba me escribía
recibir grandísimo contento, habiendo fundado las dichas; que, cierto, el mayor
alivio que yo tenía en los trabajos era ver el contento que le daba por
parecerme que en dársele servía a nuestro Señor, por ser mi prelado, y, dejado
de eso, yo le amo mucho.
O es que Su Majestad fue servido de darme ya algún descanso,
o que al demonio le pesó porque se hacían tantas casas adonde se servía nuestro
Señor (bien se ha entendido no fue por voluntad de nuestro Padre General,
porque me había escrito suplicándole yo no me mandase ya fundar más casas que
no lo haría, porque deseaba fundase tantas como tengo cabellos en la cabeza, y
esto no había muchos años), antes que me viniese de Sevilla, de un Capítulo
General que se hizo, adonde parece se había de tener en servicio lo que se
había acrecentado la Orden, tráenme un mandamiento dado en Definitorio, no sólo
para que no fundase más, sino para que por ninguna vía saliese de la casa que
eligiese para estar, que es como manera de cárcel; (21) porque no hay monja que
para cosas necesarias al bien de la Orden no la pueda mandar ir el Provincial
de una parte a otra, digo de un monasterio a otro. Y lo peor era estar
disgustado conmigo nuestro Padre General, que era lo que a mí me daba pena,
harto sin causa, sino con informaciones de personas apasionadas. Con esto me
dijeron juntamente otras dos cosas de testimonios bien graves que me levantaban.
20. Yo os digo, hermanas, para que veáis la misericordia de
nuestro Señor y cómo no desampara Su Majestad a quien desea servirle, que no
sólo no me dio pena, sino un gozo tan accidental (22) que no cabía en mí, de
manera que no me espanto de lo que hacía el rey David cuando iba delante del
arca del Señor, porque no quisiera yo entonces hacer otra, según el gozo, que
no sabía cómo le encubrir. No sé la causa, porque en otras grandes
murmuraciones y contradicciones en que me he visto no me ha acaecido tal. Mas
al menos la una cosa de éstas que me dijeron, era gravísima. Que esto del no
fundar, si no era por el disgusto del Reverendísimo General era gran descanso
para mí, y cosa que yo deseaba muchas veces: acabar la vida en sosiego; aunque
no pensaban esto los que lo procuraban, sino que me hacían el mayor pesar del
mundo, y otros buenos intentos tendrían quizá.
21. También algunas veces me daban contento las grandes
contradicciones y dichos que en este andar a fundar ha habido, con buena
intención unos, otros por otros fines. Mas tan gran alegría como de esto sentí
no me acuerdo, por trabajo que me venga, haberla sentido. Que yo confieso que
en otro tiempo cualquiera cosa de las tres que me vinieron juntas, fuera harto
trabajo para mí. Creo fue mi gozo principal parecerme que, pues las criaturas
me pagaban así, que tenía contento al Criador. Porque tengo entendido que el
que le tomare por cosas de la tierra o dichos de alabanzas de los hombres, está
muy engañado; dejado de la poca ganancia que en esto hay, una cosa les parece
hoy, otra mañana; de lo que una vez dicen bien, presto tornan a decir mal.
Bendito seáis Vos, Dios y Señor mío, que sois inmutable por siempre jamás,
amén. Quien os sirviere hasta el fin, vivirá sin fin, en vuestra eternidad.
22. Comencé a escribir estas fundaciones por mandato del
padre maestro Ripalda, de la Compañía de Jesús como dije al principio- (23),
que era entonces rector del Colegio de Salamanca, con quien yo entonces me
confesaba. Estando en el monasterio del glorioso San José, que está allí, año
de 1573, escribí algunas de ellas, y con las muchas ocupaciones habíalas
dejado, y no quería pasar adelante, por no me confesar ya con el dicho a causa
de estar en diferentes partes, y también por el gran trabajo y trabajos que me
cuesta lo que he escrito, aunque, como ha siempre sido mandado por obediencia,
yo los doy por bien empleados.
Estando muy determinada a esto (24), me mandó el
padre Comisario Apostólico (que es ahora el maestro fray Jerónimo Gracián de la
Madre de Dios) que las acabase. Diciéndole yo el poco lugar que tenía y otras
cosas que se me ofrecieron que como ruin obediente le dije, porque también se
me hacía gran cansancio, sobre otros que tenía, con todo, me mandó, poco a poco
o como pudiese las acabase.
23. Así lo he hecho, sujetándome en todo a que quiten los
que entienden lo que es mal dicho: que lo quiten, que por ventura lo que a mí
me parece mejor, irá mal.
Hase acabado hoy, víspera de San Eugenio, a catorce días del
mes de noviembre, año de 1576 en el Monasterio de San José de Toledo, adonde
ahora estoy por mandato del padre Comisario Apostólico, el maestro fray
Jerónimo Gracián de la Madre de Dios, a quien ahora tenemos por Prelado
Descalzos y Descalzas de la primitiva Regla, siendo también Visitador de los de
la Mitigada de la Andalucía, a gloria y honra de nuestro Señor Jesucristo, que
reina y reinará para siempre. Amén.
24. Por amor de nuestro Señor pido a las hermanas y hermanos
que esto leyeren me encomienden a nuestro Señor para que haya misericordia de
mí y me libre de las penas del purgatorio y me deje gozar de sí, si hubiere
merecido estar en él. Pues mientras fuere viva no lo habéis de ver, séame
alguna ganancia para después de muerta lo que me he cansado en escribir esto y
el gran deseo con que lo he escrito de acertar a decir algo que os dé consuelo,
si tuvieren por bien que lo leáis.
NOTAS CAPÍTULO 27
1 Esta vez erró la Santa al numerar el capítulo; había escrito 21,
enmendando luego correctamente. - La vocación, equivale, -como ya hemos
observado- al titular o advocación (cf. pról. n. 6 y c. 24, n. 12).
2 Mensajero propio: era el correo privado que se despachaba para urgir
mensajes o despachos de importancia. - Una señora de allí: de Caravaca. -
Después de Catalina, dejó en el autógrafo un espacio vacío para escribir el
apellido Otálora, que de momento no recordaba. - El jesuita al que alude en
seguida es el P. Leiva. - Las tres doncellas fueron Francisca de Saojosa,
Francisca de Cuéllar y Francisca de Yauste, la primera de las cuales se retiró
del grupo poco antes de la fundación, en la que ingresó más tarde (1578); había
formado parte del grupo una cuarta que lo abandonó en seguida (cf. JULIAN DE
AVILA, Vida de Santa Teresa, P. 2, c. 8, pp. 279-280).
3 Rodrigo de Moya, padre de Francisca de Cuéllar. Entre todas tenían
bien: tenían suficientemente, o lo bastante para...
4 Para comprender más fácilmente este pasaje teresiano téngase presente:
1º, que al venir la Santa a la fundación de Beas, trajo consigo doble número de
monjas, las suficientes para dos fundaciones (cf. c. 24, n. 4); 2º, que
perteneciendo Caravaca a la encomienda de la Orden de Santiago, el conceder el
Consejo de Ordenes la licencia para la fundación, puso por condición que se
sometiese a la Obediencia de dicho Consejo, cosa inadmisible para la
Reformadora (cf. c. 23, n. 1; y c. 24, n. 3); 3º, que por éste y otros motivos,
las monjitas destinadas a Caravaca fueron llevadas a la fundación de Sevilla
(cf. cc. 22-26).
5 Las firmaron a 10 de marzo de 1575.
6 Ellos: Julián de Avila y A. Gaitán.
7 Dile: lectura dudosa: más bien parece que escribió la Santa: pedile.
Que pusiese... redes, es decir, "rejas" como en los monasterios de
clausura.
8 En el n. 1.
9 Que en esta y la de Beas no hubiera remedio: como ambas poblaciones
pertenecían a la Encomienda de Santiago, si el Consejo de Ordenes no hubiera
accedido a las condiciones puestas por la M. Teresa, "no hubiera
remedio", es decir, no se hubiera fundado. - La carta de la Santa a Felipe
II se ha perdido; se conserva, en cambio, el despacho regio (cf. B.M.C., t. 6,
p. 257-262) fechado el 9 de junio de 1575. Conservamos asimismo la respuesta
agradecida de la Santa al Rey (19/7/1575).
10 En el c. 14, n. 4. - Día de año nuevo adelante: 1 de enero del
"siguiente" año (1576). Cuando enviaron a Avila, no fue en febrero,
sino probablemente en enero de 1575: llevaban, aproximadamente, un año de
retiro y espera. - La licencia... se trajo con fecha 9 de junio de 1575, cuando
la Santa estaba lejos, en Sevilla.
11 Aquella fundación, la de Sevilla. - Del Visitador habló en el c. 23,
n. 13.
12 Envió de Priora a Ana de San Alaberto, que llegó a ser discípula
aventajada de San Juan de la Cruz (cf. Epistolario del Santo). - Llevando todo
recaudo: todo el ajuar necesario. Los dos Padres Descalzos fueron Ambrosio de
San Pedro y Miguel de la Columna, lego tristemente famoso el segundo.
13 Llegaron el 18/12/1575. Pusieron el Santísimo el 1/1/1576 (cf. n. 1).
14 Puesto en orden: que cada una de las que vinieren haga cuenta...
15 Lorenzo de Cepeda (cf. c. 25, n. 3).
16 El doblo: doble o duplo.
17 Lo omitió al relatar la fundación (cf. c. 22).
18 3 Reg. 19, 3.
19 Que ha caído en cuenta de ello. - El clérigo era Gregorio Martínez,
llemado en la Reforma Greg. Nacianceno.
20 Cf. c. 21, n. 2. Alude probablemente a la patente del 6 de abril de
1571. Cf. además c. 22, n. 2 y c. 24, n. 20 nota 22.
21 Se refiere al Capítulo General de Plasencia, celebrado bajo la
presidencia del P. Rubeo en mayo-junio de 1575. El Definitorio del Capítulo
impuso a la Santa el "mandamiento" de recluirse definitivamente en un
concento de Castilla, sin salir a hacer nuvas fundaciones. La Madre quiso
ejecutar inmediatamente esta orden, pero lo impidió el P. Gracián, que en
calidad de Visitador Apostólico tenía autoridad independiente de la del
Superior General (cf. c. 25, n. 2). En las Actas del Capítulo no queda
constancia de este "mandamiento" intimado a la Santa. - El sentido de
este largo párrafo pende de la disyuntiva inicial: "O es que Dios dispuso
que yo descansase, o al diablo le pesó que hiciese tantas fundaciones: el caso
es que el Difinitorio dio orden de que no fundase más"...
22 Un gozo tan accidental: usa la Santa este último término en su
acepción teológica (el goce accidental de los bienaventurados es el que no
proviene directamente de la visión facial), pero con una aplicación muy
original: ella poseía, efectivamente, mucho más profundo del que disfrutaba
permanentemente. - Alude en seguida al episodio de David referido en Vida, 16,
3. - De esta singular alegría teresiana poseemos testimonios interesantísimos;
he aquí el del P. Gracián: "Pues un solo consuelo que me quedaba, que era
acudir a la misma Madre a consolarme con ella, era para mí mayor tormento;
porque cuando le decía los males que de ella se decían era tan grande su
contento y fregaba una palma con otra en señal de alegría, como a quien le ha
acontecido un sabroso suceso, que a mí me era increíble pesar".
23 En el Prólogo, n. 2.
24 Determinada a esto, es decir, a "no pasar adelante" en la composición del libro.
Fuente: Mercaba